fernando fingió que la ventaja en las condiciones de la capitulación sólo rezaba con los habitantes de baza, y no con quienes habían acudido en su auxilio desde guadix, almería, almuñécar y las alpujarras; éstos deberían de ser echados de la ciudad antes de firmar los contratos. tal propuesta fue rechazada y se suspendieron las visitas unos días. al cabo, accedió el rey cristiano, puesto que tal actitud era sólo una maniobra de regateo para satisfacer en algo a los sitiados. de las mutuas estipulaciones acordadas, unas se hicieron públicas y otras se mantuvieron secretas. yo he conocido las segundas porque el aragonés me envió copia fidedigna de ellas para mi ilustración y como sugerencia.
los cristianos dejaron ir a guadix, con sus caballos y equipos, a los caballeros y peones que componían la guarnición. el 3 de diciembre los alcaides de la ciudad pusieron al rey en posesión de la alcazaba, sin que lo percibiera el pueblo. aéste se le dijo que todo aquel que quisiera continuar en la plaza gozaría, por el convenio, de paz y seguridad, y que quien deseara trasladarse a otro sitio podría hacerlo con sus armas y haberes. muchos partieron para granada; en cuanto a los que se quedaron, por temor a su alzamiento, fueron arrojados poco después de la ciudad y obligados a vivir en sus afueras.
se acordó que “el zagal” entregaría, en un plazo no mayor de dos meses, todas las ciudades, villas, lugares, alquerías, castillos y fortalezas de su jurisdicción.
eso -salvo el recinto de granada, donde yo ejercía una sombra de autoridad bajo el vasallaje de castilla- era cuanto quedaba del islam andaluz.
acambio, “el zagal” recibía los distritos de lecrín, andarax y lanjarón, con sus lugares y sus rentas y los vasallos que los habitaban; la mitad de las salinas de la malahá, y una cantidad equivalente al importe de la otra mitad: veinte mil doblas castellanas.
otras cláusulas eran: que el emir, que había dejado de serlo, podía instalarse con sus familiares en cualquier punto del territorio cristiano; que en sus términos no se permitiría entrar a ningún infiel sin su permiso; que si deseaba vender sus propiedades, los reyes se las comprarían en treinta mil doblas; que si quería marchar a áfrica, se le concedería pasaje gratis a él y a los suyos, con sus riquezas y sus armas, salvo bocas de fuego; y que, en cuanto los reyes cristianos entrasen en granada, le devolverían a él y a sus parientes y criados, y a los jefes de su parcialidad, y a soraya y a sus hijos cad y nazar, los bienes que yo les había confiscado. en un codicilo adicional se comprometían los reyes a que tales mercedes no fuesen contrariadas ‘por nuestro muy respetado en cristo santo padre, ni por los prelados y caballeros, ni por otras personas de cualquier clase y condición que sean’. [ en lograr ese codicilo tuvo mi tío más suerte que yo, aunque tampoco le sirvió de nada.] a abul kasim benegas, a los alcaides de las ciudades reunidas, a los jeques, a los cadíes, a los ministros y a los dignatarios se les adjudicaron, según su importancia, propiedades, dinero y alhajas.
el príncipe yaya cambió de religión poco después. su nuevo nombre es don pedro de granada venegas; lo hicieron caballero del hábito de santiago y señor de marchena de almería; le asignaron más de sesenta mil doblas en oro castellano, honores que lo acercaban a los grandes de españa, incalculables privilegios y derecho a mandar ciento cuarenta lanzas pagadas por castilla. en su escudo grabó un mote: ‘“ servire deo reinare est”’, alusivo a sus aspiraciones al trono nazarí. ypara congraciarse con los reyes cristianos, que le miraban con la reserva que se merecen los felones, se dispuso a ayudarles a que lo conquistaran.
el rey fernando se dirigió a almería. en el trayecto no encontró castillo ni aldea que no se le sometiera. las guarniciones castellanas ocupaban las plazas a medida que sus alcaides las abandonaban después del pago convenido.
sólo uno se negó.
– yo, señores -dijo a los reyes-, soy andaluz, de linaje de andaluces y alcaide de purchena. en ella me pusieron para que la guardara. vengo aquí ante vosotros no a vender lo que no es mío, sino a entregaros lo que hizo vuestro la fortuna. ycreed que, si no me enflaqueciese la flaqueza que encuentro en los que me debían esforzar, la muerte sería el único precio que admitiese por defender purchena, y no el oro que me ofrecéis por venderla. recibid esta villa que la suerte hizo vuestra. sólo os suplico que respetéis a los andaluces de la ciudad y a los moradores de su valle, y que mandéis que sean conservados en su ley y en lo suyo, en su religión y en sus costumbres. yque a mí me deis un seguro para que, con mis caballeros y mi familia, pueda pasar, vuelta la cara, a áfrica.
no todos los andaluces se portarían como él.
días antes había partido “el zagal” a fin de recibir al aragonés, prestarle vasallaje y ponerle en posesión de cuanto estaba bajo su obediencia. cumplido el trámite, viajaron ambos juntos a guadix, y “el zagal” entregó la ciudadela en la que se me proclamó por primera vez sultán y en la que él resolvió dejar de serlo. en un abrir y cerrar de ojos, todo mudó; ya yo no era el traidor.
en las alcazabas dejó el rey un alcalde cristiano que regiría los pueblos enajenados, mudéjares ya por obra y gracia de las firmas; a partir de entonces serían, como mucho, tolerados en su propia tierra. y, con ánimo de granjearse la voluntad de los arráeces y de los adalides, encargó a su gente que les guardasen toda clase de atenciones y fuesen con ellos generosos. para corresponder, “el zagal” y los suyos se brindaron a apoyarle en la empresa más ardientemente deseada por su corazón: la de entrar en granada. con razón -ahora puedo escribirlo sin que se me desgarre el alma- pensaba mi gente, aunque por vergüenza no me lo dijera, que “el zagal” había vendido sus dominios por vengarse de mí, y que yo tampoco tardaría en caer en manos enemigas, a pesar de hallarme en paz con ellas y durante una tregua confirmada.
los granos de la granada habían sido, uno a uno, arrancados. con cuánta melancolía recordaba los versos que dediqué al “ zagal” durante mi cautiverio:
“ apresúrate, no te detengas, indómito.
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