da las vueltas rituales alrededor del pupitre, para besar la piedra negra, y vuelve a ella para despedirte de las cátedras.
marcha contra las huestes de los conocimientos para someter al sabio que combatirá contigo.
golpea, como si fueran lanzas, con los cálamos: conseguirás una gran victoria sobre los tinteros de las escribanías.
maltrata con el cortaplumas del escritorio, en vez de con la tajante espada corta.
si se habla de los más grandes filósofos, ¿no eres tú aristóteles?; si se habla de al jalil, ¿no eres tú gramático y poeta?; por lo que respecta a abu hanifa, no es su opinión la que se adopta estando tú presente.
¿ qué importan hermes, sibaway, ni ibn fawrak cuando inicias tú una polémica?
todas esas nobles cualidades tú las reúnes, ¿no es cierto? pues sé entonces agradecido a quien te cuidó; permanece en tu asiento, ya que estás bien alimentado y bien vestido.
pero pregúntate, por lo menos, si es que no hay otros títulos de gloria.”
yleí después la respuesta que al radi, conmovido por el tono festivo pero amargo del poema, le dio a su padre el rey:
“ aquí me tienes, señor. he renegado de cuanto contienen los gruesos libros.
he mellado el cortaplumas del escritorio, y he roto los cálamos.
ahora sé que el título de rey se adquiere entre los hierros de las lanzas y entre las anchas hojas de los sables.
la gloria y la grandeza no se alcanzan sino en el encontronazo de un ejército y otro, no en el encontronazo de una opinión con su contraria, cuyos vestigios son perecederos.
creí, por torpeza, que ellas eran la principal peana del esplendor, pero no son más que sus ramas secundarias: la ignorancia es una excusa para el hombre.
porque el joven no adquiere la nobleza más que con una cimbreante lanza y un sable de hoja corta.
he huído, señor, de aquellos que nombraste, y niego ya que fuesen grandes hombres.”
repetí, muy despacio, el penúltimo verso:
“… el joven no adquiere la nobleza más que con una cimbreante lanza y un sable de hoja corta…”
las palabras quedaron un instante, temblorosas, en el aire.
moraima levantó la cabeza. ya no lloraba. me miró frente a frente, adivinando la magnitud de mi recado. yo bajé los ojos con desaliento. ella hundió -lloraba de nuevo- su cabeza en mi pecho. ymurmuró:
– que sea lo que dios quiera, boabdil; pero que dios quiera para los dos lo mismo.
hay varios vélez: para mí sólo hay uno que será inolvidable: aquél en que, frente al mar, en la más absoluta soledad interior, una noche de la luna creciente de octubre, he tomado la decisión más grave de mi vida.
hoy he recibido la noticia de que mi padre ha muerto. las semanas que precedieron a su muerte sufrió las alucinaciones más terroríficas y las más espeluznantes pesadillas: perdió la razón antes que el ser. ya estamos cara a cara “el zagal”, el hombre que más amo y más respeto en este mundo, y yo, “el zogoibi”. “ el zagal” es incapaz de pactar con los reyes cristianos: empujará a nuestro pueblo hacia la muerte con los ojos abiertos, hasta el último hombre y el último dinar. yyo he llegado ya a la conclusión de que nadie puede cerrar los ojos; de que nadie puede decir ‘yo soy independiente o soy distinto’, sino que en toda vida hay un momento en el que tiene que tomarse partido por una causa u otra. es el duro momento de elegir. [ fue la vida la que eligió: muy pronto, y exactamente lo contrario de lo que yo escribí.] amo y deseo la paz por encima de todo. la paz es la tierra en la que crecen nuestros hijos, y en la que nosotros somos de verdad nosotros mismos; es la rosa en la que caben todas las primaveras, y la auténtica benignidad de dios; la huerta que trabajamos con sudor y cultivamos, y en la que hemos sembrado la esperanza. ¿ por qué entonces las guerras? ahí están siempre, grandes o pequeñas, si es que las hay pequeñas, porque para cada cual la más grande es la que lo destruye. donde pongo los ojos, allí están: mirando con sus cuencas vacías, teniendo sus muñones, con las piernas cortadas, espantosas e inmóviles. la guerra es más horrible que la muerte; porque la muerte es natural, pero la guerra no, a pesar de que al hombre, por habitual, se lo parezca. ‘ si quieres la paz, haz la guerra’, se dice, y es mentira. tal fue la burda historia de todos los imperios de este mundo: guerrear con la excusa de la paz; transformar la tierra en un cementerio, y titularlo paz. con esa falacia se nos llena la boca. cada tregua aquí es un descanso para que los contendientes se laman las heridas y se preparen para ataques más fieros.
igual que tiembla esta noche el espacio salpicado de estrellas, tiembla la tierra salpicada de guerras y catástrofes. sin cesar, sin cesar… ¿ yquién las quiere?
¿ acaso los hombres, que abandonan su casa y su familia, con el corazón volcado a aquello que abandonan? ¿ acaso los hombres enardecidos por las promesas de un paraíso eterno, que borra a su alrededor este modesto y breve paraíso del mundo? ¿ acaso los hombres a los que se convence de que dios les exige matar a semejantes suyos en su nombre? ¿ olas mujeres, enlutadas y viudas, que pierden en la guerra la mitad de su vida, sin la que nunca ya estarán completas? ¿ olos niños, único e irrepetible cada uno, truncados por las guerras, como una lombriz a la que alguien parte en dos, en cinco, en siete trozos antes de proseguir indiferente? no, no, no. quienes quieran las guerras son los mismos que tendrían que extirparlas y levantar la vida de sus pueblos, y mejorarlos y colmarlos de alegría y de luz y de prosperidad… pero el pan que les dan les sabe a sangre; el bienestar escaso que les dan lo construyen sobre los huesos de otros hombres. antropófagos somos, como aquellos de que muley me hablaba, devoradores los unos de los otros. la victoria siempre consiste en aniquilación: vencer es destruir. ¿ quién habla aquí de paz?
¿ por qué no puede conseguirse la paz sino con las armas? ¿ por qué las causas más hermosas son las que no pueden defenderse por sí mismas?
son los pacíficos quienes tienen que defender la paz, pero ¿quiénes son los pacíficos?: los humildes, los desarmados, los perseguidos, los compasivos, los sinceros, los pequeños, es decir, los inútiles.
los inútiles como yo, que se dejan embaucar a sabiendas, soñando con la paz en sus noches entrecortadas.
Читать дальше