LA TEORÍA DE DIMITRI KHALEZOV
Dimitri Khalezov es un antiguo oficial de la Unidad Militar 46179, conocida también como el Servicio de Control Especial del duodécimo departamento del Ministerio de Defensa de la Unión Soviética. Las revelaciones que este antiguo miembro de la inteligencia rusa reunió en su libro The Third Truth (La Tercera Verdad) han conmocionado a quienes buscaban la verdad de lo acontecido el 11-S. Dimitri Khalezov es un experto en demoliciones nucleares controladas y afirma haber tenido constancia del llamado Proyecto de Demolición Nuclear de Emergencia de las Torres Gemelas desde principios de los años ochenta, gracias al Tratado de explosiones nucleares pacíficas entre la Unión Soviética y los EE. UU., que obligaba a ambas partes a informarse mutuamente sobre las explosiones nucleares proyectadas sin fines militares. En una larga entrevista concedida a la televisión rusa Khalezov declaró: "Durante mi servicio militar a final de los 80, tuve conocimiento de que existía un denominado ‘Esquema de Demolición Nuclear de Emergencia’ construido en las Torres Gemelas del WTC en Nueva York. Para mí fue extraño y, para ser sincero, difícil de creer que las autoridades de los EE. UU. pudieran ser tan dementes como para demoler edificios en medio de una ciudad habitada, empleando cargas nucleares bajo tierra. Sin embargo entendí que nadie planeaba demoler el WTC de esa manera, lo vi más como un modo de evitar cierto problema burocrático. Un esquema de demolición nuclear como ese tenía que ser construido dentro de las torres no para demolerlas, sino para conseguir el permiso para construirlas. El código de construcción de Nueva York de ese entonces (así como el de Chicago) no permitía al Departamento de Construcciones autorizar la construcción de un rascacielos, a menos que el constructor proporcionara un sistema satisfactorio para, en caso de emergencia, lograr demoler una construcción de esa magnitud. A finales de los 60 (cuando las torres fueron propuestas) este tipo de construcciones con trama de acero representaba un concepto nuevo, de modo que nadie tenía idea de cómo lidiar con ello en términos de demolición. Los métodos de demolición convencional eran aplicables solo a construcciones de tipo antiguo. Algo nuevo debía inventarse para las robustas torres de acero, de modo que lograran convencer al departamento de construcciones de que les concediera el permiso para su construcción. Un nuevo sistema de demolición había sido inventado: la demolición nuclear". En el caso de las Torres Gemelas, cuyos cimientos se situaban a 27 metros por debajo del nivel del suelo, para cumplir con los requerimientos municipales, se enterró 50 metros debajo de los cimientos (77 metros debajo del nivel del suelo) una carga nuclear de potencia limitada, pero con la suficiente fuerza para diluir la roca circundante y formar una cavidad en la que tendría que encajar el edificio pulverizado. Cuando pensamos en una explosión nuclear nos viene a la mente el hongo luminoso que se forma por la detonación. A este respecto, Khalezov distingue una clara diferencia entre lo que son las explosiones atómicas en el aire y lo que son las explosiones atómicas subterráneas. Explica cómo se desata la energía bajo el suelo, cómo se transmiten las radiaciones, cómo la onda de choque solo se desata en las explosiones en el aire, cómo se forma una cavidad en las explosiones subterráneas y la forma que esta puede tener según la cercanía del artefacto explosivo a la superficie del suelo. Una explosión termonuclear a 77 metros de profundidad pudo crear una cavidad extremadamente caliente que acabaría por tragarse los cimientos de la torre que se quería demoler, sin afectar a las estructuras de los alrededores. En un movimiento simultáneo, la torre demolida es succionada dentro de la cavidad recalentada, cuya temperatura interna es suficientemente alta como para derretirla por completo. En la década de 1970, los estadounidenses y los rusos dominaban ampliamente la tecnología nuclear de manera que podían fabricar explosivos nucleares de uso civil e inclusive bombas atómicas portátiles. La teoría de Dimitri Khalezov no solo es factible, además es fácilmente comprobable mediante el seguimiento fotográfico de las excavaciones o los efectos de la radiación ionizante en la salud de aquellos que estuvieron o están relacionados de una forma u otra con la Zona Cero.
EFECTOS DE LA RADIOACIÓN IONIZANTE
El detective John Walcott dedicó cinco meses de su vida a colaborar en las labores de desescombro de la Zona Cero. En sus declaraciones, habla acerca de cómo le ahogaba el aire impuro del bajo Manhattan. También el de Fresh Kills, un basurero de Staten Island donde se depositaban los escombros. A menudo, los detectives solían refugiarse en cobertizos de madera, en un intento por alejarse de lo que Walcott solía llamar "ese condenado mal aire". Un día, estando en el refugio con sus colegas, comiendo barras de dulce y bebiendo refrescos, aparecieron unos agentes del FBI. Estos se encontraban totalmente cubiertos con trajes y máscaras selladas con cintas para ductos. Aquellos agentes, que no se avergonzaban de vestir así delante de trabajadores voluntarios completamente desprotegidos, sabían la verdad, por eso no sufrirán de leucemia o algún tipo de cáncer terminal, como muchos de ellos. El 17 de diciembre de 2007, el detective Walcott fue sometido a un trasplante de médula ósea, sigue viviendo en la actualidad pero lo hace sometido a un tratamiento de drogas inmunodepresoras a fin de prevenir el rechazo del trasplante. No puede salir de su casa, debido a que su sistema inmunológico no existe y cualquier clase de infección podría acabar con su vida. Para quien no sepa lo que significa un trasplante de médula, me veo en la obligación de explicarlo. Este trasplante es requerido para pacientes que sufrieron severas dosis de radiación, ya sea radiación penetrante, radiación por ionización residual o ambas. La médula ósea, que se encarga de la regeneración de la sangre puede ser destruida debido a severas dosis de estas radiaciones, que atacan a sus células con mayor fuerza que a las de cualquier otra parte del cuerpo. Por eso, la mayoría de víctimas de radiación sufren de leucemia. Mientras mayor sea la exposición a la radiación, mayor es la cantidad de células de médula ósea que mueren y en consecuencia, mayor es la leucemia sufrida. En el caso de Walcott, se reprodujo la condición más severa de leucemia y pudo sobrevivir gracias a la sangre de donantes, ya que su propia sangre no lograba regenerarse jamás. Además de leucemia, la radiación ionizante provoca muchos tipos de cáncer y puede afectar a cualquier parte del cuerpo humano e incluso varias a la vez. Para doctores y especialistas en salud poco escrupulosos ha resultado fácil inventar una explicación a los múltiples casos de cáncer relacionados con el 11-S. Ellos pueden decir que el cáncer es debido al asbesto, a gases tóxicos o a partículas de polvo tóxico, pero estos mentirosos son puestos al descubierto cuando se llega a dañar la médula ósea. El daño a la médula ósea únicamente puede ser causado por radiación ionizante, que solo puede provenir de sustancias radioactivas o la exposición prolongada a generadores artificiales tales como los generadores de Rayos X o los aceleradores de partículas. Es precisamente por esto que los agentes del FBI vestían trajes especiales cuando visitaban la Zona Cero. No querían padecer leucemia ni ningún otro tipo de cáncer, de modo que cuando ellos sellaban sus máscaras con cinta para ductos, lo hacían a fin de evitar la inhalación del vapor y polvo radioactivo generado por una explosión nuclear. Un estudio realizado por el Departamento de Salud e Higiene Mental de Nueva York y Long Island realizó un seguimiento de la salud durante el período 2003−2004 de 55.778 inscritos en el Registro de Salud de las inmediaciones del WTC, incluyendo los trabajadores del rescate (21.850 voluntarios). En este estudio, emitido el 31 de diciembre de 2008 fueron reportados 1.187 casos de tumores, 439 de ellos entre los trabajadores del rescate, un índice de aparición de cánceres extremadamente alto para tan poco tiempo. A día de hoy, centenares de estas personas ya han muerto y otras miles están gravemente enfermas. Recientemente, el Gobierno Federal se vio obligado a añadir cincuenta tipos de cáncer a la lista de enfermedades relacionadas con el 11-S. "Añadir estos tipos de cáncer respaldará algo que ya sabemos que es cierto: que nuestros héroes están enfermos, y algunos mueren de cáncer contraído al respirar las toxinas de la Zona Cero", dijo Kirsten Gillibrand, Senadora Federal por el estado de Nueva York. Hasta entonces el cáncer no había sido incluido entre las patologías cubiertas por el fondo de ayuda oficial. Se consideraba que no había pruebas científicas ciertas de que los tumores eran una consecuencia de la exposición a la nube de polvo y agentes tóxicos. No obstante, la presión ciudadana ha obligado al Gobierno a tomar la decisión de incluir más beneficiarios a la llamada Ley Zardoga. Por desgracia, añadir más enfermos a la lista reducirá con toda probabilidad las compensaciones para cada uno de ellos, ya que habrá más personas para beneficiarse de una cantidad ya fijada en 4.300 millones de dólares.
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