Jodi Picoult - Diecinueve minutos

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Peter Houghton es un estudiante de 17 años en Sterling, New Hampshire, que lleva tiempo sufriendo los abusos verbales y físicos de sus compañeros de clase. Su única amiga, Josie Cormier, ha sucumbido a la presión del grupo y ahora pertenece a la élite popular que habitualmente lo acosa. Un último incidente lleva a Peter al límite y lo empuja a cometer un acto de violencia que cambiará para siempre la vida de los habitantes de Sterling. Incluso aquellos que no se encontraban en la escuela aquella mañana vieron sus vidas supendidas, incluyendo a Alex Cormier.

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– Recuerdo-susurró-más de lo que dije que recordaba.

La boca de la jueza se abrió de sorpresa y Jordan aprovechó la ocasión que le brindaba el estado de shock de Josie.

– ¿Qué recuerdas?-preguntó, arrodillado al lado de la chica.

La jueza Cormier lo apartó y ayudó a Josie a ponerse de pie. La sentó en el sofá y le sirvió un vaso de agua de la jarra que había en la mesa.

– Está bien-murmuró la jueza.

Josie respiró con un estremecimiento.

– La mochila-dijo, señalando con el mentón hacia la que estaba en el suelo-. Se cayó del hombro de Peter, como lo ha hecho ésa. El cierre estaba abierto y…y un arma cayó fuera. Matt la agarró.-El rostro de Josie se contorsionó-. Disparó contra Peter, pero erró. Y Peter…y él…-cerró los ojos-. Entonces Peter le disparó a él.

Jordan atrajo la atención de Selena. La defensa de Peter se basaba en el síndrome de estrés postraumático: cómo un evento puede desencadenar otro; cómo una persona traumatizada puede olvidar algo por completo. Cómo alguien como Josie puede ver caer una mochila con pañales y en cambio estar viendo lo que había ocurrido en el vestuario meses antes: Peter, con un arma apuntándole; una amenaza real y presente; un matón a punto de asesinarlo.

O, en otras palabras, lo que Jordan había estado diciendo todo el tiempo.

– Es un desastre-le dijo Jordan a Selena después de que las Cormier se fueran-. Y eso es bueno para mí.

Selena no se había ido con el bebé; Sam estaba ahora dormido en el cajón vacío de un archivador. Ella y Jordan se sentaron a la mesa en la que, menos de una hora antes, Josie había confesado que recientemente había comenzado a recordar fragmentos y pedacitos del tiroteo, pero que no se lo había dicho a nadie por miedo de tener que ir al tribunal y hablar de ello. Y que, cuando la mochila con los pañales había caído, todo le había vuelto como una inundación, con toda su fuerza.

– Si hubiera tenido esto antes de que comenzara el juicio, se lo habría llevado a Diana y lo habría usado tácticamente-dijo Jordan-. Pero ya que el jurado ya está constituido, quizá pueda hacer algo aún mejor.

– No hay nada como el truco final en el último segundo.

– Supongamos que subimos a Josie al estrado y que dice todo esto en el juicio. De repente, esas diez muertes no son lo que parecían ser. Nadie sabe la verdadera historia que hay detrás de ésta, y eso hace que todo lo demás que ha dicho la fiscal sobre los tiroteos sea puesto en entredicho. En otras palabras, si el Estado no sabe eso, ¿qué más hay que no sepan?

– Y-señaló Selena-eso refuerza lo que dijo King Wah. Allí, delante de Peter, estaba uno de los chicos que atormentaban a Peter, apuntándole con un arma, tal como él se había imaginado que ocurriría.-Dudó-. De acuerdo, Peter era el que había llevado el arma…

– Eso es irrelevante-prosiguió Jordan-. No tengo que tener todas las respuestas.-Besó a Selena en la boca-. Sólo necesito asegurarme de que el Estado tampoco las tenga.

Alex se sentó en el banco, mirando un desparejo equipo de estudiantes universitarios jugar al Ultimate Frisbee como si no tuvieran idea de que el mundo se había roto por las costuras. Al lado de ella, Josie se abrazaba las rodillas contra el pecho.

– ¿Por qué no me lo dijiste?-preguntó Alex.

Josie levantó la cara.

– No podía. Eras la jueza en este caso.

Alex sintió una punzada debajo del esternón.

– Pero digo después, cuando me retiré. Josie…cuando fui a ver a Jordan tú dijiste que no recordabas nada…Por eso firmaste la declaración jurada.

– Pensé que eso era lo que tú querías que hiciera-replicó Josie-. Tú me dijiste que, si la firmaba, no tendría que declarar…y yo no quería hacerlo. No quería volver a ver a Peter.

Uno de los jugadores saltó y perdió el Frisbee. Éste partió con rumbo a Alex, aterrizando en el montón de tierra que había a sus pies.

– Lo siento-dijo el chico, haciendo una seña con la mano.

Alex lo agarró y lo mandó por los aires. El viento levantó el Frisbee y lo llevó más alto, una mancha contra un cielo perfectamente azul.

– Mami-dijo Josie, aunque no había llamado así desde hacía años-, ¿qué pasará conmigo?

Ella no lo sabía. Ni como jueza, ni siquiera como abogada, y tampoco como madre. Lo único que podía hacer era ofrecerle un buen consejo y esperar que su hija resistiera lo que tuviera que venir.

– De ahora en adelante-le dijo Alex a Josie-, lo único que tienes que hacer es decir la verdad.

Patrick había sido llamado para una negociación de rehenes en un caso de violencia doméstica, en Cornish, y no llegó a Sterling hasta casi la medianoche. En lugar de dirigirse a su propia casa, fue a la de Alex, donde se sentía más como en un hogar. Había intentado llamarla muchas veces para ver cómo les había ido con Jordan McAfee, pero donde estaba no tenía cobertura en el móvil.

Al llegar la encontró sentada en el sofá del salón, a oscuras, y se sentó a su lado. Por un momento, miró fijamente la pared, igual que Alex.

– ¿Qué estamos haciendo?-susurró.

Ella lo miró a la cara y entonces él se dio cuenta de que había estado llorando. Se culpó a sí mismo. «Deberías haber intentado llamarla más veces, deberías haber vuelto más temprano».

– ¿Qué pasa?

– He metido la pata, Patrick-dijo Alex-. Creí que estaba ayudándola. Pensé que sabía lo que estaba haciendo. Pero resultó que no sabía nada en absoluto.

– ¿Josie?-preguntó él, intentando recomponer las partes-. ¿Dónde está?

– Dormida. Le he dado una pastilla.

– ¿Quieres hablar de ello?

– Hemos visto a Jordan McAfee hoy y ella le ha dicho…le ha dicho que recordaba algo del tiroteo. De hecho, lo recordaba todo.

Patrick silbó suavemente.

– Entonces, ¿estaba mintiendo?

– No lo sé. Creo que estaba asustada.-Alex levantó la vista hacia Patrick-. Eso no es todo. Según Josie, Matt disparó a Peter primero.

– ¿Qué?

– La mochila que Peter llevaba se cayó delante de Matt y éste tomó una de las armas. Disparó, pero falló.

Patrick se pasó una mano por el rostro. Diana Leven no iba a estar contenta.

– ¿Qué le ocurrirá a Josie?-dijo Alex-. En el mejor de los casos, subirá al estrado y declarará a favor de Peter. En el peor, cometerá perjurio y puede ser acusada de ello.

La mente de Patrick iba a toda velocidad.

– No debes preocuparte por eso. No está en tus manos. Además, Josie saldrá con bien. Ella es una sobreviviente.

Él se inclinó y la besó suavemente, con la boca llena de palabras que no podía decirle todavía y promesas que tenía miedo de hacer. La besó hasta que sintió que ella se relajaba.

– Tú deberías tomar también una de esas pastillas para dormir-susurró.

Alex inclinó la cabeza.

– ¿No te quedas?

– No puedo. Todavía tengo trabajo que hacer.

– ¿Has hecho todo el camino hasta aquí para decirme que te vas?

Patrick la miró, deseando poder explicarle lo que tenía que hacer.

– Te veré más tarde, Alex-dijo.

Alex había confiado en él, pero como jueza, debería saber que Patrick no podía guardar su secreto. El lunes por la mañana, cuando Patrick viera a la fiscal, tendría que decirle lo que ahora sabía acerca de que Matt Royston había disparado primero en el vestuario. Legalmente, estaba obligado a revelarlo. Sin embargo, técnicamente, tenía todo el domingo para hacer con esa información lo que le viniera en gana.

Si Patrick podía encontrar pruebas que respaldaran las alegaciones de Josie, entonces amortiguaría el golpe que ella iba a recibir declarando, y eso convertiría a Patrick en un héroe a los ojos de Alex. Pero una parte de él quería buscar en el vestuario otra vez por otra razón. Patrick sabía que había peinado personalmente ese pequeño espacio en busca de pruebas, y que no había sido encontrada ninguna otra bala. Si Matt había disparado primero a Peter, debería haber una.

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