– conviene que sea así. es difícil apoyarse en la virtud de la docilidad cuando desde niño le inculcaron a uno la de la rebeldía.
en todo caso, la trama en que me he visto envuelto es tan espesa que ni yo mismo soy capaz de decir dónde comienza la culpa y de quién es.
todo se me ha ido acumulando encima de un modo indescifrable.
acaso la vida me dé tiempo para desembrollar esta madeja; pero ahora no lo tengo: puede que sea mejor… ahora necesito dejar de lamentarme, y suplicaros unas cuantas cosas.
– contad conmigo.
– oídme. cuando granada sea de vuestros reyes, no quedará esperanza para ningún cautivo musulmán, esté donde esté. los alcaides y los muftíes y los sabios de esta ciudad opinan, como yo, que dios no nos perdonaría el pecado de no liberarlos antes.
– eso lo opináis vos, señor, no los muftíes.
– y dios también lo opina.
por eso yo pido a sus altezas la libertad de todos, sean de granada o del albayzín, o de sus arrabales y de sus alquerías. que no pierdan más ellos de lo que todos pierden.
yque sean sus altezas los que paguen a los dueños que los tengan, porque mis granadinos no entran en otra cuenta que en recibirlos libres.
– ¿ no veis, señor? lo que os decía.
– yos pido asimismo, don gonzalo, que sea vuestra palabra la que avale que nada le ocurrirá a los quinientos rehenes, hijos y hermanos de los principales, que se me piden por diez días para garantizar la posesión pacífica de la ciudad. la palabra del rey, tan incumplida con los mudéjares, no será para mi pueblo garantía bastante, y se provocarían insurrecciones y motines que yo sería el primero en comprender.
– por vos me comprometo. ¿ alguna cosa más?
– que los judíos gocen de los beneficios de esta capitulación en el mismo grado que los musulmanes.
juntos hemos vivido la historia de este reino, y no es cabal que, aunque entre los cristianos muchos los aborrecen, les demos nosotros de lado en esta hora. en un naufragio, todos los que van en la nave son iguales. - hice una pausa-. yescuchadme: cuando se acerque vuestro ejército… - me temblaron los labios. don gonzalo, por delicadeza, apartó los ojos-. no será menester que vuestro ejército entre en la alhambra sino por fuera y poco a poco, por el amor de dios. puede entrar por la puerta del refugio, que tenéis tan a mano, o la de la loma, ya sabéis, entre la acequia grande y la acequia del cadí, si es que os viene mejor. yme atrevería a pedir que se encargaran de ocupar los palacios aquellos capitanes vuestros que les dan mejor trato a los mudéjares: don rodrigo de ulloa, que tiene ricote, o portocarrero, que tiene la palma, o vos, señor, que tenéis illora y me tenéis a mí. - una lágrima rebelde me mojaba los párpados; pasé la mano, rápida, por ellos-. yque se miren bien las cláusulas todas de las capitulaciones: las del común de la ciudad, sobre todo, y las de la sultana madre; que ningún ulema ni ningún alfaquí hallen nada que oponer, ni se deshagan unos puntos con otros, ni se contradigan, porque será escarbar con el cuchillo en las heridas. yos encarezco que lo testifiquen de veras, con responsabilidad plena, vuestro príncipe heredero y vuestros grandes, además de los reyes, y vuestros obispos y vuestro padre de roma.
porque todas las precauciones son pocas cuando se entrega un reino y se confía a los súbditos en manos forasteras.
se me quebró la voz. don gonzalo, al notarlo, dio un quiebro a la conversación.
– para vos, sobre lo estipulado, ¿nada pedís?
– como hasta mis monturas estarán contadas -le sonreí-, me atrevería a pedir cuatro acémilas buenas y dos mulas, que sea la una de ellas alta y ancha, para que pueda sufrir a el maleh, que es también alto y ancho.
rió don gonzalo y dijo:
– ya el maleh tendrá mulas que lo lleven, según lo que ha sacado de los reyes; pero se hará como decís, aunque tenga yo que pagar esa mula que cargue con el peso del más grande traidor.
– unos con otros, allá se van todos. y, por fin, don gonzalo, hablad con vuestra reina, a la que tanta afición tenéis como ella os tiene a vos. todo lo pactado se escribió para ser cumplido en el plazo que se concierte; pero ¿y si no se llega a un concierto en el plazo? ¿ se deshará lo que con tanto esfuerzo hemos conseguido? ¿ no tendremos siquiera sesenta días para ordenarlo todo desde aquel en que se firmen las capitulaciones?
– yo, que vine a veros en mi nombre, no en el nombre de nadie, me vuelvo al campamento lleno de recados que dar en nombre vuestro.
me miraba y se sonreía. yo le repuse:
– alos hombres y a los reyes se les mide en la derrota, dijisteis antes; pero se les mide también en la manera de saber ganar.
yo era un adolescente cuando os vi por vez primera. mi padre os recibía con otros caballeros. los temas fueron entonces muy distintos; pero algo dentro de mí me dijo que vos erais también distinto de los otros. aquella primera vez no me engañé… hoy es la última que nos vemos a solas.
– ¿ quién puede asegurarlo? -me interrumpió.
– cualquiera, don gonzalo.
habría deseado que a esta conversación asistieran, detrás de esos tapices, los míos y los vuestros.
la verdadera historia de esta península que es una piel de toro va a terminarse ahora; sé que no estáis de acuerdo, pero así es.
ahora vendrán capítulos dorados en que nosotros no estaremos. digo nosotros, y me refiero a los musulmanes; vos sí estaréis como protagonista.
– ¿ cómo no vais a estar? se os respetan todas vuestras diferencias de una en una: lo habéis firmado vos.
– no estaremos. vuestros reyes se encuentran demasiado seguros de sí y de lo que quieren; los criados nunca marcan la conducta de la casa. y, sin nosotros, la historia de españa será otra. cristianos y musulmanes, durante ocho siglos, hemos vivido y muerto los unos por los otros; nos hemos observado, odiado, perseguido, imitado; hemos convivido. ¿ cómo viviréis ahora sin el otro, en qué espejo miraros, qué granada añorar, qué paraíso perdido para reconquistar, qué quiméricos jardines echar de menos en medio del invierno? tendréis nostalgia de nosotros, porque no sabréis qué hacer con granada…
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