No era su caso… realmente no. McGrath le había concedido algo así como un pase de extranjis para ayudar en lo que pudiera, pero por el momento, el caso seguía estando frío. Pensó en Kirk Peterson, el detective que había descubierto las nuevas pistas que habían servido para reabrir el caso de su padre. Estuvo a punto de llamarle, pero se dio cuenta de que le habían dado las 11:45. Y, además, ¿de qué iban a hablar más que del silencio relativo a los casos actuales y reabiertos?
Aun así, tenía que llamarle. Quizá después de este caso, cuando pudiera prestarle a Peterson y al caso su atención completa. Ya iba siendo hora de que se quitara ese mono de encima.
Se preparó para irse a dormir, cepillándose los dientes y poniéndose un par de pantalones de deporte finos y una camiseta. Justo antes de que se metiera a la cama, miró su teléfono una vez más para comprobar si había llegado algún otro email tardío.
Vio que la solicitud que había hecho por email a la comisaría de Bent Creek ya había sido respondida, y que había llegado en solo diecisiete minutos después de que ella la enviara. Anotó la información en sus archivos y diseñó un horario mentalmente para el día siguiente. Finalmente se permitió apagar las luces e irse a dormir.
No le gustaba terminar el día y apagar las luces con preguntas sin responder. Era una sensación desasosegante a la que suponía que nunca se acostumbraría. Pero se había adaptado hacía mucho tiempo, encontrando la manera de dormir unas cuantas horas en condiciones al tiempo que dejaba que sus preguntas pulularan en la oscuridad de la noche, a una distancia cómodamente fuera de su alcance.
Cuando Mackenzie acababa de vestirse, alguien llamó a la puerta de su habitación de motel. Echó un vistazo a través de la mirilla y vio a Ellington de pie al otro lado. Sostenía una cajita de cartón con dos tazas de café encima de ella. Abrió la puerta para dejarle pasar, sin saber muy bien cómo sentirse respecto al hecho de que él estuviera listo para empezar el día antes que ella. Lo cierto es que siempre se había enorgullecido de su sentido de la urgencia y de su tendencia a llegar temprano. Ahora parecía que iba a tener algo de competencia en ese aspecto.
“¿Estoy interrumpiendo el complicado proceso matutino de una mujer arreglándose?” bromeó mientras colocaba la caja y los cafés en la mesita junto a su cama ya hecha.
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