En la segunda parte, en el capítulo 1, “Ecocrítica: un término, varios conceptos”, convencidos de su función como aparato crítico y su relevancia como fenómeno académico contemporáneo, retomamos la genealogía de la ecocrítica y los estudios culturales verdes para avanzar hacia el concepto de humanidades ambientales, y figurar la complejidad ecocultural que implica este tipo de análisis. En el capítulo 2, “Otras ecocríticas”, presentamos el panorama ecocrítico más allá de la academia anglosajona; nos detenemos en el trabajo que se ha hecho en España y otros referentes europeos, ofreciendo una perspectiva amplia, para concluir con el escenario latinoamericano. En el capítulo 3, “Justicia o injusticia ambiental”, damos cuenta de la afinidad y denuncia latinoamericana con esta línea de pensamiento: el ecologismo del sur del sur. Finalmente, en el capítulo 4, “Reciclaje literario y compostaje cultural”, con la intención de desarrollar un aparato crítico coherente con la problemática que abordamos, definimos reciclaje y compostaje desde las humanidades, para luego apropiarnos de estos conceptos y operativizarlos a fin de poder detallar lo que entenderemos como escritura del compostaje.
Así, este texto, desde la lógica del ensayo, va de a poco “compostando ideas” en una escritura que ya va haciéndose tradición de colaboración, en tantos textos que hemos escrito juntos. Aquí hemos querido tejer nuestras ideas en una reflexión donde vamos retomándolas como en una conversación, para expandirlas o reconectarlas en sucesivos niveles, mostrando las múltiples interconexiones que las unen, como la maraña de raíces que hacen los árboles, como esas formaciones en rizoma en que nacen los tubérculos, gracias a la brillante oscuridad de la poesía.
1Parra, N. Obras Completas y algo + (1975-2006). Vol. II. Galaxia Gutenberg, 2011, 179.
2Ver: Latour, B. “Agency at the Time of the Anthropocene”. New Literary History 45.1 (2014): 1-18.
3Esta sigla, las 3R, fue acuñada a partir de la presentación que hace el gobierno de Japón en la cumbre del G8 en 2004.
4Ver: Valdés, A. Redefinir lo humano: las humanidades en el siglo XXI. UV, 2017.
5Ver: Chiuminatto, P. y S. Rosa. “Antes de la ecocrítica: una consideración bibliográfica a los estudios ambientales en Chile". Anales de la Literatura Chilena 30 (2018): 243-255. Este artículo forma parte de un segundo dosier sobre ecocrítica en Chile. Ver también un primer dosier en Interdisciplinary Studies in Literature and Environment, Vol. 23 Issue 1, 2016.
6Schaeffer, J. M. Pequeña ecología de los estudios literarios. ¿Por qué y cómo estudiar la literatura? Fondo de Cultura Económica, 2013, 15-17.
7Ver: Soule, M. E. “What is environmental studies?”. BioScience 48 (5) (1998): 397-405.
PARTE I
Capítulo 1
Aproximaciones conceptuales
El término ecología fue puesto en circulación en 1866 por el biólogo, filósofo y naturalista alemán Ernst Haeckel para designar la interdisciplina que se ocuparía de la biología y las ciencias de la Tierra.1 La expresión ecología está compuesta por los términos griegos oikos —con variadas acepciones como casa, vivienda, hogar— y el sufijo logos, identificado con estudio o conocimiento. De acuerdo con Raymond Williams, el término ecología (œcology) se refiere al estudio de la relación entre los seres vivos y su entorno o ecosistema.2 Esta palabra no será de uso común en inglés hasta mediados del siglo XX, cuando despierta masivamente la conciencia ecológica moderna con la publicación del libro Silent Spring, en 1962, de la bióloga norteamericana Rachel Carson. Una década después, la divulgación de la Hipótesis Gaia del científico inglés James Lovelock (1972)3 es un momento central de establecimiento de la agenda ecológica en la escena mundial. A partir de este contexto, las humanidades derivaron el concepto de “ecocrítica” como una forma de dar espacio a estos temas y su expresión en el ámbito no solo de la ciencia y las ciencias sociales, sino también de la literatura, la poesía, la historia y las artes. Tal como propone Cheryll Glotfelty, quien fuera una de las primeras autoras en divulgar esta área interdisciplinaria del saber, desde el ámbito anglosajón, a partir de 1996, la ecocrítica estudia “las interconexiones entre naturaleza y cultura” y trabaja con preguntas de investigación de diversas áreas, como la ecología, la sociología y la antropología, sin limitarse a un método específico.4
Desde una narrativa apocalíptica, a comienzos de los sesenta, Carson denunció los efectos tóxicos del DDT en los seres humanos y los animales, derivado de su uso en la agricultura intensiva en los Estados Unidos.5 Asimismo, Lovelock recupera el término griego Gaia, a partir del nombre de la primigenia diosa Tierra, para referirse a la hipótesis de un gran organismo vivo que se autorregula, pero que, por la acción humana, se enferma, limitando sus capacidades. A este momento de despertar de la conciencia ecológica contemporánea contribuye también el hecho de que, tras el primer viaje del ser humano a la Luna, en 1969, se haga popular la imagen de la Tierra mirada desde el espacio exterior. Quizás, derivado de este primer distanciamiento objetivo de la mirada humana del propio hábitat, la visión externa del planeta repercute en la comprensión de esta única casa. Como señala Ursula Heise, el planeta, flotando azul, diminuto y vulnerable en el espacio inmenso pareció un llamado de atención;6 así lo evidencian los epítetos que sirvieron para designarlo: Blue Planet, Gaia. Metáforas que cobran fuerza al momento de la divulgación de diagnósticos científicos y ecológicos, que, por esos años, intentan sensibilizar a la opinión pública con la urgencia de adoptar decisiones globales para resguardar la vida en el planeta. Si bien Carson y Lovelock provienen de un ámbito diferente al de las humanidades, junto a otros intelectuales y científicos a nivel mundial, constituyen el antecedente que sitúa la perspectiva ecológica como un puente hacia la interdisciplinariedad que se precisaba; la misma que permitirá el desarrollo de los estudios culturales y, particularmente, de las humanidades ambientales.
Entrado el siglo XXI, los estudios culturales y la misma ecocrítica se han fragmentado en diversos campos de trabajo, entre los que figuran el análisis ecocrítico en las artes escénicas, los estudios ambientales y de globalización, el ecofeminismo, y la justicia ambiental. Así como desde los estudios culturales se entiende que los discursos reflejan las condiciones políticas, sociales y económicas de su tiempo, la ecocrítica entiende los discursos, y las producciones culturales en general, como medios de representación del entorno geográfico, físico y material, como construcción de la valoración social del espacio en que se sitúa, y su relación en y con la Naturaleza. Como afirma Theresa J. May, esta intersección, la interfaz entre Naturaleza y cultura, es justamente el territorio de la ecocrítica y es el nicho y punto de partida de la discusión medioambiental en Occidente.7
Si lo planteamos en términos antropológicos, siguiendo a Tim Ingold, los territorios determinan las culturas que en ellos florecen, tal como la cultura moldea y determina dichos territorios.8 Por cierto, no es simple decretar cuál de estos dos aspectos es el primero. Asimismo, el uso que hacemos de la Tierra afecta nuestro sentido de pertenencia, pero también ese proceso tiene un reflejo inverso en el contexto y determina las consecuencias de la interacción con el medio. Es decir, a modo de ejemplo, las culturas recolectoras y nómades se relacionan con el lugar de un modo diferente de como lo hacen las culturas sedentarias (extractivas, rurales, urbanas, o aquellas altamente tecnologizadas). Desde esta reflexión, podemos afirmar que una de las preguntas que surge es: cómo se ven reflejadas estas diferentes realidades en las producciones culturales del campo de las humanidades y las artes en su relación para con el medioambiente. Desde una mirada ecológica, entendemos que la utilización de tecnología sobre la Tierra no solo ha alterado la Naturaleza a un límite que muchas veces supera la capacidad de resiliencia de esta, sino que también ha determinado el modo en que percibimos el territorio, mercantilizando, por ejemplo, la Tierra y los recursos como un mero sostén para la actividad extractiva y la dependencia humana del crecimiento permanente.
Читать дальше