Cloe tuvo un colapso y se desmayó.
Ayer viernes, en clase de francés, mientras Cloe se evadía en sus pensamientos y escribía en su diario, alguien de la clase, la observaba. Cloe estaba tan abstraída pensando en por qué habría faltado Dorian al colegio, que no se dio cuenta del gran error que cometió al exponer su más preciado tesoro allí en la clase.
Olvidó que un diario privado nunca debe salir del escondite de su dormitorio.
Sonó la sirena para salir al patio. Todo el mundo salió.
Bueno, todo el mundo menos una persona que se hizo la entretenida detrás de la mesa de la profe. Esta persona se acercó a la mochila de Cloe, rebuscó y rebuscó hasta encontrar lo que quería. Alguien había robado el diario de Cloe.
Alguien se llevó los secretos mejor guardados e íntimos de Cloe.
Alguien quería hacer sufrir a Cloe, y estaba a punto de conseguirlo.
Fragmentos del diario de Evania
16 de julio de 2008
Querido diario, estamos en la casa de campo del abuelo.
Alrededor hay un frondoso y precioso bosque.
El abuelo nos ayudará. Él me aceptó en la familia desde el primer momento.
Es un buen hombre y siempre nos ha apoyado.
Será un abuelo maravilloso para nuestra princesa.
Le estoy muy agradecida y siempre le tendré un cariño especial.
Qué mala suerte que mi padre sea el líder de la manada y no pueda saltarse las normas.
Todos esperan de él, que dé ejemplo.
Su manada o yo.
Mi padre ha elegido seguir liderando la manada.
Yo he elegido al amor de mi vida.
Dos decisiones incompatibles.
Buenas noches.
Evania
17 de julio de 2008
Querido diario, ya falta poco.
Mi cuerpo está preparado.
Estoy deseando tener en mis brazos a mi pequeña princesa.
Ella y yo seremos buenas guardianas de la noche.
Juntas cuidaremos del bienestar y equilibrio de la naturaleza y de los seres humanos. Juntas demostraremos que ambos pueblos pueden convivir en armonía.
La diosa Luna estará orgullosa de nosotras.
Tengo la esperanza de que todo se solucione y podamos ser felices y vivir en paz.
Buenas noches.
Evania
El origen de los licántropos
Hace muchos años, en el siglo IV a.C., la diosa Luna otorgó un poder especial a algunas personas buenas. Les dio el poder de transformarse en lobos y en lobas para cuidar el planeta Tierra y sus habitantes.
Fue el nacimiento y origen del pueblo de los licántropos y de las licántropas.
Durante siglos convivieron en la clandestinidad, manteniendo equilibrio entre la naturaleza y los seres humanos, cuidando y respetando el planeta. Cuando las personas dormían, ellos les protegían sin pedir nada a cambio.
Nadie supo jamás de la existencia de tal pueblo.
Con el paso de los años, los seres humanos se volvieron egoístas, irresponsables y malvados contra ellos mismos.
Hubo guerras y más guerras, destrucción, fuegos, deforestación y constante contaminación. Todos esos sucesos transformaron los bosques, las montañas, los valles, ríos y mares, en lugares poco habitables para muchos seres vivos. Todos esos problemas, junto con el cambio climático y la caza sin control, provocaron casi la extinción de este mágico pueblo de lobos y lobas.
Los licántropos, decepcionados por el comportamiento de los seres humanos, dejaron de creer en ellos y dejaron de cuidarlos.
Tan solo se dedicaron a subsistir y a no desaparecer.
Con el paso de los siglos hasta la actualidad, tan solo perduró una pequeña manada, cuyos descendientes sobrevivieron con mucha dificultad y gracias al cumplimiento de unas normas muy estrictas. Los últimos nuevos líderes, el hombre lobo Orus y la mujer loba Tana tenían una única hija, llamada Evania, la cual debía unirse con el gran hombre lobo Edon para seguir perpetuando la manada.
El destino, la casualidad o la caprichosa naturaleza quisieron que Evania se enamorara de un hombre no licántropo. Evania se enamoró de un humano, y por suerte o por desgracia, él también se enamoró locamente de Evania.
Evania y el humano siguieron viéndose a pesar de estar prohibido, pues según la ley que este pueblo forjó a fuego, nunca jamás debía permitirse la unión entre un licántropo o licántropa y un ser humano.
Cloe estuvo inconsciente dos eternos minutos. Su padre y su abuelo la tumbaron en el sofá, le dieron aire con un abanico, y al instante Cloe reaccionó y abrió los ojos. Lo que pasó a continuación preocupó más todavía a su padre.
Cloe empezó a llorar y a gritar desconsoladamente tapándose la cara con las dos manos.
—¡No, no, no! ¡No puede ser! ¡Mirad, mirad lo que había dentro de la bolsa! ¡Alguien me robó mi diario, papá! ¡Es una desgracia! ¡Alguien habrá leído mis secretos! ¡Me siento vulnerable y desnuda! ¡Abuelo, no puedo soportar tanto dolor! ¿Por qué, por qué, por qué…? ¡Yo respeto a todo el mundo! ¿Por qué han tenido que traicionarme de esta manera? ¡No es justo! ¡Buaaaaa, buaaaaaa!
—Pequeña Cloe, como abuelo con mucha experiencia en la vida, te digo que esto no es tan grave. Tranquilízate, mi pequeña —le susurraba su abuelo.
—El abuelo tiene razón, cariño. Todo tiene solución y esto es una chiquillada. Es una broma de mal gusto, pero nada más. Cálmate, mi niña. No debes sufrir por estas tonterías —le aconsejó su padre.
—¿Tonterías, papá? ¿Cómo puedes decir que son ton-te-rí-as? ¡Papá, estamos hablando de mi diario! ¡Estamos hablando de montones de sentimientos y secretos que están aquí guardados en mi diario, y que alguien los ha leído toooo-dooos! ¡Tú no me comprendes! ¡Aaah! ¡Tengo un cabreo de mil demonios! ¡No puedo controlar mi ira! ¡No volveré a escribir en un diario nunca, nunca, nunca, jamás! ¿Pero en qué estaría yo pensando para llevarme el diario en la mochila? ¡Uuuff, no puedo creerlo, he sido una estúpida! —se lamentaba Cloe.
—Hija, en serio, esto no tiene importancia. En la vida hay verdaderos problemas como para preocuparse por una tontería. Y si a ti te gusta escribir en tu diario, no dejes de hacerlo.
—¡Papá, no es una tontería! Es mi diario. Aquí tengo cosas escritas muy íntimas y privadas. ¡No volveré a escribir en un maldito diario nunca más! ¡Nunca más!
Cloe empezó a experimentar algo extraño en su cuerpo. Era como si alguien empezara a tirar y a tirar de sus orejas para ponerlas alargadas y grandes, su olfato se agudizó y pudo oler cada rincón de su casa y de la calle, incluso pudo oler un olor diferente y desconocido en su diario. Sus manos empezaron a cubrirse de pelo recio y negro; su boca se quedó pequeña para esos dientes que crecieron como si de un monstruo se tratara. De buenas a primeras su ropa se rajó y encogió. Le pareció que la habitación encogía un poco, y pudo escuchar el sonido de varias hormigas que había en el suelo. Sin esperarlo, soltó un aullido que retumbó en todas las paredes del salón.
Cloe ya no era Cloe. Ahora era una chica loba.
Óscar y Corban abrazaron a Cloe para que se calmase.
Sandy empezó a lamerle las piernas, o mejor dicho, las patas de loba, para mostrar su cariño.
Quedaba claro que Cloe ya estaba iniciando su transformación, y ellos debían explicárselo todo.
—¡Papáááá, abueloooo! ¡Qué me ocurre! ¡Estoy soñando otra vez y parece más real que nunca! ¡Quiero despertar, quiero despertar! ¡Socooorooo! ¡Qué alguien me despierte! ¡Papá, abuelo, ayudadme!
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