1 ...6 7 8 10 11 12 ...19 –Está enojada. La traicionaste… y no una vez. Ya se le pasará.
–No lo creo. Dijo que si no aumento el monto del dinero que le doy para Antonia, me demandará. ¿Puedes creerlo?
–Claro que puedo. Es lo habitual en casos como el tuyo. Llega a un acuerdo, ese es mi consejo.
–No gano tanto dinero. No hay acuerdo posible, es lo que ella quiere o nada.
–Contrata un abogado y que él se ocupe, sé justo en tu ofrecimiento. Se trata de tu hija y de la madre. Una buena mujer, a quien, por cierto, le hiciste la vida bastante difícil.
–¡Contigo no necesito enemigos! –dijo riendo.
–Yo no miento –replicó.
–Lo sé… es la verdad. Me arrepiento de lo que hice con mi matrimonio, con mi familia. A mí me gusta la vida en pareja. Extraño eso.
–¿Es un chiste?
–¡No! De verdad, quiero conocer a alguien, me quiero enamorar.
–¡Dios! Primero deberías madurar un poco. Resolver tu capacidad de elegir. Luego de María, te has involucrado con chicas muy jóvenes para tus cuarenta o con mujeres casadas. Eso me dice que no buscas un compromiso.
–No sé… me gusta tener con quien salir y odio dormir solo. Tú eres distinto. Tienes a la ex de los sueños de cualquier divorciado y a Dylan. ¿No necesitas una mujer? Digo… ¿No piensas en eso? ¿No quieres una pareja? No solo sexo. Hablo de ir al cine, a cenar, pensar en que tienes ganas de verla; en fin, enamorarte otra vez.
–La verdad… no mucho. Sabes que tengo algún encuentro ocasional, pero estoy bien. No creo que enamorarse sea un plan, supongo que simplemente sucede.
–Te envidio. Para mí es una cuestión hasta de agenda, te diría.
–¿Agenda? –sonrió con ganas–. ¡Claro, por eso te enamoras tan seguido! No deberías tenerlo como objetivo diario y tampoco envidiarme. Si comparas, nuestra situación es la misma, la diferencia son nuestras decisiones y prioridades. Céntrate en Antonia, en recomponer el vínculo con María. Luego, alguna mujer adecuada llegará.
–Lisandro, ¡el gurú de la paz y el amor! –se burló–. Te agradezco el consejo.
–Sé que lo agradeces, pero no lo tomarás. ¿Qué harás esta noche?
–Aún no lo sé. Mi programa depende “de un esposo”.
–¡No cambias más!
***
Un día más en la vida de Lisandro le marcaba el ritmo del aire puro que respiraba. Todo en su mundo fluía. Sin embargo, la conversación con Juan lo había dejado pensando. ¿Quería enamorarse? ¿Existiría una mujer que pudiera amar a Dylan tanto como a él y aceptar su relación con Melisa? De pronto imaginó que sí, y no pudo evitar fantasear con ella. ¿Cómo le gustaría que fuera? La respuesta le llegó en una sola palabra que no venía de la mano de una imagen física: “Diferente”. Él no era un hombre común, en el sentido de alguien apegado a estructuras convencionales. Si había una mujer en su destino, tenía que ser distinta a todas las demás.
capítulo 8
Me han diagnosticado recientemente síndrome de Sjögren,
una enfermedad autoinmune que es una condición médica
continua que afecta a mi nivel de energía y causa fatiga
y dolor en las articulaciones.
Venus Williams
Stella vivió consternada los días posteriores al diagnóstico de Elina. Como abogada, sabía muy bien investigar un tema a fondo, y lo había hecho. Una semana después, se había informado tanto sobre el síndrome como era posible en su condición. Incluso había consultado a un amigo que era reumatólogo, quien le había dicho que los médicos en general no sabían demasiado de esa patología. Existían organismos en algunos países, por ejemplo, la Asociación Española de Síndrome de Sjögren (AESS) y grupos cerrados de Facebook de Argentina y otros países, a los cuales se unían personas afectadas y contaban sus experiencias o hacían consultas, que los demás respondían enseguida. Lo sabía porque formaba parte de ellos. Al solicitar su ingreso había manifestado la verdad, su mejor amiga padecía el síndrome y ella deseaba saber cómo podía ayudarla. La habían aceptado de inmediato.
Stella se dio cuenta, luego de leer diferentes testimonios, de que había dos caminos paralelos: la vida cotidiana de los que, como Elina, habían sido alcanzados por la enfermedad, y la medicina desarrollada en un campo más bien teórico. Las dificultades de su diagnóstico, en casi todos los casos, se repetían. Los pacientes habían ido de una consulta a otra, y todos sus síntomas habían sido considerados, al principio, de manera aislada. Las molestias severas en la vista, en otros casos en la boca, el cansancio, dolores articulares y tener fiebre resentían su calidad de vida. Pero quizá, lo más grave, no fuera que no podían comer una pizza sin que eso significara una tortura por la poca producción de saliva, sino lo irremediablemente solos que se sentían.
Stella no permitiría que su amiga se sintiera excluida. Estaba indignada por descubrir que, en tiempos en los que la sociedad se llenaba de palabras de inclusión, las personas en general, como le había ocurrido a ella, no conocían el síndrome de Sjögren. ¿Qué pasaba con el lado humano de los seres sensibles? ¿Cuántos síndromes ignoraba mientras personas diferentes sufrían doblemente por los padecimientos físicos y, además, por la incomprensión del entorno?
Se repetía, como en una campaña de concientización, que había que sumarse y difundir. No porque ella fuera la reina de la bondad, sino por una causa objetiva y fatal: no se investiga aquello que no se conoce. Y sin investigación no hay ensayos clínicos y sin ellos, sacarle ventaja al síndrome se convierte en utopía.
Stella se cuestionaba si no éramos el otro, si no debíamos ser uno con las causas que afectaban al prójimo y ayudar, comprender e informarse. Layla y Marisa, sus compañeras de trabajo, habían averiguado algunas cosas.
–¿Saben que hay un Día Mundial del Síndrome de Sjögren? –comentó Marisa–. Es el 23 de julio. La fecha elegida para la efeméride conmemora el nacimiento en 1899 del oftalmólogo sueco Henrik Sjögren, responsable de la primera descripción del síndrome en el año 1933. Y el mes de la concientización es en abril aunque la mayor actividad en este sentido se desarrolla en España. Lamentablemente, no alcanza a todos los países por ahora.
–¿No encontraste nada más útil? –replicó Layla.
–Bueno, también leí que hay personas que se sienten mejor desde que van a yoga o meditan –se defendió–. Quise saber de dónde salía un nombre tan difícil –explicó–. ¿Y tú qué buscaste? –preguntó en franca competencia. Stella las escuchaba.
–Bueno. Leí que es importante que los pacientes siempre tengan un kit encima: una botella de agua, gafas de sol y las gotas para los ojos. Hay unas pastillas, TheraBreath, que ayudan con el tema de la boca seca también.
–Les agradezco que se hayan preocupado.
–Le tocó a Elina, pero pudo ser cualquiera de nosotras. Leí que todavía no se ha descubierto algo que modifique el curso de la enfermedad. Por eso el síndrome está catalogado por los principales organismos europeos como una enfermedad “huérfana”, ya que todos los tratamientos se dirigen únicamente a la paliación de sus síntomas. Dile que no se sienta sola –dijo Layla. Ambas conocían a Elina y, aunque no las unía una amistad, se habían sumado a la causa.
–Gracias –hizo una pausa. Valoraba la preocupación de las dos–. ¿Y ustedes ya pueden tomarse fotos juntas? –preguntó cambiando de tema.
–Bueno, en realidad no. Pero eso lo hablamos después…
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