Mackenzie miró directamente hacia Rita, que en este momento estaba algo molesta por la falta de colaboración de Tammy. “Tenemos al departamento de policía de Bent Creek trabajando en ello, además de agentes de dos oficinas distintas. Por lo que sabemos, ha estado desaparecida unas veintinueve horas. Nos pondremos en contacto en el momento que descubramos algo.”
Rita respondió con un gesto de afirmación y un débil “Gracias.”
Tanto Mackenzie como Ellington hicieron una breve pausa para darle a Tammy la oportunidad de añadir cualquier cosa. Cuando ella no hizo más que encender otro cigarrillo y buscar el control remoto de la televisión sobre la mesita de café, Mackenzie se puso a caminar hacia la puerta.
Cuando llegó afuera, respiró profundamente el aire fresco y caminó directamente al coche. Ya estaba abriendo la portezuela del copiloto cuando Ellington acababa de bajar los escalones.
“¿Estás bien?” le preguntó mientras se acercaba al coche.
“Estoy bien,” dijo ella. “Simplemente no puedo tragar a la gente que no siente ninguna preocupación en absoluto por la seguridad de sus propios hijos.”
Estaba a punto de entrar al coche cuando se abrió la puerta principal de la caravana de Tammy Manning. Ambos observaron cómo Rita bajaba por las escaleras a la carrerilla. Se acercó al coche y soltó un suspiro tembloroso.
“Oh Dios mío, siento muchísimo todo eso,” dijo. Mackenzie vio que también Rita parecía respirar con mucha más facilidad ahora que estaba fuera. “Las cosas entre mamá y Delores no han estado muy bien desde que murió papá. Y después cuando Delores se convirtió en esta escritora próspera, algo acerca de ello casi ofendió a mamá.”
“No tienes por qué explicar problemas personales,” dijo Ellington. “Lo vemos de vez en cuando.”
“Sed honestos conmigo… este asunto con Delores… ¿cree que la encontrarán? ¿Creen que pueda estar muerta en alguna parte?”
“Es demasiado pronto como para decirlo,” dijo Mackenzie.
“¿Hubo… en fin, hubo algún tipo de juego sucio?”
Mackenzie se acordó del cristal rociado de pintura. Estaba bastante segura de que todavía conservaba algunas de las virutas de pintura negra debajo de las uñas. Pero era demasiado pronto en la progresión de acontecimientos para dar tal información a los parientes—no hasta que se pudiera obtener más información.
“Una vez más, todavía no podemos saber con certeza,” dijo ella.
Rita asintió. “En fin, gracias por decírnoslo. Cuando descubran algo, llámenme directamente. Olvídense de mamá por ahora. No sé cuál es su problema. Ella está… no lo sé. Es una mujer envejecida que dejó que la vida le diera una paliza y no tuvo las agallas para volverse a levantar.”
Les dio su número y después subió lentamente las escaleras. Les hizo un gesto de despedida con la mano mientras Ellington sacaba el coche del aparcamiento y volvía a atravesar el parque para caravanas.
“¿Qué te parece?” preguntó Ellington. “¿Fue este viaje una pérdida de tiempo?”
“No. Creo que ahora sabemos lo bastante acerca de Delores como para tener la certeza de que hubiera llamado si sus planes fueran alterados y pudiera haber llamado.”
“¿Cómo sabes eso con certeza?”
“No lo sé con certeza. Pero por lo que he entendido hablando con Tammy y Rita, Delores estaba tratando de reconectar con su familia. Rita dijo que tenían una relación tensa. No creo que Delores se hubiera molestado en llamar para preguntar si podía venir de visita si no hubiera esperanza de reconciliación. Y si ese es el caso, seguramente hubiera llamado si sus planes hubieran cambiado.”
“Quizá cambio de opinión.”
“Lo dudo. Hijas y madres… cuando se enfadan… es duro. Delores no hubiera tomado la decisión de llamar para luego echarse atrás.”
“Estás analizando esto como un psiquiatra,” dijo Ellington. “Es impresionante.”
Mackenzie apenas notó el cumplido. Estaba pensando en su propia madre—una mujer con la que no había hablado en largo tiempo. Era fácil estropear una relación que se suponía había de ser tan crucial en la vida de toda mujer. Tenía su experiencia personal de madres que dejan abandonados a sus hijos, por lo que se sentía identificada con Delores.
Se preguntó si Delores Manning estaba pensando en su madre en su momento de desesperación. Eso, claro está, si Delores Manning seguía todavía con vida.
Mackenzie sabía que la oficina de campo más cercana a Bent Creek estaba en Omaha, Nebraska. La idea de volver a Nebraska en capacidad oficial resultaba intimidante, aunque al mismo tiempo era casi adecuado. Aun así, se sintió más que aliviada cuando Heideman les llamó para decirles que la actual base de operaciones para el caso estaba en la comisaría de policía de Bent Creek.
Ellington y Mackenzie llegaron poco más de las seis de la tarde. Mientras caminaba hacia la puerta principal de la comisaria con Ellington, le invadieron sensaciones de cuando trabajaba como una mujer en las fuerzas de seguridad del Medio Oeste. Estaban en la manera casi misógina en que le miraban algunos de los hombres de uniforme. Por lo visto, el cambio de atuendo y el título no habían cambiado nada. Los hombres todavía la iban a considerar como un ser inferior.
La única diferencia ahora era que a ella le importaba un bledo ofender a alguien o herir sus sentimientos. Venía aquí enviada por el Bureau para ayudar a una fuerza policial pequeña y enclenque a averiguar quién podía estar secuestrando mujeres de sus carreteras secundarias. Y no le iban a tratar de la misma manera que le habían tratado la primera vez que trabajara en el Medio Oeste como detective para la Policía Estatal de Nebraska.
Descubrió rápidamente que parte de sus suposiciones al entrar a comisaría estaban equivocadas. Quizá el cambio de título y de estatura significaran algo después de todo. Cuando les escoltaron de vuelta a la sala de conferencias, vio que la policía local había pedido comida china para ellos. Estaba esparcida por una pequeña barra americana al fondo de la sala, junto con unas cuantas botellas de dos litros de refrescos y algunos aperitivos.
Thorsson y Heideman ya estaban dando cuenta de la cena de cortesía, sirviéndose porciones de fideos mein y pollo a la naranja en sus platos. Ellington se encogió de hombros y le miró con aspecto de preguntarse ¿qué le vamos a hacer? Mientras se dirigía también hacia la mesa. Ella hizo lo mismo mientras unas cuantas personas más entraban y salían de la habitación. Mientras estaba sentada a la mesa de conferencias con una porción de pollo al sésamo y un cangrejo rangoon, uno de los agentes que había visto en la cuneta de la Ruta Estatal 14 se acercó a ella y extendió su mano. Una vez más, ella vio su placa y le reconoció como el alguacil.
“Agente White, ¿verdad?” preguntó él.
“Lo soy.”
“Encantado de conocerte. Soy el alguacil Bateman. Me han dicho que tú y tu compañero habéis subido a Sigourney para hablar con la madre de la víctima más reciente. ¿Ningún resultado?”
“Nada. Solo es una fuente potencial de información que podemos borrar de la lista. Y una confirmación bastante firme de que esto no se trata de una hija que simplemente decidió no llamar a su madre cuando cambiaron sus planes.”
Claramente decepcionado con ello, Bateman asintió y se giró hacia la parte delantera de la sala donde dos agentes mantenían una conversación.
Cuando Ellington tomó asiento junto a Mackenzie, ambos miraron al frente de la sala. Un hombre que se había identificado con anterioridad como el ayudante del alguacil Wickline estaba colocando fotografías y hojas impresas en una pizarra de borrado en seco con la ayuda de imanes. Otra agente—la única otra agente femenina en la sala—escribía una serie de notas a lo largo del otro extremo de la pizarra.
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