Gioconda Belli - La Mujer Habitada

Здесь есть возможность читать онлайн «Gioconda Belli - La Mujer Habitada» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La Mujer Habitada: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La Mujer Habitada»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La mujer habitada sumerge al lector en un mundo mágico y ferozmente vital, en el que la mujer, víctima tradicional de la dominación masculina, se rebela contra la secular inercia y participa de forma activa en acontecimentos que transforman la realidad. Partiendo de la dramática historia de Itzá, que por amor a Yarince muere luchado contra los invasores españoles, el relato nos conduce hasta Lavinia, joven arquitecta, moderna e independiente, que al terminar sus estudios en Europa ve su país con ojos diferentes. Mientras trabaja en un estudio de arquitectos, Lavinia conoce a Felipe, y la intensa pasión que surge entre ambos es el estímulo que la lleva a comprometerse en la lucha de liberación contra la dictadura de Somoza. Rebosante de un fuerte lirismo, La mujer habitada mantiene en vilo al lector hasta el desenlace final.

La Mujer Habitada — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La Mujer Habitada», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Ella hablaba suavemente. Se veía cansada, con ojeras profundas. El trabajo en el hospital era agotador, decía. Eran muchas las personas demandando atención y el personal tan limitado.

Flor le inspiraba respeto. Felipe la consideraba "dura". Decía que Sebastián relataba su experiencia con ella comparándose con un pescador hundiendo el cuchillo en el interior de la ostra para sacar la perla guardada en el centro. Lavinia imaginaba, mirándola, el interior de concha nácar. No debió ser fácil para ella, pensaba, aquel tío amándola con una pasión tipo Lewis Carroll por Alicia. Le dejó cicatrices. Recelos. A ella no le parecía que Flor fuera "dura". Si bien la rodeaba el aire encerrado de fortaleza, propio de las personas sufridas que se saben vulnerables. Pero Lavinia podía sentir su ternura en la forma en que le hablaba procurando no asustarla, diciéndole que irían poco a poco. Primero, Lavinia debía leer más. Las convicciones no podían ser ciegas; ni débiles, le dijo. Quería que ella comprendiera, estuviera consciente del porqué de las posibilidades -esas que Lavinia llamaba "sueños" del programa-. Era preciso que pudiera manejar los instrumentos, decía Flor, para aprehender el mundo de otra forma, desentrañar las certezas que desde siempre la habían rodeado, comprender los engaños de ciertas "verdades" universales; poder entender el negativo y el positivo de la realidad y cómo se intercambiaban según distintos intereses.

Después pasaron a los detalles prácticos. Flor le indicó que conservara el folleto de las "medidas de seguridad".

– Ahora las tendrás que aprender de memoria -añadió- como lección de escuela. Al principio te sonarán exageradas, precauciones extremas y extrañas: pero son esenciales, no sólo para tu propia seguridad, sino para la de todos. Hoy empieza tu tiempo de sustituir, el "yo", por el "nosotros". Debes de cuidar, sobre todo, la seguridad de los compañeros "clandestinos", como Sebastián, por ejemplo. Y no hablar con nadie, sobre tus actividades. Absolutamente con nadie que no esté vinculado a vos por trabajo de la "organización”.

– ¿Y con Felipe? -preguntó Lavinia.

– Con Felipe tampoco -dijo Flor.

– Mejor -dijo Lavinia- yo no quería que él se enterara de mi decisión.

– Enterarlo de tu vinculación o no, es asunto tuyo -dijo Flor-. Pero es todo lo que debe conocer. Si querés, podes decírselo.

– No quiero -dijo Lavinia. Flor sonrió.

– Y ahora debemos ponerte un seudónimo. ¿Cómo te quisieras llamar?

– Inés -dijo Lavinia, sin pensarlo dos veces.

– A veces, para trabajos específicos, nos ponemos otros seudónimos -dijo Flor-. Y ya sabes que es sólo entre nosotros, o para lo que se te indique.

"Nunca lo mencionas en público”.

Lavinia le contó a Flor la anécdota de llamar a Sebastián, en voz alta, en la calle.

– Me sentí tan imbécil -dijo.

– Ya te acostumbrarás -dijo Flor-. Es un proceso de aprendizaje. A medida que pasa el tiempo, los sentidos se alertan. La adrenalina nos funciona mejor que muchas hormonas. Y ya ves, a pesar de todo, a veces se cometen fallas como la del sábado con Sebastián y Felipe. Y eso que los dos tienen experiencia.

Flor continuaba hablando. Explicando. El viento soplaba la enredadera de huele noche visible desde la ventana de la sala. Bob Dylan las observaba, pensativo. Corría un aire de lluvia. El cielo se encendía en relámpagos lejanos. Lavinia percibió el cansancio de Flor, que se había quedado en silencio.

– Estás cansada -dijo Lavinia.

– Sí -dijo Flor, apartándose el pelo de los lados de la cara. Antes de despedirla en la puerta, Flor se volvió y le dio un abrazo.

– Bienvenida al club, "Inés" -le dijo, sonriendo, iluminada por la clara luz lejana de un relámpago.

Siento la sangre de Lavinia y me invade una plenitud de savia invernal, de lluvia reciente. De extraña manera, es mi creación. No soy yo. Ella no soy yo vuelta a la vida. No me he posesionado de ella como los espíritus que asustaban a mis antepasados. No. Pero hemos convivido en la sangre y el lenguaje de mi historia, que es también suya, ha empezado a cantar en sus venas.

Aún tiene miedo. Aún escucho en la noche los colores vividos de su temor. Imágenes de muerte la acechan; pero también ahora pertenece, se afianza en terreno sólido, va creciendo raíces propias ya no se bambolea como la llama en el aceite.

Difícil trascender las cenizas del fogón, las manos cuidando el fuego, la molienda del maíz, el petate de los guerreros.

Al principio, Yarince quería que me quedara en el campamento esperándolos. Pude evitarlo usando la estratagema de mi propia debilidad: ¿Y si venían los españoles?, dije. ¿Qué sería de mí? ¿Qué no podría sucederme, sola, en las largas esperas?

Prefería morir en el combate a ser violada por los hombres de hierro o morir despedazada por los jaguares.

Los convencí. Logré que me asignaran en la formación, un lugar protegido desde donde disparaba flechas envenenadas.

Fui certera en la puntería. Así fue que, al cabo, me asignaron oficio en las batallas, aunque después también debía cocinar y curar a los heridos. Luego, cuando nos retiramos a las cuevas del norte para recuperar fuerzas y continuar el combate -varios caciques se plegaban ya al lado de los invasores, doblegados como juncos de río en la correntada-, Yarince me envió a las comarcas a entrar en los hogares y hablar con los hombres, clamar porque se incorporaran a la lucha. "No traigas mujeres", me dijo. Me lo ordenó a pesar de que me enfurecí. Él decía que era difícil para los hombres combatir pensando en la mujer con el pecho expuesto a los bastones de fuego. Yo no había meditado sobre esto. Él nunca me dijo que temiera por mí en la batalla. Me enterneció conocer su preocupación. No insistí más.

Enviarme, sin embargo, fue un fracaso. Los hombres no confiaban en mí. Apenas si logré conseguir maíz para comer alguna vez tortillas.

La mujeres se reunían a mi alrededor. Escuchaban mis historias. Querían saber sobre la guerra con los españoles. Ninguna hubo, empero, que preguntara si podía unirse a nosotros. Creo que no se les ocurría que pudiese ser posible. Para ellas, yo era una "texoxe", bruja.

Les hablé de la decisión de las mujeres de muchas tribus de no parir hijos para no dar esclavos a los españoles. Sus ojos se fijaban en el suelo. Las más jóvenes reían pensando que desvariaba.

Fueron difíciles esos tiempos. Yo volvía a las cuevas triste. Hasta llegué a pensar que estaba hecha de una sustancia extraña; que no provenía del maíz. O quizás, me decía, mi madre sufriría un hechizo cuando me llevaba en su vientre. Quizás yo era un hombre con cuerpo de mujer. Quizás era mitad hombre, mitad mujer.

Yarince reía escuchándome. Tomaba mis pechos, husmeaba mi sexo y decía "sos mujer, sos mujer, sos una mujer valiente".

La tormenta se desató mientras Lavinia conducía de vuelta a su casa. Una tormenta eléctrica de latigazos blancos y el sonido del cielo agrietándose, expandiéndose; el viento agitando los árboles y la polvareda condensando la noche. Vio algunas personas corriendo, buscando refugio de la lluvia inminente. En contraste ella, en quien debía haberse desatado una tormenta después de culminar la decisión, hablando con Flor, conducía extrañamente tranquila, ajena a los fenómenos eléctricos. La lluvia empezaba a caer sobre el vidrio delantero del automóvil: gotas aisladas, gruesas primero, tímidas al principio y súbitamente desatadas a toda presión, produciendo sonido de piedras sobre el techo de hojalata.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La Mujer Habitada»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La Mujer Habitada» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La Mujer Habitada»

Обсуждение, отзывы о книге «La Mujer Habitada» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.