—Las cosas en que creemos —pero de las que no estamos totalmente seguros—, se llaman “teorías”. Las cosas comprobadas, en las que todo el mundo cree y concuerda, se llaman “leyes”.
—El funcionamiento de la economía es difícil de explicar, porque solo hay teorías acerca de ella y la rigen muy pocas leyes...
—¿Jugamos una partida de ajedrez? —interrumpió Juan, instalando las piezas y el tablero en la mesa de la cocina.
—¡Con mucho gusto! ¡Y esta vez ganaré yo! —dijo papá, tomando asiento.
—¡Ni sueñen con jugar aquí, tengo mucho que hacer! —dijo mamá.
—Discúlpanos, María Elena, tienes razón. Ven Juan, vamos a la sala.
Solo que otra vez Juan ganó la partida, porque su abuelito, que era un jugador excelente, lo había entrenado bien.
Todo comenzó
en la familia
La fiesta de cumpleaños estuvo muy animada. Como al día siguiente Juan y Josefina no tenían que levantarse temprano, se quedaron con los mayores hasta pasada la medianoche. Padres e hijos despertaron a media mañana.
—¡Qué suerte que es domingo! —dijo papá—. Voy a descansar todo el día.
—Papá, ayer tío Eduardo y tío Pepe, que suelen ser tan bromistas y divertidos, no hicieron más que hablar de la economía. Nunca antes los oí hablar de eso —dijo Juan.
—Es que últimamente nos ha preocupado más que de costumbre.
—¿Acaso es un problema nuevo?
—No, no. En realidad, la economía es muy antigua. Comenzó mucho antes de que alguien hablara de ella. Existe desde cuando los humanos vivíamos en cavernas. Aunque en ese entonces todavía no le habían dado un nombre —respondió papá—. En aquellas épocas, cuando no había fábricas ni tiendas, los hombres cazaban para alimentar a sus familias. Cuando tenían suerte y conseguían regresar con un ciervo, los que habitaban la caverna lo comían juntos, pero no invitaban a sus vecinos a compartir el banquete.
Al desayuno, el almuerzo y la cena, casi siempre comían lo mismo. Pero como para buen hambre no hay mal pan, la gente comía todo lo que cazaba, así fuera un ave de presa de mal sabor.
Las familias compartían lo que obtenían, hacían o fabricaban; la familia fue la primera y más pequeña economía que existió.
—Más tarde, para protegerse de los animales feroces, unas familias se unieron con otras en grupos grandes llamados “clanes”. Pronto comenzaron a intercambiar comida, y así mejoraron su menú diario.
—¡Menos mal, porque debían estar cansados de comer siempre carne de ciervo! —comentó Juan. Papá siguió sin darse por enterado.
—Después comenzaron a plantar semillas para obtener verduras y algunos árboles, cuyas frutas les gustaban. Finalmente, también criaron animales para comer, como gallinas, cerdos y ovejas. Esto los obligó a asentarse en un lugar y los convirtió en agricultores y granjeros, en vez de cazadores.
Al formarse el clan, luego la tribu, la aldea, la ciudad y los países, se desarrollaron economías cada vez más grandes. Hoy, con los progresos tecnológicos en las comunicaciones, todas las economías del mundo están interconectadas.
—¿Quieres decir que en China y en África también se la pasan hablando de economía? —preguntó Josefina.
—Probablemente sí.
—¡Uy! ¡Se me hizo tarde! —dijo Josefina—. ¡Quedé con Carola en ir a su casa a repasar la lección de matemáticas!
—Regresa a la hora del almuerzo. Toma, llévale este libro que terminé de leer a la mamá de Carola, estoy segura de que también le gustará —dijo mamá.
En menos de lo que se tardó en decirlo, Josefina corrió a la casa de Carola que quedaba a la vuelta de la esquina.
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