Me acerque al organismo oficial, y llené una planilla, con mis datos personales.
Me enviaron a la calle Chacabuco n°241 casi esquina Alsina con una orden firmada y sellada por la secretaría estatal.
Me presenté a Don Carlos Giberti.
Con él cumplí mi primer empleo formal, donde desempeñé durante tres años tareas como vendedor de mostrador, despachando especias y frutas secas... en “Casa Tesoro”.
Esa importante empresa se especializaba en condimentos importados para restaurantes y familias, principalmente de costumbres europeas.
“(Allí me alimenté nutriéndome con abundantes higos secos, nueces, almendras, y otros frutos secos. (A vista gorda del empleador). Hasta que cobré el primer sueldo.”
Con aquellos alimentos consumidos gratuitamente, las changas convenidas, lavando los domingos, los pisos del local, y con la ayuda del quiosco, me permitieron ahorrar lo suficiente para pagar la cama de la pensión y sufragar mis comidas. Pude también proveerme nuevas vestimentas.
Años después, en el mil novecientos cincuenta y uno al regresar del servicio militar, le solicité volver a mi puesto de vendedor.
Don Carlos, reconoció, con afecto, que era conveniente aceptarme, diciendo: –Es mejor ser reconocido, aunque te comas todas las frutas–
Dado de baja”, Al retirarme del ejército me calificaron como subteniente de reserva.
El capitán de la compañía pensando en que tenía capacidad de mando, me llamó a su despacho para promover mi ingreso al Colegio Militar de Palomar. Deseché su propuesta por falta de vocación.
¿ Destino?... MALVINAS
El dos de abril del mil novecientos ochenta y dos, viajaba por negocios camino a la cuidad de La Plata, a mitad de camino, escucho emocionado que habíamos recuperado a nuestras queridas Malvinas.
Días más tarde, me dirijo al comando en jefe del ejército argentino y me presento como voluntario para defender a mi patria, no me aceptaron por tener más de cincuenta año de edad.
Pasado algunos años para mi sorpresa y honor recibí un diploma agradeciendo mi voluntariado.
Se lo entregué a mi nieto Agustín, que es quien atesora mis recuerdos, un collar con un diente mío, la brocha de afeitar y navaja que usara mi padre, y entre otras cosas mis diplomas literarios y mi plato de cuando fui presidente de Rotary Club de Castelar.
Por lo anterior casi fui militar, no, por acompañar a un gobierno defacto, solamente me presenté como voluntario por amor a la patria.
Cuando regresaron no supimos recibir a nuestros héroes soldados...fuimos insensibles
Los he visto vestidos de fajina, deambular por los trenes de pasajeros pidiendo ayuda
Para enfatizar su dolor escribí este poema en su honor
PAÍS CALLADO
Volví a vos tierra lejana, a tus piedras y a tus islas.
Desde niño te imaginaba... ¿acaso aguardabas mi barco de papel?
...
Volví al clarear, en un día de frío silente,
Para rescatarte, hermana encadenada.
Corrí bajo el alucinante fuego de la metralla,
Y marcar mis huellas, entre las huellas,
De los que yendo a honrarte...van a morir.
¡Mírame!
Soy quien regresa después de la batalla
Y te pregunta país callado,
¿El porqué de tu silencio?
¿Porque siento mis manos huérfanas de caricias?.
Dime... ¿cómo sanaran mis heridas?... ¡las de adentro!
...
Allá deje entre los socavones
Las latas vacías, la yerba cebada, mi fusil... y la inocencia.
...
¡Mírame país callado!
¿Dime ahora el porqué de tus silencios?
¿Acaso no escuchas el clamor de los que todavía respiramos pólvora
¿Y en los tímpanos el grito de los que se perdieron?
...estoy de regreso.
y ya quiero volver a mis Malvinas
En una adolescente aurora,
Para mirar cielo y limpiar de mis ojos las bengalas,
Que no me dejaron ver el azul celeste de tu gloria.
...
Y caer de rodillas sobre los montículos de las cruces blancas,
Donde duermen los héroes,
Que ya sin sueños, con el alma desterrada
Saben más de la muerte que de la vida.
Con los años aprendí que la búsqueda del destino no tiene que ser forzosamente material.
Que es fundamental que la meta, fuera de la convertirme en un hombre de profundas convicciones Honesto y responsable. Ser respetado y reconocido como tal. Al reconocer mis culpas anteriores, aprendí odiar las mentiras
“Quien no reconoce su pasado no puede orientar su futuro, que la experiencia es la suma de errores”.
Sí hoy me preguntaran... ¿Cuál es el secreto del éxito ¿... diría que es el sacrificio, pero con los años te das cuenta también, que se trata disfrutar las deberes cotidianos.
Si sueñas dale alas a tus sueños
“Para triunfar es necesario que el esfuerzo sea vivido con pasión”.
Tomar conocimiento de las obligaciones y cumplirlas más allá de los derechos.
Que la conquista del hombre no se mide por lo que tienes, sino por quien quiere compartirlo. Que toda relación necesita la suficiente energía que nos lleve más allá de lo cotidiano. Qué nuestros peores tiempos nos definen cuando aceptamos los riegos y luchamos con perseverancia.
Con pan, trabajo y cama asegurada”,...
Pensé en mis padres
“Ellos soñaban que su hijo mayor, fuera universitario, para convertirse en el primer profesional de la familia... Todos le imaginaban entonces, abogado o ingeniero.
Con los años y muchas experiencias me hicieron “Profesional en Ventas”
En cierta medida cumplí sus deseos.”
*****
Ya en la pensión, en el cuaderno que había llevado, empecé a escribir pensamientos dolidos, salidos desde esa desafiada soledad. No recuerdo lo escrito, los he perdido, también la pequeña maleta.
Me pregunto: ¿Qué habría sido mi vida, si hubiera reflexionado sobre el abandono de mi hogar.
Cómo era de esperar, pagué por ellas. Por aquellas horas desperdiciadas,
Por Las negaciones de los tiempos idos, en la ahora lejana barranca.
En el año mil novecientos cuarenta y ocho, regresé a Rosario para tramitar mi libreta de enrolamiento.
Llegué a la que fuera mi casa, la de mis padres, caminé por ese pasaje Irigoyen (como llamaban a mi cortada, de calle muy angosta, sin pavimento y de estrechas veredas desparejas).
Mamá, esperaba en la puerta con los brazos abiertos, lágrimas y sus besos me llenaron de caricias..
Con los tiempos me fue posible empezar a sentirme perdonado.
Mis padres me abrazaron con la grandeza de los que aman.
Recorrí mi barrio, con el Cholo, mi leal amigo de la primera juventud, nos reencontramos en El Cairo, tomamos un café y entre cubiletes y dados, surgieron preguntas y repuestas.
Con respecto a Luisa, la de los primeros besos adolescentes, borrón y hasta nunca. Hace años en un llamado me respondió “yo a usted no lo conozco”– y corto el teléfono. Estoy seguro que jamás perdonó mi abandono. Cholo estaba casado con Margarita.
Años después encontré a Julia mi verdadero y único amor, quien me acompaña hace más de sesenta cuatro años.
*****
EL AÑO BISIESTO
...Las primaveras siguieron sumando frecuentes idas y venidas a Rosario
Hasta que, en una despedida, para él nunca más.
Mamá, con los manos en alto saludó su adiós.
No sabía en ese momento, que sería el de la última vez, en que la vería con vida.
A lo lejos escuché su promesa.
—“Negrito cuando vengas te regalaré una camisa” –
La oí, giré, la vi con sus brazos en alto con un pañuelo en su mano... ..después caminé sin volverme.
Esas fueron sus últimas palabras que escuche en vida de mi madre.
Sonido e imagen que todavía repiquetean en mis recuerdos.
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