clint: ¿como stas, kerido? creí notar 1a nota de mlancolía en tu último e-mail, asi ke pnse ke tal vez podria animart con alg1a pequeña estimulación verbal. me has prguntado mi opinión sobre el sxo an@l y otrs qestions x el estilo. bueno…, pues stoy totalmnt a favor si eso sirv para ke el trbjo se haga con › rapidz. dije ants ke los mjors pitos son los pkeños y blan2, y soy consciente de ke el sxo anal exige + tensión, ¡así ke cada polvo anal vale como una docen y 1/2 de los otros! soy fliz de practicar el sxo oral en todo mmnto. ¿ke si es mi stil? ya sé ke alg1as chicas son meramnt aficionad@s a la herramienta del hombre, y considero ke eso es un «pollicidio». hay ke ir hasta el final. regla: no beses a un hombre después de mamársela; es como llamrlo maricón, y respecto al cunnilingus, tmbién stá verboten.
¡Caray!: ¡es la mujer ideal! Hay que reducir la presión. Con esta chica, las expectativas se reducen a cero… Pero la cosa está la mar de bien así…, así es como es. Todo muy estupendo y grande. Porque el problema está en ti, muchacho. No hay nadie más que lo pueda remediar. Es cosa tuya, compañero. Sólo tuya.
Antes de encaminarse a su adosada de Foulness, Clint llenó el depósito del Avenger en los surtidores. Hablaban a voz en grito a propósito de sexo y de coches; pero fíjense en esto: fíjense en el burdel mecanizado de la gasolinera. En cada hueco, en cada punto de distribución, había un tipo empuñando un enorme pitorro: levantabas la tapa y aparecía una boca escamoteable; y entonces vertías energía dentro del depósito, mientras iban corriendo las cifras. Gruesas gotas de agua caían desigualmente desde el ondulado tejado. Pero no eran de lluvia, sino simples gotas de sudor de coche.
– Entonces…, ¿qué es lo que había en esa «bomba sucia»?
– Desperdicios médicos radiactivos, jefe, más tiña, virus del Nilo occidental, gangrena líquida y todo ello metido dentro de carne de vaca loca.
– ¿Y qué nombre se da a sí mismo ese grupo?
– Esto…, la Legión de los Puros.
¿Tiene gracia esto?, se preguntó Clint. ¿Resulta divertido? ¿Lo fue alguna vez?
– ¿Y se volaron a sí mismos a propósito?
– No, jefe. Fue un accidente. La bomba les estalló en el aparcamiento del aeropuerto.
– ¿Y de quién son seguidores esos tipos?
– Oh, ya sabes… De un desconocido.
– De hecho, jefe, no es tan desconocido -dijo Clint-. Se sabe una cosa de él…, algo divertido. Que, al igual que Hitler, sólo tiene un testículo.
– ¿Fue ése el tipo que entró en el club de striptease?
– Eso tampoco es cierto.
Heaf pareció decepcionado.
– Bueno…, la verdad es que le hemos dedicado bastante espacio a ese asunto. ¿Se acercó alguna vez a ese local de striptease…? En cualquier caso, sólo podemos seguir machacando sobre el tema de las diferencias raciales en los aeropuertos. Esto lo ha escrito Clint en el diario de hoy: «Y en los controles de seguridad, ¿qué es lo que vemos? Una abuela tontorrona a la que amenazan con el puño, mientras que una rata de alcantarilla llamada Zui’zide al-Bomba pasa tranquilamente con su pañuelo en la cabeza y un lanzallamas al hombro. Seguido, para colmo, por sus tres mejores amigos: Sekuestro, Raptho y Trafykante.» -Heaf sacudió la página con las puntas de sus dedos-. A esto lo llamo yo un excelente editorial. Cualquiera que tenga una apariencia remotamente árabe debería ver su vida convertida en un tormento para lo que resta del siglo.
– ¿Qué sucedió con «Mujeres en burka »? -preguntó Donna Strange, que asistía también a la reunión-. Escribí un artículo sobre eso, y jamás lo vi.
– Sí. ¿Qué ocurrió con «Mujeres en burka »?
– ¿«Mujeres en burka »? Nos desentendimos del tema, jefe.
Mackelyne leyó la minuta de la reunión:
– «… tomamos la decisión de no seguir adelante, por deferencia a las convicciones personales más íntimas de nuestros soplapollas.»
– Y porque pensamos que podían ponernos una bomba sucia en el periódico.
– Mmm. ¿Y qué hay del punto de vista del rey? De la lista de peticiones, quiero decir. Porque, en realidad, no habrá llegado a manos del rey, ¿verdad?
– No. La encontraron revoloteando por el aparcamiento.
– Pero el tono en que estaba escrita. Absolutamente ultrajante. ¿Cómo empezaba…?
– «Saludos, Esclavo. Dios, que controla las nubes, que…»
– Sí, sí… ¡Pero eso de «esclavo»…! Quiero decir, que me resulta inconcebible. Dejando aparte el Vaticano, no existe institución en la tierra más antigua que la monarquía… Y hete aquí que se presenta un pequeño encantador de serpientes, un navajero de la casbah…
– Bueno…, así están las cosas, jefe. Así es como nos ven a los no creyentes. Según ellos -añadió Clint, encogiéndose de hombros-, somos una mierda.
– Pero, de eso a decir que el rey es una mierda… -objetó Heaf, que rara vez decía palabrotas-. Quiero decir…, si él es una mierda, si nuestro rey es una mierda…, ¿qué somos nosotros ? Deberíamos… ¡Ah…! Pero la religión es algo bien curioso…, ya sabéis, y por eso nosotros siempre hemos evitado problemas con ella. Yo, por ejemplo, soy católico, aunque no practicante, claro. No creo que jamás nos hayamos comprometido al respecto, ¿o sí, Mack? Sabemos todo cuanto hay que saber acerca de nuestro soplapollas típico…, pero lo que crea o deje de creer sigue siendo un misterio para nosotros.
– Un misterio envuelto en un enigma, jefe.
– Los muestreos varían en esto más que en cualquier otra cuestión -siguió Mackelyne-. Sólo hay una cosa que sabemos con seguridad.
– ¿Cuál?
– Pues… que no les caen simpáticas las monjas.
– … Bueno, me alegro de que hayamos entrado en combate por fin. Al menos, ahora se huele a pólvora -aprobó Heaf-. Y ahora veamos… ¿Podemos contar, como mínimo, con un artículo de relleno sobre Rusia-China?
Smoker estaba sentado fumando en la habitación 2011 del Hotel Bostonian, en Meagure Street. Darius, el gigantón de dos metros adventista del Séptimo Día, estaba tumbado, descalzo, en el sofá, y leía la Biblia de Gideon: el libro del Apocalipsis, en concreto… En la habitación contigua, la 2013, Ainsley Car estaba supuestamente ocupado en el proceso de tirarse a Donna, previo a darle una paliza a Beryl.
«Las palabras», tecleaba Clint, «no pueden describir el tormento que estoy pasando», había declarado la noche antes un mareado Auto de Choque en una entrevista exclusiva para el Morning Lark. «No se creería usted las presiones que sufre hoy un futbolista. Yo, como todo el mundo sabe, he tenido una larga y penosa lucha con mis “demonios”. El fútbol no es cuestión de ganar. Ni tampoco de perder. Se trata de tocar la gloria. Y, sí, yo he conocido la fama. Segundo clasificado en la primera división con los Wanderers. Medalla de oro en la copa de los Ivatex Data Systems con el United. Y el premio de consolación: aquel gol con el equipo de Gales en el partido de cuartos de final en el Bernabéu.
»Y Dios sabe que también he tenido mi ración de dolor. Los meses interminables en las salas del hospital y en prisión. La trágica muerte de Sir Bobby Miles apenas diez días después de mi “reto infernal” y la catastrófica demanda civil que siguió. Mi relegamiento al banquillo en el United… Hábleme de todo…, del alcohol, de las chicas, de las peleas… He estado en todo eso. ¿Y quién ha permanecido siempre a mi lado en las duras y en las maduras, en lo bueno, en lo malo y en los momentos de efervescencia? Mi novia de infancia y mi esposa hoy: la pequeña Beryl.»
– «Porque el tiempo se acerca» -dijo entonces Darius dirigiéndose a Clint-. La de ahí dentro es Jezabel… «Y los diez cuernos que has visto y la bestia van a aborrecer a la ramera; la dejarán sola y desnuda, comerán sus carnes y la consumirán por el fuego.»
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