Al igual que Losurdo, queremos comprender a Nietzsche en las coordenadas de su propio tiempo sin convertirlo en una suerte de nazi decimonónico. El historiador y pensador italiano señalaba, con ironía, que fue contemporáneo del segundo Reich, no del tercero; y un Reich de diferencia no es poca cosa. De lo que se trata, en cambio, es de comprender que toda su obra se sitúa en el eje revolución-contrarrevolución, posicionándose abiertamente en las trincheras intelectuales de la segunda. La abominación de las ideas revolucionarias, y de su concomitante «plebeyización de la cultura», constituyó un motivo constante y determinante a lo largo de toda su obra. Su pensamiento, en diálogo directo con las grandes corrientes político-ideológicas de su tiempo, se construyó en dicha tensión. Debemos remarcar, en este punto, que entre «juventud» y «madurez» no hay cesuras o cortes epistemológicos, sino continuidades e incluso endurecimientos. Las intuiciones ético-políticas del joven Nietzsche jamás sufrieron transformaciones sustanciales; gravitó en torno a ellas una y otra vez, matizando algunos aspectos pero radicalizando otros. Y lo cierto es que no podemos comprender a Nietzsche sin entender que todas sus energías intelectivas, pasionales y vitales estuvieron volcadas en una permanente réplica a las ideas político-culturales revolucionarias. Republicanos, reformistas sociales, igualitaristas, demócratas, socialistas, sufragistas, anarquistas… contra todos ellos piensa y escribe. Y su lenguaje, desalmado y virulento en demasiadas ocasiones, no es metafórico; deben respetarse los contextos de significación de los términos por él empleados, ubicar su léxico y el contenido de sus ideas en los debates de su época. Porque cuando Nietzsche habla, por ejemplo, de la necesidad de erigir un orden social donde existan el trabajo servil y esclavo, no deben buscarse alegorías exculpatorias; lo dice en un sentido absolutamente literal, como veremos más adelante.
Para terminar este capítulo «biográfico» querríamos mencionar un libro del filósofo francés Michel Onfray, que lleva por título La inocencia del devenir. La vida de Friedrich Nietzsche. En él se ensaya un guion cinematográfico sobre la vida del filósofo, y el resultado es brillante. Pero es de destacar que ninguno de los episodios biográfico-intelectuales que hemos referido en este capítulo aparecen en ese guion. Relucen por su ausencia. No vemos una sola escena de Nietzsche en la que este aparezca refiriéndose, por ejemplo, a la Comuna de París; o profiriendo agrios insultos contra socialistas y anarquistas. Tampoco vemos a nuestro personaje quejándose amargamente de los, a su parecer, dislates democráticos; del sufragio universal, por ejemplo. Y lo curioso es que Onfray, en la introducción que precede al guion —que lleva por título «Contar en imágenes una vida filosófica»— arremetía, precisamente, contra todos esos cineastas incapaces de respetar los rasgos primordiales o las peripecias cruciales del personaje, cuando de una película histórica o biográfica se trataba. Onfray había sucumbido, quizá sin saberlo, a la lectura despolitizadora de Nietzsche y, por ende, había recaído en la misma negligencia que él mismo acababa de denunciar40.
1Habermas, J., Sobre Nietzsche y otros ensayos, Tecnos, Madrid, 1982, p. 31.
2Lukács, G., El asalto a la razón. La trayectoria del irracionalismo desde Schelling hasta Hitler, Grijalbo, Barcelona, 1968, p. 322.
3Ibid., p. 256.
4Ibid., p. 253.
5Sauquillo, J., «Friedrich Nietzsche», en Vallespín, F. (comp.), Historia de la teoría política, 5. Rechazo y desconfianza en el proyecto ilustrado, Alianza Editorial, Madrid, 1993, pp. 82-131.
6Ibid., p. 119.
7Ibid., p. 97.
8Nietzsche, F., Fragmentos póstumos (1869-1874). Volumen I, Tecnos, Madrid, 2007, p. 513.
9Löwith, K., De Hegel a Nietzsche. La quiebra revolucionaria del pensamiento en el siglo XIX, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968, p. 247.
10Fink, E., La filosofía de Nietzsche, Alianza Editorial, Madrid, 1976, p. 11.
11Ibid., p. 13.
12González, N., Nietzsche contra la democracia, op. cit., p. 94.
13Idem.
14Ibid., p. 95.
15Nietzsche, F., Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, Madrid, 1998, p. 155.
16González, N., Nietzsche contra la democracia, op. cit., p. 96.
17Ibid., p. 97.
18Montinari, M., Lo que dijo Nietzsche, op. cit., pp. 71-73.
19Janz, C. P., Friedrich Nietzsche, 2. Los diez años de Basilea (1869-1879), Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 221.
20Safranski, R., Nietzsche. Biografía de su pensamiento, Círculo de Lectores, Barcelona, 2001, p. 158.
21Deleuze, G., Nietzsche, Arena, Madrid, 2000.
22Vattimo, G., Introducción a Nietzsche, Península, Barcelona, 2001, p. 21.
23Brobjer, T. H., Nietzsche´s Philosophical Context. An Intellectual Biography, University of Illinois Press, Urbana, 2008, p. 70.
24González, N., Nietzsche contra la democracia, op. cit., p. 109.
25Cristi, R. y Velásquez, O., Nietzsche y el aristocratismo de Teognis, LOM, Santiago de Chile, 2018.
26Nietzsche, F., Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida: II Intempestiva, Biblioteca Nueva, Madrid, 2003, p. 55.
27Nietzsche, F., Humano, demasiado humano, Edaf, Madrid, 2010, p. 268.
28Janz, C. P., Friedrich Nietzsche. 2. Los diez años de Basilea (1869-1879), op. cit., p. 85.
29Ibid., pp. 88-89.
30Nietzsche, F., «El Estado griego», en Obras completas. Volumen 1. Escritos de juventud, Tecnos, Madrid, 2011, pp. 551-558.
31Safranski, R., Nietzsche. Biografía de su pensamiento, op. cit., pp. 69-73.
32Nietzsche, F., Fragmentos póstumos (1885-1889). Volumen IV, Tecnos, Madrid, 2008, pp. 586-587.
33Nietzsche, F., Fragmentos póstumos (1869-1874). Volumen I, op. cit., p. 494.
34Nietzsche, F., Más allá del bien y del mal, op. cit., pp. 288-291.
35González, N., Nietzsche contra la democracia, op. cit., pp. 80-81.
36Ottmann, H., Philosophie und Politik bei Nietzsche, Walter de Gruyter, Berlín, 1987.
37Losurdo, D., Nietzsche, il ribelle aristocratico. Biografia intellettuale e bilancio critico, Bollati Boringhieri, Turín, 2004.
38Bobbio, N., Perfil ideológico del siglo XX en Italia, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 1989, p. 286.
39Morey, M., Vidas de Nietzsche, op. cit.
40Onfray, M., La inocencia del devenir. La vida de Friedrich Nietzsche, Gedisa, Barcelona, 2009.
3. Lo trágico contra lo civilizado
La visión dionisíaca del mundo, aseguraba Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, fue destruida por el avance imparable y enfermizo del «socratismo». Este representó una contundente negación —o una severa infravaloración— de todo aquello que no podía ser apresado por conceptos. Por efecto de esa misma negación, las fuentes últimas de todo lo verdaderamente creativo fueron secándose. Y tan lejos se caminó por esa nueva senda, que llegó a sostenerse lo siguiente: únicamente aquellas cosas que sean racionalmente comprensibles podrán ser, al mismo tiempo, bellas. ¡Tremenda desviación del viejo espíritu helénico, pensaba Nietzsche! Frente a la vieja embriaguez artística que proclamaba un contundente sí a la vida, recreada y glorificada en toda su potencia, emergió desafiante y altanera aquella «claridad dialéctica» que ahora pronunciaba un tétrico y fúnebre no a la vida. Lo trágico pereció a manos de la omnipotencia racionalista; lo instintivo sucumbió a manos de lo dialéctico. El nuevo imperio de la «logicidad», en definitiva, arruinó la jovialidad cultural y vital de los griegos, que desde entonces quedaron atrapados en una declinante fatiga espiritual y fisiológica. Nietzsche entendió que el socratismo (ominosa prefiguración del cristianismo, o primer síntoma de la gran «enfermedad») arruinó, con su hipérbole intelectualista, la expansión afirmadora de los instintos más profundos de la vida. Y, a través de semejante operación, la «inocencia del devenir» quedó envenenada y vilipendiada. La vida misma permaneció embridada, estrangulada. El jocundo esplendor de la cultura griega arcaica feneció con la llegada del gélido racionalismo socrático, esto es, con la instauración progresiva de un logocentrismo esencialmente antivital.
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