Leonel dice que visto con ropa rara y que esos mocos verdes me quedaban bien para mi estilo. Él sí que parece un mocoso haciendo esas chorradas de niño chico.
Azai, como todos los días, es un bruto y descuidado, y en clase de plástica me rompió sin querer mi bloc de dibujo, pero no se lo dije a nadie. Tampoco se lo dije a la seño. No quiero que le castiguen, además, paso de ser la chivata de la clase. Imagino que él no se da cuenta de que es un bruto. Por lo menos me pidió perdón.
Buenas noches.
Cloe
Miércoles 20 de noviembre de 2019
Querido diario, Basil es un sol y todos los días es muy amable conmigo. Tiene una pequeña discapacidad auditiva y debe llevar audífono. Menos mal que me di cuenta a tiempo, porque estuve a punto de comentarle que se quitara esos auriculares tan chulos porque la seño le iba a regañar. ¡Menos mal que no hice ese comentario tonto e inoportuno! Me cae genial. Hoy ha sufrido una broma de Leonel, y yo me he enfadado mucho, el corazón me latía muy deprisa y a punto estuve de plantarle cara a Leonel, pero al final no me atreví. La seño lo solucionó todo.
Dorian es… es… muy guapo y me da vergüenza mirarle a los ojos, a esos ojazos marrones preciosos. Me encantan las pecas que cubren su cara, y me encanta el color rojizo de su pelo. ¡Aaah…, Dorian tiene los colores del fuego! Lo que más me gusta de él, es su timidez. Todavía no sé cómo es su voz. La verdad es que en estos ocho días que llevo en el colegio, no le he escuchado hablar ni una sola vez.
Y en el recreo… tampoco le veo, ¿dónde se irá?
Los demás chicos también me siguen llamando «la rarita», pero a mí me da igual, porque ser «rarita» no es nada malo.
Buenas noches.
Cloe
Jueves 21 de noviembre de 2019
Querido diario, Dorian es muy… muy guapo e interesante.
Hoy le pillé mirándome.
No eran imaginaciones mías, ¡me estaba mirando!
Me puse roja y mi corazón empezó a latir muy deprisa.
¿Se habrán dado cuenta en clase?
¿Habrá escuchado alguien los latidos de mi corazón?
Pero es que sinceramente creo que me gusta.
Creo que me gusta mucho.
Daría cualquier cosa por un beso de Dorian.
Mañana intentaré hablar con él.
Ya me he puesto nerviosa.
Mañana me pondré mi camiseta monster y mis vaqueros rotos negros.
Le diré al abuelo que me haga ese superpeinado que tiene tanto éxito.
¡Y por supuesto, me echaré un poquito de mi perfume preferido!
Buenas noches.
Cloe
Viernes 22 de noviembre de 2019
Puafff, querido diario, hoy Dorian no ha venido a clase.
El lunes intentaré hablar con él.
Bueno, pues voy a guardarte en mi mochila porque estoy en clase de Francés y me van a pillar.
Es que esta clase es un rollo. Me aburro una barbaridad. Mi abuelo me enseñó a hablar y a escribir francés e inglés, y tengo que estar aquí aguantando este tostón.
En fin… Esta noche te cuento más.
¡Hasta luego!
¡Gracias por guardarme mis secretos querido diario! ¡Ja, ja, ja!
Cloe
Pinceladas de la vida de Cloe
Cloe era una niña introvertida, algo vergonzosa y tremendamente lista e independiente. Cloe tenía unas características físicas muy peculiares que la diferenciaban del resto de compañeras y compañeros de clase.
Cloe sabía que no era muy común tener un ojo de color verde agua y otro de color negro, y que no era muy común tener orejas puntiagudas como una duendecilla, y colmillos grandes y afilados como un lobo, pero ella lo llevaba bien. Simplemente se veía un poco fea.
Tampoco era muy común que le apasionase la oscuridad y no le tuviese ningún tipo de miedo. De hecho, le encantaba pasear por las noches para observar y escuchar el paisaje nocturno.
Desde muy pequeñita empezó a elegir ropa muy diferente al resto de las niñas, le encantaban las camisetas y sudaderas «de chicos» y los pantalones elásticos. Nada de medias, nada de faldas incómodas y nada de blusas abotonadas.
Cloe tenía su propio estilo, una mezcla entre estilo gótico y roquera con un toque muy coqueto, en definitiva, tenía un estilo muy Cloe.
Cloe aún no tenía amigas ni amigos porque llevaba poco tiempo en el nuevo colegio. Su familia, una vez más, se había mudado de pueblo, y para ella era un fastidio volver a empezar de nuevo. Era un fastidio cambiar de casa, cambiar de pueblo, y sobre todo era un fastidio cambiar de colegio. ¿Por qué habían tenido que mudarse otra vez más?
Cloe siempre escuchaba atenta las respuestas de su padre:
—Cariño, cuando llegue el momento de tu transformación lo entenderás. Cuando seas como tu madre, podrás decidir y defenderte si hiciera falta. Pero ahora, debo protegerte. Te quiero demasiado para permitir que te ocurra algo —le decía su padre.
—¡Papá, no entiendo nada! ¿Protegerme de qué? ¿Mi transformación? ¿Te refieres a mi primera menstruación? ¡No creo que eso suponga mucho cambio en mí! ¡Tan solo consiste en llevar compresas durante algunos días, menuda chorrada! ¡Ya estoy informada de todo! Y, papá, ¿de qué tienes miedo? ¡Hace años que no creo ni en fantasmas ni en monstruos! ¡Ya estoy en 6º de Primaria! ¡Estoy cansada de cambiar de colegio! ¡Nunca tendré amigas porque es imposible mantener la amistad en la distancia, y además tampoco me dejas estar en redes sociales porque soy menor! ¡Ni siquiera tengo móvil, papá! ¿Te lo puedes creer? ¡Seré la única chica de 6º que no tenga móvil! ¡Las amigas del anterior colegio recibieron de regalo un móvil en la fiesta de su primera comilona, o comunión, o cómo se diga! ¡Y mamá, por lo que me contáis, era especial! ¡Nunca seré como ella! ¡Y para colmo nunca pude conocerla! ¿Por qué tuvo que morir? ¡No es justo, no es justo! ¿Por qué tuvo que morir? ¡Tengo ganas de enfadarme! ¡Aaah! ¡Aaah! ¡Y ahora, en otro colegio nuevo! ¡Estoy harta, papá! ¿Me escuchas? —contestaba Cloe, enojada y llorando a gritos.
En ese momento, su padre, con sonrisa amable y triste, con ojos brillantes que querían llorar pero no debían, abrazaba a su hija y la colmaba de besitos y abrazos.
—Hija, tendrás un móvil a su debido tiempo, todavía no lo necesitas. Confía en mí, cariño. Ya sé que eres una campeona valiente que no teme a nadie ni a nada, pero… hay algo que debo contarte… Nunca encuentro el momento… No sé por dónde empezar, pero un día de estos nos sentaremos tranquilamente y te lo contaré todo. Un día te explicaré por qué hemos cambiado otra vez de pueblo…
Pero ¿en serio que no te gusta este pueblo? Elegí Salar entre miles de pueblos por los lugares encantadores y mágicos que tiene… ¡Ya los descubrirás y los disfrutarás! Además…, no creo que aquí puedan encontrarte…
Entonces Cloe se calmaba, le devolvía los abrazos, lloraba y reía, todo a la vez, y se rendía al cariño sincero de su padre, guardando su enfado y frustración para otro momento.
—Papá, la verdad es que este pueblo… no me disgusta, te lo confieso.
¡Ay, papá, tú y tus misterios!… Pero bueno, ya me lo contarás otro día. Ahora me duele la cabeza y no tengo ganas de pensar en nada…
Cloe ya estaba acostumbrada a cambiar de casa, de pueblo y de colegio, y sabía que saldría adelante. Además, Cloe tenía una familia maravillosa, tenía a su padre, Óscar, a su abuelo paterno, Corban, y a su perrita Sandy, una preciosa y peluda pastora alemana.
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