Anouar Benmalek - La esclava

Здесь есть возможность читать онлайн «Anouar Benmalek - La esclava» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Историческая проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La esclava: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La esclava»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

En la época más convulsa de la persecución morisca en la España renacentista, María, una niña morisca de 12 años, descubre que su padre y su tía, las personas con quienes vive, siguen practicando la religión de sus antepasados. A partir de entonces María vive asustada por su origen y religión.
Meses después de ese descubrimiento, el pueblo de María es atacado y tomado por soldados cristianos, que matan a su padre y venden a las mujeres como esclavas. Pero la joven conoce un destino distinto: es vendida a un pintor sevillano que necesita una modelo para sus retratos eróticos. Este es el inicio de una historia común a muchos moriscos de la época, una historia de humillación y sufrimiento, que dará origen a una insaciable sed de venganza…

La esclava — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La esclava», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Un enorme odre de tristeza estalla en su interior. Ha sido reducida a cenizas antes de que pudiera abrazar a ese vástago tanto tiempo ausente. Y su primer acto, después, ha sido aterrorizarlo.

– Idiota -se dice con rabia-, las llamas no han mejorado tus entendederas.

La improvisada plaza parece una explanada invadida por la bruma y las sombras en movimiento. La criatura comprende que las sombras indefinidas son los Vivos. Solo los objetos carentes de vida se perfilan claramente entre la neblina que ha sustituido a la luz de antes del suplicio: las murallas, el patíbulo, las colinas a lo lejos y hasta un tramo de río. En algunos cadalsos, junto a las formas inconsistentes de los Vivos, se asoman…

– ¡Fantasmas! -constata la mujer con una intensa curiosidad-. ¿Como yo?

Hay tantos…

Se mira a sí misma y se ve con claridad…, pero ya no tiene ojos, ni manos, ni piernas… Entonces, ¿cómo puede verse?, se pregunta. ¿Cómo es posible que todavía sienta con una fuerza desgarradora las manos, las piernas, los ojos, la vagina?

¿Y la ropa? ¿Acaso está desnuda?, se pregunta con un asomo de coquetería. ¿Así la ven los Otros?

Está muerta. Lo sabe, puesto que se ve simultáneamente en el patíbulo, donde los hombres empujan con palas los repugnantes restos de su cadáver hacia el centro de la hoguera para concluir su combustión.

– Ah, mi hermosa María -masculla, exasperada-, cuántas cenizas… ¡Y pensar que no soportabas la más mínima mota de polvo!

Pero el dolor está ahí, impone su yugo a los miembros, a las vísceras, al cráneo ausente. Pero ya no es el dolor del fuego. Ese está, ¡oh, sorpresa!, infinitamente lejos. La nueva sensación es distinta, masiva pero difusa: parece una sed monstruosa, imposible de saciar, que afecta a todos los sentidos, ¡aunque ninguno de esos sentidos existe ya!

¿Se debe eso a que ha tocado a un Vivo, a su hijo? ¿O a que ya no está viva?

Quiere aullar de incomprensión, pero se da cuenta de lo ridículo del asunto: un muerto -o lo que queda de él, unas migajas de carne carbonizada- ¡no berrea!

– ¿Es una broma? -se pregunta, sintiendo nacer en ella la rabia por la banalidad de sus percepciones-. ¿Soy realmente un espectro?

Si no estuviera tan ocupada examinando su nuevo estado, los dientes le castañetearían por el miedo. No es así como había imaginado el paso al otro lado. ¿La muerte, pues, no significa el final del sufrimiento? La deja estupefacta comprobar que es capaz de pensar a pesar de la oleada de sufrimiento que la golpea, que ese pensamiento consiga incluso dividirse entre la curiosidad y un quejido indignado:

– Pero ¿dónde está todo lo que se nos prometió?

– Madre…

– Catalina…

La madre fantasma, llena de ternura, tiende sus brazos, o la idea que ella tiene de los brazos, hacia la muchacha que la recibe con una sonrisa, o la idea de una sonrisa. De hecho, si ha muerto hoy ha sido debido a su hija.

– ¡Cómo te he echado de menos, hijita preciosa!

– Yo también, madre, pero yo jamás te abandoné. Incluso antes de que lavaran mi cuerpo y me enterraran, cuando tú estabas con el alma rota y hecha un mar de lágrimas, yo ya estaba a tu lado…

– ¿Incluso cuando estaba presa? ¿Incluso cuando me torturaban? ¿Incluso… cuando ya no tuve lengua?

– Claro. Siempre. Si hubiera podido aliviar tu sufrimiento… Si hubieras podido perdonarme… Todo esto te ha sucedido por mí. Lo siento mucho, madre, lo siento tanto…

La voz de su hija no ha cambiado. El mismo tono, la misma vibración debida a las lágrimas contenidas. La alegría que la madre vive es tan desgarradora que tiene la impresión de que es dolor añadido.

– Tú no tienes la culpa, hija, y yo tampoco… La culpa es de…

Se encoge de hombros.

– Ya no importa. Nos hemos encontrado, ¿no?

La hija abraza a su madre y exclama:

– ¡Me daba tanto miedo manifestarme! Temía que no soportaras el espanto de verme. ¡Cómo me hubieras odiado! Y sobre todo no quería que te volvieras como… como yo. Es tan feo estar muerto. Lo daría todo por estar otra vez viva y pasear contigo junto al río de nuestro pueblo, en medio de los naranjos, y comer, y beber.

Rió como si llorara.

– ¿Te acuerdas de que cuando estaba enferma una estúpida insinuó delante de mí que no había esperanza? Tú la echaste y la colmaste de maldiciones. Después, para tranquilizarme, me contaste que la muerte no era nada, que uno se va a contar las estrellas y vuelve a la vida cuando termina de contarlas. ¡Y ni siquiera había que hacer la suma exacta! Te estaba tan agradecida que te abracé como una loca. Tú protestaste diciendo que no querías que te ahogara con la baba de mis besos. Por supuesto, ese cuento tuyo no es cierto, madre. Lo único que ansiamos los Muertos es unirnos a quienes más nos querían cuando estábamos vivos. Si no, el tormento creado por las ganas de vivir es insufrible porque no tiene fin… Y me da tanto miedo la eternidad, la soledad… No esperaba esto en absoluto. No somos más que nubes y sufrimos más que… estamos más tristes que… y no podemos hacer nada contra esta horrible ansia.

Señala a los demás espectros. Los de los cadalsos, los que yerran por el terraplén, los atravesados por los espectadores.

– Y cada día somos más… repugnantes los unos para los otros. Todos nuestros recuerdos, todas las bajezas de nuestra existencia expuestas en nuestro… rostro… en nuestro… cuerpo.

– ¿También ves las mías? -murmura la madre, angustiada-. Me refiero a lo que tú llamas mis bajezas… -Y tras un corto silencio añade-: Y en cuanto a tu hermano… Lo que confesé bajo tortura… ¿también lo sabes?

La hija no replica. La sombra de la Quemada suspira con amargura.

– Lo que hice no debe afectarte, Catalina. De todas formas, yo, aquí o allí, te quiero… Aunque… -su voz rezuma rencor-, aunque, a decir verdad, esto no es lo que esperaba. ¿Todas esas pruebas, todos esos sufrimientos abominables para esto?

La plaza se vacía poco a poco de seres vivos, pero no de espíritus.

– Deberíamos estar admiradas y felices por lo que sucede después de la muerte, ¿verdad? -apunta con rabia la muchacha, sin hacer caso del comentario de su madre-. ¡Pues no! Enseguida comprendí que me había convertido en un despojo y tuve asco de mí misma. Es repugnante, este hedor en el que vivimos encerrados desde nuestro último aliento, que nos cae encima como un castigo… Ah, madre, ignoro qué ha hecho que esto sea posible, pero cómo lo odio, madre, ¡cómo lo odio!

– Cállate, hija. Alguien… podría oírte.

– ¡Si al menos eso fuera posible!

Igual de viejas ya la una que la otra, difunta la mujer y difunta la niña, permanecen un momento en silencio, casi enemigas a pesar de su amor, laceradas por la insostenible nostalgia de su vida anterior. Esa vida perdida para siempre en la que tanto se adoraron.

Ambas miran en la dirección por donde se ha escabullido el joven abrumado por la pena.

– ¿Vas a seguirle, madre?

– Por supuesto, Catalina, es mi familia… y también la tuya. Tengo que prevenirle…

– ¿Y si le asustas como antes? Cada vez que uno roza a un Vivo, se le roba parte de su aliento. Al final, muere. Lo he visto hacer a algunos fantasmas… Te arriesgas a matarlo porque le quieres. ¿Serás capaz de vencer esas ganas, madre?

– Nuestro Juan no es muy valiente y cometerá torpezas. Por mi culpa se halla en peligro. No volveré a asustarle, te lo prometo. En fin, lo intentaré. -Se ríe afectuosamente-. Catalina, ¡amé tan mal a tu hermano antes!

Su voz está ahogada en una extraña melancolía que desprende una mezcla de rencor, alegría y tristeza.

Y olvidando que su hija puede leerle los pensamientos, añade:

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La esclava»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La esclava» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La esclava»

Обсуждение, отзывы о книге «La esclava» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.