Almudena Anés - Ventana abierta a nadie

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"Ventana abierta a nadie" es la historia de un edificio narrada por sus dos protagonistas: Arquitecta y Portero. En una primera parte nos adentramos en las vicisitudes emocionales de Arquitecta, las razones que la llevan a diseñar el inmueble tal y como lo hace y en cómo afecta eso a su vida familiar. En la segunda parte, a través de los ojos de Portero, nos convertiremos en testigos de las vivencias de los habitantes del edificio, del laberinto de sus dramas y las encrucijadas en las que están inmersos.
Almudena Anés ha diseñado una novela que se abre al lector como una miríada de ventanas invertidas, una telaraña de voces tejidas como flores a punto de no nacer jamás. Un artefacto de narrativa poética que tiende a copular con la ausencia de sí mismo.

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No sé qué decir ni qué hacer.

Me bato en retirada.

No paro de pensar, de acordarme de cada instante perdido, de las palabras que faltaron. Nos sobrepasaron las circunstancias. Nadie me esperará ya enfrente de la ventana y podemos continuar fingiendo que la vida va a seguir igual, pero si fuéramos tan honestas como cuando estuvimos abiertas de piernas al mundo, quizás sabríamos que no es verdad.

XIII

Arquitecta almacena ira y rabia. Quiere gritar. No puede. Del mismo modo que sabe crear ventanas, también sabe destruirlas. De hecho, prefiere destrozar a concebir. Desconoce cómo pudo tener a Hija. Ahora le piden un parque ajardinado para que jueguen los niños, para que vayan las madres felices y todas las que no lo son.

Odio todo lo que puedo. Siento odio y no lo consigo evitar; es una sensación extraña que echa raíces en mi cuerpo y reverbera con destellos de rabia e ira. No veo nada cuando tengo este sentimiento constante, el letargo de una navaja clavada en la herida.

Supongo que arrastro una infancia que todavía me duele cuando la recuerdo. Los dolores de mi cabeza no han cesado con los años. Necesito paz después de la violencia. Pinto todo con negro, incluso mi menstruación.

Reconozco mis carencias con sus dolencias y respectivas perspectivas. Tú me dices que soy buena persona, pero destrozo y se me da mejor destruir que crear. Odiaré para seguir con vida.

Una vez pensé en cortarme los miedos, cercenar las venas y coserlas con flores para disimular el error. No lo hice, pero el baño parecía tan real en mis sueños… Desabrocharse la camisa blanca, dejarla en el suelo con un sostén negro y sostener la catástrofe. El cuerpo no deja de llorar mientras las pupilas miran hacia otro lugar y los ojos están secos.

Soy cruel y me gusta jugar con los demás porque aprendí a sentir así.

XIV

Arquitecta no ama a Marido. Nunca lo hizo, en verdad. Se casó por conveniencia. Su corazón se quedó prendido de otra ventana con las persianas bajadas. Vendrán parejas jóvenes que se casarán. ¿Cuántas se divorciarán? , se pregunta ella mientras perfila el nudo de una soga que se desliza por la balaustrada de una terraza. ¿Cuánto aguantarán hasta que no puedan mirarse a la cara de la vergüenza?

Estamos a solas en este cuarto en tierra firme. Entra el sol por la ventana y la cama está deshecha, pero nadie la ocupa excepto una sombra. Mi cuerpo ha decidido quedarse esperando. Observa el camino y utiliza mis ojos sobre la mano izquierda para comprobar con tristeza que nadie acude a la llamada silenciosa del eco. Vuelve a calzarse la mirada y se atusa las lágrimas en el espejo. Se ve por primera vez en este día que empieza y se analiza con curiosidad todos los detalles imperfectos que conforman su cara. Se quita la máscara y me saluda desde fuera porque sabe que vivo en una jaula. Le devuelvo una sonrisa que no me sale natural y se despide de mí hasta la próxima ocasión en la que coincida su rostro contra mi verdad.

Se peina, se limpia los párpados de legañas y se pinta los labios de un rojo sangre tan intenso que el líquido que desagua por mi nariz solo puede ser agua. No hay más opciones. Se perfuma y se viste con el uniforme habitual: ropa negra que confunde a mi propia oscuridad porque ya no sabe en qué lugar ponerse para pasar desapercibida. Yo le pido que juegue conmigo a las cartas porque estoy demasiado harta de echarle solitarios a la nada. Nadie suele venir a visitarme. Se quedan con la fachada. Sale a la calle para hacer su paseo habitual, le da un beso a su madre, acaricia las canas a su padre, que todavía está leyendo el periódico y tomando café mientras mira hacia un fondo ficticio, hacia un punto inexacto en el paisaje. Tiene cincuenta años y está en paro, quizás su mirada perdida se dirige hacia el futuro que se escapa. Las dos piernas avanzan por el descampado y dentro todo retumba. Es un día soleado y en mi cabeza no hay pensamientos.

Mi cuerpo ha quedado con alguien que no recuerdo, sé que me ha dicho su nombre, pero aquí siempre vuela el tiempo y recordar es más cansado que el olvido. Me siento voyeur de mi propia vida. Pero mi cuerpo es feliz y supongo que yo también soy feliz así, aunque no es fácil decirlo, aunque no sepa nada del otro cuerpo que nos alberga a ambos entre sus senos, aunque este espacio nuevo no sea una solución para este duelo. Para ninguno de nosotros, para nadie en concreto.

XV

Una placa conmemorativa será su firma en el edificio. Bloque de Apartamentos de Arquitecta, metro sesenta de altura, cincuenta kilos de inseguridades e ira. No habrá más rastro que el bronce de la plancha. Ella, máxima creadora de las casas, no será más que polvo en el rellano.

Nunca he querido detener el curso natural de los acontecimientos. Y he sangrado por sacrificar mi propia felicidad por garantizar la de otros. No soy el hombre del libro que no podía caminar porque no necesito a un profeta que me salve de mis errores.

Si muero, será porque tenga que ser así.

He dolido a gente que me importaba. He conseguido camuflar la oscuridad con el negro de unos ojos grandes, profundos como pozos y agujeros de gusano. Lo he perdido todo y cada derrota me ha destrozado un poco más. El dolor humano sorprende porque no tiene límites. Me han hecho daño y echo de menos el sufrimiento agradable de aquellos que solían quererme. Pero nadie quiere ya verdaderamente y ahora el amor se pierde.

El cuarto está repleto de bioluminiscencias de los que han pasado por mi vida, y en cada ventana de este último piso a ninguna parte se suicida otro nombre hacia el olvido. Los cristales pertenecen a la memoria oxidada y el corazón lo he abandonado en una nevera de un restaurante chino en el que acostumbro a comer sola. No ansío volver hacia atrás porque no tiene sentido. Considero esto una debilidad que no le hace honores al presente que se escapa entre rostros y apellidos de una lista interminable que han tejido los años del mundo sobre mí.

Me gustaría poder pensar de otro modo, pero lo único que puedo afirmar es que a veces siento que no siento nada. Entonces subo al rascacielos de la conciencia y me quedo en mi área particular de miseria en el cielo y me pierdo bajo el peso de las circunstancias.

XVI

Arquitecta queda con Capataz para tomar café. Hay un bar delante de un enorme vacío sin nombre pero con etiqueta de compra. Capataz suda. Se siente atraído por la mujer que dibuja ventanas para ver otras vidas distintas a la suya. Es un día de verano. Hace calor. Arquitecta recuerda aquella cama. Arquitecta pregunta: ¿Cómo se pueden construir paredes insonorizadas contra el ruido del sexo? Capataz duda. Se encoge de hombros. Se turba. No sabe qué decir. Arquitecta desea de nuevo aquel cuerpo. Lleva años sin sentir un orgasmo.

Las farolas se doblan por el calor condensado de una ciudad que se embadurna con el aceite de sus heridas, que arderá hasta volverse desierto al lado de un mar víctima de la sequía. Vuelves a huir y se incendian las calles mientras me pierdo en el asfalto que me retiene, te marchas, te esfumas, te diluyes con el humo de un amanecer teñido de fumarada.

Te busco entre la gente que baila como loca en su última madrugada de libertad. La rutina asusta. Te encuentro en un charco de lágrimas negras, cenizas que son rastro hasta la alcoba que ya ardió una vez pero pide de nuevo el ardor de nuestras pieles tropezadas. Hay fuego y un rayo nos rompe, se consuma algo que no debió arder pero que regresa con la fuerza de un ayer que nunca murió.

Cremación : dolor que se junta sobre nuestros cuerpos que se abrazan y se ahogan porque no hay suficiente aire en la habitación.

Nos hemos encontrado y nuestros ojos se buscan en la penumbra de una noche que no acaba. Pero hemos caído y la noche se ha hecho eterna para nuestras pieles acostumbradas al fuego. Salamandras y dragones, cada avenida está llena de escombros y desechos de una guerra convertida en fiesta. Personas que beben y se abandonan a su suerte, los cohetes estallando y provocando sordera para no oír la llegada del mañana, fuegos artificiales y noches de fuego que siguen entre nosotras a pesar de todo el papel quemado y las fotografías rotas.

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