Martin Amis - Perro callejero

Здесь есть возможность читать онлайн «Martin Amis - Perro callejero» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Perro callejero: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Perro callejero»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Xan Meo es un hombre de múltiples talentos: actor, músico, escritor, y también hijo de un célebre delincuente. Una noche, Xan se sienta a tomar una copa en la terraza de un pub y, al poco rato, dos hombres le parten la cabeza a cachiporrazos. Tras una difícil convalecencia será otro. Deberá acostumbrarse a su nuevo ser, como todos los que le rodean, porque Xan se convertirá en un antimarido, en un antipadre, movido por impulsos primarios y con una sexualidad muy perturbadora. Pero hay otros personajes que inciden en la vida de Xan. Clint Smoke, un periodista de un diario amarillista volcado en la pornografía y las noticias de escándalo, y también Henry England, el rey de Inglaterra y padre de la Princesita, a la que alguien ha fotografiado desnuda en su bañera. También está el misterioso Joseph Andrews, como una araña en el centro de una vasta red. Y en el núcleo de todo: Edipo, los padres como posibles corruptores devoradores de sus hijos, el difícil pasaje a la madurez.

Perro callejero — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Perro callejero», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

«No ha habido, por desgracia, ningún cambio en el estado de mamá», siguió escribiendo Enrique, con su elaborada caligrafía hecha todavía más trémula por el traqueteo de las ruedas. «Debo decir que ahora me resultan temibles estas visitas. Lo más descorazonador es que el rostro de mamá sigue sin experimentar ningún cambio, tan sereno y hermoso como siempre.» Se interrumpió con un estremecimiento. «El peluquero sigue atendiéndola una vez al día; le hacen la manicura una vez por semana y, por supuesto, se ocupan de “darle la vuelta” con frecuencia en la cama. Si no fuera por el fantasmal zumbido del respirador, uno esperaría que abriera los ojos en cualquier momento y dijera con su antigua jovialidad: “¡Oh, papá, no te sientes ahí! ¿Dónde está mi tetera?” Como he dicho a menudo, aunque haya habido casos de personas que han salido de un coma profundo tras haber permanecido en él periodos que han durado varios años, debemos continuar fortaleciéndonos para lo peor. El “equipo”, querida, puede quedar reducido de tres a dos, pero seguimos siendo un equipo, tú y yo, hija mía. Tú y yo. Nosotros dos.

»La presencia de los medios de comunicación…» Hizo una pausa. Y continuó: «… reduce y a la vez confunde los sufrimientos de uno. Por supuesto que me siento conmovido, por supuesto que me turba. Pero… ¿debo mostrar mis heridas a la cámara? ¡Y eso aun cuando se muestran de lo más respetuosos! “¡No temáis derramar una lágrima, majestad!” Le entran a uno ganas de vomitar. Cada vez siento más visceralmente que los medios son en esencia unos violadores que envenenan todo cuanto tocan.»

Hizo una pausa. ¿Cómo lo había expresado Bugger? «Debería advertírsele a la princesa», había dicho Urquhart-Gordon, «que tal vez se haya dado una filtración de su privacidad.» No, pensó Enrique: aún es demasiado pronto para eso. Y siguió escribiendo:

«Me parece que deberíamos tener una conversación sobre el tema y sobre la seguridad en general. Yo estaré ahí el sábado (5) y podremos tener una agradable charla en algún hotel que nos parezca conveniente.»

Venía luego un fantástico despliegue de diminutivos y palabras de afecto.

Después Enrique tocó el timbre reclamando la presencia de Amor.

En Royston el tren empezó a reducir velocidad. Enfrente, envuelto en una niebla fina y casi invisible, estaba el apartadero donde aguardaba ahora el providente Urquhart-Gordon con un solitario detective. Y un poco más allá un automóvil negro con su chófer. El tren se movía aún cuando Brendan se encaramó a él.

– Dame primero las malas noticias. Las buenas tal vez se deriven de ellas -dijo Enrique IX.

– La mala noticia, señor, es que la fotografía no es, en realidad, una fotografía -respondió Brendan, que compuso enseguida las finas líneas de su rostro animoso e inteligente-. Es un fotograma.

Se había retirado unos segundos para que Enrique se hiciera cargo de lo que aquello significaba. Y, en efecto, la cabeza del rey estuvo oscilando sobre su base como medio minuto antes de murmurar:

– De una película…

– Sí, señor. De una película.

Brendan escuchó el suspiro de Enrique: largo e inquisidor, con un gemido ahogado al final.

– De una DigiCam 5000 DVD, para ser exactos, señor.

– ¿Sabes, Bugger? Espero que ese cometa, o lo que sea, nos reduzca a todos a añicos.

– No nos hará añicos, señor. Si nos da, nos quemará a todos.

– Mejor aún. Fuego del infierno. No es menos de lo que nos merecemos.

Ahora Brendan observó a su monarca. Parecía una buena respuesta: en una vida tan encorsetada, tan predeterminada, tan cerrada a cal y canto…, se hubiera dicho que no había espacio para ninguna variación individual. Pero Enrique era una anomalía real coronada. A diferencia de su padre, Ricardo IV, de su hermano, el duque de Clarence, y de tantos otros varones de su linaje, Enrique no había pilotado reactores ni helicópteros, no había mandado rompehielos o dragaminas, adiestrado soldados, dormido en las literas de un submarino, simulado tácticas de evasión de aviones de caza o descendido en paracaídas sobre laderas montañosas. Tampoco compartía el entusiasmo de los suyos por la horticultura, la música, la caza, las bromas y las creencias religiosas orientales. Enrique se las había arreglado para pasar con una simple licenciatura de Geografía en Oxford, a la que siguió su inmersión en la vida de sociedad. Aun antes de acceder al trono, por supuesto, su agenda estaba ya plagada de «funciones», de las que después continuó esquivando y rehuyendo tantas como podía. Pero incluso un mínimo de ellas era ya un montón. Brendan pensaba que la mitad del secreto de la existencia regia radicaba en el hecho de que era increíblemente aburrida. Para contrapesar eso, te convertías en un hombre de acción; buscabas el peligro, el esfuerzo, los estados intensos. Y te ocupabas en cosas arcanas con obsesión enfermiza…, buscando cualquier cosa con que llenar tu espíritu. Pero Enrique no tenía nada de todo ello para defenderse. Simplemente, lo soportaba…, soportaba aquel aburrimiento como una dosis diaria de quimioterapia.

A diferencia de su predecesor del mismo nombre, aquel brillante príncipe del Renacimiento que se interesó por la astronomía, la teología, las matemáticas, la ciencia militar, la navegación, la oratoria, las lenguas antiguas y modernas, la cartografía y la poesía, a Enrique IX le interesaba ver la televisión…, o permanecer pasivamente delante del aparato encendido. Dos años atrás, Brendan hubiera dicho que el rey -cincuenta y un años entonces- estaba envejecido de puro aburrimiento. Pero, por alguna razón, su indolencia preternatural le granjeaba el afecto de las masas y a pesar de todo (de sus meteduras de pata, de su insensibilidad, de su insondable ignorancia) había sido siempre muy popular. Les gustaban su ceño fruncido, sus guiños, su tupé de color rubio arena. En la actualidad, su índice de popularidad había bajado un poco de su habitual setenta y cinco por ciento. Al público no le hacía gracia ver a su rey recorriendo pasillos de hospital y manteniendo conversaciones endiabladamente forzadas con enturbantados líderes de distintos grupos sociales. Querían ver cómo se ponía a dormitar enseguida en las carreras.

– Fui a su dormitorio -dijo vagamente Enrique-. Aún sigue siendo un zoo de juguetes de peluche. ¡Es todavía tan niña , Bugger…!

Brendan alargó la mano y abrió la cerradura de su maletín de acero.

– Hemos conseguido avanzar algo con relación al punto en que estábamos, señor. Creemos haber identificado el lugar.

– ¿El lugar?

– Vedlo vos mismo, señor.

De nuevo la fotografía, con el cuerpo de la princesa eliminado de ella con película correctora blanca. Aun reconociendo la conveniencia de aquella eliminación, la nívea blancura de aquel hueco en la foto le hizo sentir a Enrique un instante de ceguera. ¿Adónde habría ido a parar? Ocultada con trazos blancos como una momia, como un espíritu…

– Pensaba que tendríamos que empezar por recorrer todos los baños de todas las residencias regias…, buscando esa bañera, ese espejo, ese lavabo, alineados exactamente así. Pero los expertos han reducido brillantemente la búsqueda. Mirad, señor. A la izquierda de la princesa hay una pastilla de jabón en su jabonera.

Brendan hizo una pausa, dándole tiempo a Enrique para preguntar:

– ¿Me estás diciendo que es el único baño real con una pastilla de jabón en él?

– No, señor. -Brendan rebuscó en su maletín y al instante sacó de él lo que parecía ser un póster o una serigrafía de tamaño cincuenta por cincuenta, brillante hasta el extremo de parecer casi líquida y completamente blanca.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Perro callejero»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Perro callejero» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Martin Amis - Lionel Asbo
Martin Amis
Martin Amis - Yellow Dog
Martin Amis
Martin Amis - House of Meetings
Martin Amis
Martin Amis - Dead Babies
Martin Amis
Martin Amis - Koba the Dread
Martin Amis
Martin Amis - Night Train
Martin Amis
Martin Amis - Agua Pesada
Martin Amis
libcat.ru: книга без обложки
MARTIN AMIS
Martin Amis - The Drowned World
Martin Amis
Отзывы о книге «Perro callejero»

Обсуждение, отзывы о книге «Perro callejero» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.