El oro es un buen material para conservar valor, no se puede falsificar, es resistente, difícil de destruir y mantiene una stock-to-flow ratio alta gracias a su escasez y su dificultad de extracción. Una vez los tres aspectos principales se cumplen, se empiezan a valorar otros aspectos como la divisibilidad, la portabilidad, la facilidad de transferirlo y guardarlo o la facilidad para detectar falsificaciones.
2.2. El dinero durante el Imperio romano
En un mundo donde el oro ya se posicionó como material principal para conservar valor, surgieron períodos de estabilidad y expansión comercial que dieron lugar, en parte, al nacimiento de grandes imperios. Un ejemplo es el romano.
El gobierno creó una moneda basada en oro que era más vendible que el oro en sí mismo. Era más fácil de reconocer, transportar, facilitaba el intercambio… La gente confiaba más, estaba estandarizada y hacía más fácil el comercio. Esta —creada por Julio César— fue la primera moneda sólida de la historia. Se llamaba áureo y constaba de ocho gramos de oro por unidad.
Figura 1. Primera moneda sólida de la historia: el áureo de Julio César
El caso del Imperio romano nos ayuda entender la importancia de una moneda sólida en una sociedad y los perjuicios que conlleva que haya alguna entidad con el poder de manipularla y hacerla cada vez más débil.
El caso es que, con los años, los diferentes césares fueron devaluando la moneda. Si inicialmente tenía ocho gramos de oro por, el gobierno empezó a emitirlas reemplazando este por metales de menos valor. Llegó el punto en que la moneda se devaluó tanto —siempre con el fin de financiar los caprichos de la nobleza y las guerras— que la sociedad simplemente se derrumbó. Los precios subieron y la población pasó de tener monedas para poder comprar y comerciar, a tener trozos de metal con el que no podían comprar nada, principalmente porque era solo eso: metal.
La situación era tan crítica que a los productores ya no les salía rentable producir, haciendo que el comercio se colapsara y que los productores adoptaran economías más de subsistencia, rompiendo todo el comercio que se había creado durante muchos años de prosperidad.
El resultado fue la separación del Imperio romano y la entrada en la Edad Media, un periodo de más de mil años de baja prosperidad. Y no es que la población no fuera capaz de generarla, sino que no existía ninguna forma de dinero sólida, como fue el áureo, que permitiera a la sociedad prosperar y expandirse económica y comercialmente.
La realidad es que las verdaderas causas del fin del Imperio romano como civilización conectada comercial y económicamente fueron estas recetas económicas que hoy nos resultan muy familiares.
2.3. El dinero durante el Renacimiento
La suerte cambió a partir del Renacimiento cuando, en Florencia, la familia Medici (los primeros banqueros del mundo) crearon la segunda gran moneda sólida de la historia: el florín. En aquella época surgieron los primeros bancos, que básicamente ofrecían un servicio de custodia. La población guardaba de forma segura su oro en las bóvedas de los bancos a cambio de un coste. Con el tiempo, los bancos empezaron a crear «papeles» o letras que representaban aquel oro depositado en sus cajas fuertes. El papel, respaldado por oro, era más vendible que el oro en sí mismo, era más fácil de transportar y de intercambiar, y era más divisible. Aunque tardó unos cuatrocientos años en establecerse, finalmente el papel moneda respaldado en oro se acabó imponiendo sobre las propias monedas de oro.
Figura 2. Monedas acuñadas en Florencia durante la Edad Media
Este evento impulsó la aparición del sistema que más prosperidad y expansión económica ha generado: el patrón oro. Los gobiernos terminaron creando bancos centrales que acumulaban el 100 % del oro y después emitían el papel moneda estatal correspondiente. El proceso por el que los bancos centrales se fueron imponiendo y expropiando el valor de los bancos comerciales fue de lo más interesante. Básicamente el gobierno se dio cuenta del poder que representaba tener el control sobre la moneda. Hay un libro que te recomiendo, si quieres profundizar sobre el tema, que me dejó fascinado: ¿Qué ha hecho el dinero con nuestro dinero?, de Ludwig von Mises.
La vendibilidad de esta nueva forma de dinero no tenía precedentes. Era mucho más fácil de transferir y transportar y seguía siendo sólida porque mantenía las características del oro. En pocos años, las sociedades occidentales vivieron el momento de máxima expansión económica y comercial. Esta época, liderada por Gran Bretaña, se conoce como la belle époque y duró desde 1871 hasta 1914. Estuvo caracterizada por el libre comercio, importantes inventos y el nacimiento de una economía global. Esto dio paso a grandes inversiones y a la creación de enormes empresas que permitieron el inicio de la industrialización y la urbanización.
2.4. La Primera Guerra Mundial y el fin del patrón oro
En 1914 el mundo se vio inmerso en el inicio de la Primera Guerra Mundial, que terminó provocando la abolición del patrón oro en la mayoría de países.
Esta guerra, por primera vez mundial, es diferente a muchas otras, y ahora entenderemos por qué. Más que una guerra de armas, fue una guerra monetaria. En los años anteriores las guerras duraban hasta el punto en que la casa real o el gobierno de uno de los países se quedaba sin dinero para financiar las batallas. Esta guerra, en cambio, fue diferente a las anteriores ya que por primera vez los gobiernos, a través de los bancos centrales, tenían el control no solo de su riqueza, sino de la riqueza de toda la población.
El tipo de dinero que utilizaban los ciudadanos eran papeles respaldados por el oro que el banco central tenía guardado en sus cajas fuertes, y los gobiernos podían ir imprimiendo tanto dinero como quisieran aunque no estuviera respaldado por oro, y así financiar la continuación de la guerra. Esto, lógicamente, obligó a los países a abandonar el patrón oro.
Figura 3. Porcentaje del PIB correspondiente al gasto estatal. Broadberry & Harrison, 2005, p. 15
Tal fue el nivel de impresión de dinero por parte de los gobiernos, que hasta que uno de los bandos (Alemania principalmente) no llegó a la hiperinflación —empobreciendo así a toda su población—, la guerra no terminó. Durante los siguientes años, Alemania se vio inmersa en un momento de crisis e inestabilidad absolutas: habían generado tanto dinero que este, en sí mismo, ya no tenía valor.
Figura 4. Variación de la tasa de inflación. Broadberry & Howlett, 2005
Una de las pocas economías europeas que no renunció al patrón oro y que se abstuvo de aplicar políticas monetarias altamente inflacionarias fue Suiza. En consecuencia, el franco suizo vio como todas las otras monedas estatales se devaluaron a velocidades alucinantes.
Figura 5. Depreciación de las monedas nacionales frente al franco suizo durante la Primera Guerra Mundial - George Hall, «Exchange Rates and Casualties During the First World War», Journal of Monetary Economics, vol. 51
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