Jodi Picoult - Diecinueve minutos

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Peter Houghton es un estudiante de 17 años en Sterling, New Hampshire, que lleva tiempo sufriendo los abusos verbales y físicos de sus compañeros de clase. Su única amiga, Josie Cormier, ha sucumbido a la presión del grupo y ahora pertenece a la élite popular que habitualmente lo acosa. Un último incidente lleva a Peter al límite y lo empuja a cometer un acto de violencia que cambiará para siempre la vida de los habitantes de Sterling. Incluso aquellos que no se encontraban en la escuela aquella mañana vieron sus vidas supendidas, incluyendo a Alex Cormier.

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No había querido decirle eso a Alex, pero Josie ya les había mentido una vez. No había razón para que no pudiera estar haciéndolo de nuevo.

A las seis de la mañana, el Instituto Sterling era un gigante durmiente. Patrick abrió la cerradura de la puerta de entrada y se movió por los pasillos en la oscuridad. Habían sido limpiados por profesionales, pero él no podía dejar de ver, al haz de su linterna, los lugares donde las balas habían roto ventanas y la sangre había manchado el suelo. Se movía rápidamente, los tacones de sus botas resonando, mientras apartaba las lonas y evitaba los montones de madera.

Patrick abrió la doble puerta del gimnasio y siguió su camino. Dio un rápido toque a un panel de interruptores y el gimnasio se inundó de luz. La última vez que estuvo allí, había mantas de emergencia echadas en el suelo, correspondientes a los números escritos en las frentes de Noah James, Michael Beach, Justin Friedman, Dusty Spears y Austin Prokiov. Había técnicos de criminalística a gatas, tomando fotografías de las marcas en los ladrillos de cemento, extrayendo balas del tablón de la canasta de baloncesto.

Había pasado horas en la comisaría de policía, su primera parada después de irse de la casa de Alex, examinando las huellas dactilares ampliadas que había en el arma B. Una parcial; una que se había asumido, vagamente, que era de Peter. Pero ¿qué pasaba si no era de Peter? ¿Había alguna forma de probar que Royston había agarrado el arma, como afirmaba Josie? Patrick había estudiado las huellas tomadas del cuerpo sin vida de Matt y las había comparado, parte por parte, con la huella parcial, hasta que las líneas y espiras se le hicieron más borrosas todavía de lo que estaban.

Si tenía que encontrar una prueba, debía ser en la escuela misma.

El vestuario se veía exactamente como en la fotografía que él había utilizado durante su declaración, tomada unos días antes, aquella misma semana, excepto porque los cuerpos, por supuesto, habían sido quitados. A diferencia de los pasillos y de las aulas, el vestuario no había sido limpiado ni reformado. La pequeña área contenía demasiado daño-no físico, sino psicológico-, y la administración había acordado por unanimidad echarlo abajo, junto con el resto del gimnasio, y más adelante la cafetería, aquel mismo mes.

El vestuario era un rectángulo. La puerta que daba a él desde el gimnasio se abría en el medio de una larga pared. Directamente enfrente de ésta había un banco de madera y una hilera de casilleros metálicos. En la esquina más alejada, había un pequeño pasillo que daba a una serie de duchas comunes. En esa esquina fue encontrado el cuerpo de Matt, con Josie yaciendo a su lado; a diez metros de distancia de ese lugar estaba Peter agachado. La mochila azul permanecía en el suelo justo a la izquierda del pasillito.

De ser cierto lo que decía Josie, entonces Peter habría entrado corriendo al vestuario, donde Josie y Matt se habían escondido. Se suponía que él sostenía el arma A. Se le cayó la mochila, y Matt-que habría estado de pie en medio del vestuario, lo suficientemente cerca como para alcanzarla-tomó el arma B. Matt disparó a Peter-la bala que nunca fue encontrada, la que probaba que el arma B fue disparada-y erró. Cuando intentó disparar otra vez, el arma se atascó. En ese momento, Peter le disparó dos veces.

El problema era que el cuerpo de Matt había sido encontrado por lo menos a cinco metros de la mochila de donde habría agarrado el arma.

¿Por qué Matt habría retrocedido y luego disparado a Peter? No tenía sentido. Era posible que los disparos de Peter hubieran enviado el cuerpo de Matt hacia atrás, pero la física elemental le decía a Patrick que un tiro disparado desde donde estaba Peter no hubiera arrojado el cuerpo de Matt hasta donde fue encontrado. Sumado a eso, no había rastro de salpicaduras de sangre que sugirieran que Matt hubiera estado cerca de la mochila cuando Peter le dio. Más bien se había desplomado donde fue alcanzado.

Patrick caminó hacia la pared, hasta el sitio donde detuvo a Peter. Comenzó por la esquina superior y recorrió metódicamente con los dedos cada hornacina y zócalo, los bordes de los casilleros y dentro de ellas, alrededor de cada ángulo de las paredes perpendiculares. Anduvo a gatas por debajo del banco de madera y examinó la parte de debajo. Sostuvo su linterna hacia el cielorraso. En un recinto tan reducido, cualquier bala disparada por Matt debería haber causado suficiente estropicio como para que fuera detectado y, sin embargo, no había absolutamente ningún indicio de que un arma hubiera sido disparada en dirección a Peter.

Patrick se desplazó hacia la esquina opuesta del vestuario. Todavía había una oscura mancha de sangre en el suelo y una marca de bota seca. Pasó por encima de la mancha y entró en las duchas, repitiendo la misma meticulosa búsqueda en la pared de azulejos de detrás de donde había estado Matt.

Si encontrara esa bala perdida allí, donde se había encontrado el cuerpo de Matt, entonces Matt no habría sido quien disparase el arma B, sino Peter quien blandiese ambas, tanto el arma A como la B. O, en otras palabras, Josie le habría mentido a Jordan McAfee.

Era un trabajo fácil, porque los azulejos eran blancos, prístinos. No había rajaduras ni descamados, no había astillas, nada que pudiera sugerir que una bala había sido disparada por Matt y dado en la pared de las duchas.

Patrick dio una vuelta, mirando en lugares que no tenían sentido: la parte de arriba de la ducha, el cielorraso, el desagüe. Se quitó los zapatos y los calcetines y arrastró los pies por el suelo de las duchas.

Lo sintió al rozar con un dedo del pie justo el lado del desagüe.

Patrick se apoyó sobre sus manos y rodillas y notó donde el metal había rozado. Una señal áspera, larga, en el azulejo que bordeaba el desagüe. Era fácil que hubiera pasado desapercibida por el lugar donde se encontraba; los técnicos que la vieran, probablemente pensaron que era parte del sumidero. Pasó el dedo y se esforzó por mirar enfocando con la linterna dentro del desagüe. Metió los dedos. Si la bala se hubiera deslizado por allí, habría recorrido un largo trayecto; y sin embargo, los huecos del desagüe eran lo suficientemente minúsculos como para que eso no pareciera posible.

Abrió un casillero y desprendió un cuadradito minúsculo de espejo que colocó boca arriba en el suelo de la ducha, justo donde estaba la marca. Después apagó las luces y sacó un puntero láser. Se colocó donde Peter había sido detenido y señaló en dirección al espejo; observó que la luz rebotaba en la pared más lejana de las duchas, donde ninguna bala había dejado marca.

Girando sobre sí mismo, continuó señalando la posible trayectoria hasta que llegó a una pequeña ventana superior que servía de ventilación. Se arrodilló, marcando el lugar donde él estaba con un lápiz. Luego sacó su teléfono móvil.

– Diana-dijo cuando la fiscal respondió-, no dejes que mañana comience el juicio.

– Sé que es inusual-dijo Diana en el tribunal a la mañana siguiente-y que tenemos un jurado aquí sentado, pero tengo que pedir un receso hasta que llegue mi detective. Está investigando un nuevo aspecto del caso…posiblemente algo exculpatorio.

– ¿Lo ha llamado?-preguntó el juez Wagner.

– Muchas veces.

Patrick no atendía el teléfono. Si lo hiciera, ella podría decirle cuántas ganas tenía de matarlo.

– Debo protestar, Su Señoría-dijo Jordan-. Estamos listos para seguir adelante. Estoy seguro de que la señora Leven me dará esa información exculpatoria en cuanto la tenga, si es que eso sucede, pero llegados a este punto, estoy dispuesto a correr el riesgo. Y ahora quisiera llamar a un testigo que está preparado para declarar.

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