Le he llevado dulces a su habitación para aliviarla un poco, y ahora me encuentro buscando desde mi portátil un trabajo de medio tiempo.
El único problema es que soy una buena para nada.
Pero una buena para nada muy hermosa, eh.
Después de clases, me doy una vuelta por la ciudad para buscar alguna oportunidad. Mis ilusiones al inicio están como un globo aerostático que se mueve al viento sin rumbo y con una esperanza del tamaño de Charlotte, pero después de tres puertas cerradas y un “eres rubia y parece que no sabes lavar ni tus calzones” mis ganas se asemejan más a un globo de tripa.
Empiezo a resignarme a esto de ser autosuficiente. Jamás encontraré trabajo y jamás podré ayudar a mamá. Lo único que hago por ella es hacer que su banco la llame para ofrecerle créditos por su buen poder “adquisitivo” y mostrarle cuál es el spa de moda cada año. Me temo que no podré hacer más, o al menos durante el tiempo que las empresas dejen de poner como requisito diez años de experiencia y te pidan una edad mínima de 18 y máxima de 25. Incoherencias de la sociedad.
Con los tacones matando mis delicados pies, decido entrar a una cafetería y tomar asiento en una de las mesas. No tengo mucho dinero, así que solo estoy dispuesta en ordenar un té helado. Por unos minutos, espero que alguien me atienda hasta que un chiquillo de cabello muy, muy rizado se acerca a mí con una sonrisa que podría juzgarse como una de las más bonitas que he visto.
—Buenas tardes, ¿qué va a ordenar?
Sus ojos verdes me dejan un poco impactada como por tres segundos, seguido de esto tomo la cartilla y finjo que no me agrada nada del menú hasta finalmente decir:
—Solo quiero un té helado.
—¿Está segura? Nuestros sándwiches de jamón, tocino y queso son una delicia. Y ni hablar de nuestra salsa picante, es la mejor de toda la ciudad.
Sonrío. El chico es agradable.
—Bien —sonrío—. Suena genial, pero ahora no tengo tanto apetito. Solo un té helado, por favor.
De hecho, sí la tengo, llevo toda la tarde buscando un trabajo y estoy sedienta, pero no tengo dinero y menos la intención de gastar los pocos billetes que traigo cuando mi familia enfrenta una crisis económica.
—Un té helado será —el ojiverde mantiene la sonrisa traviesa como por tres segundos, aclaro la garganta y él se sonroja. Sonrío. Es tan tierno, es como si fuese una ovejita bebé.
—¿Pasa algo? —pregunto.
—Disculpe, bella señorita. Es mi primera semana y no puedo creer que sea tan afortunado.
—¿Afortunado?
—Mis amigos decían que era un perdedor por trabajar en una cafetería en donde sus comensales solo eran señoras jubiladas, pero la veo a usted y ¡Wou! —suspira.
Emito una pequeña risa.
—Perdona, ¿aquí aceptan menores de edad?
El ríe.
—Eso me dolió.
—Lo lamento, no fue mi intención —digo en tono divertido.
—De hecho, pronto cumpliré dieciséis —aclara en un tono bastante orgulloso.
—¡Vaya!
—¿Diecisiete? —me pregunta.
—Diecinueve y pronto veinte —digo apenada.
—¡Genial! —dice él haciendo un movimiento de triunfo con su brazo.
Solo me limito a reír, claramente no saldría con este niño bonito. Sería como salir con un niño de stranger things, sería como enamorarme de Mike Wheeler.
Bueno, lo confieso, me encanta Mike Wheeler.
—Oye, en serio, necesito mi té helado. Estoy sedienta.
—Claro, ahora mismo voy por él.
El muchacho corre al mostrador, entra a la cocina solicitando mi pedido y me deja muy enternecida en mi asiento.
Mientras tú me ignoras Loann Cooper, un niño de quince años me enamora.
Dos minutos después, tengo nuevamente al ojiverde frente a mí con una fuente de té helado, un sándwich de jamón y un pastel de durazno.
Miro todo completamente confundida.
—Oye... yo... no... —tartamudeo.
—Sé que tienes hambre. No hay de qué preocuparse. Además, vi esto en un video y siempre quise hacerlo.
—No, en serio. No es necesario que lo hagas.
—Insisto, quiero ayudarte. Solo te pido algo a cambio —sube las cejas a lo que yo activo mis reflejos de defensa.
—Mira casanova, no sé lo que pretendas, pero no salgo con menores de edad.
—Es una broma —dice de inmediato—. Ya lo pagué, además la torta es para mí. Mi turno acaba de terminar.
—Cenarás aquí —deduzco.
—Antes debo consultártelo: ¿Puedo sentarme contigo?
Mis ojos se entrecierran tratando de adivinar sus oscuras intenciones, sin embargo, este muchacho tan dulce e inocente no parece ser peligroso. Solo es un niño que nunca ha visto una mujer tan hermosa como yo.
Está bien, entiendo su fascinación.
—Sí puedes, adelante.
Su enorme sonrisa vuelve. Es linda y es contagiosa, es del tipo de sonrisas que ilumina tu día. Bueno, tarde, porque llevo muchas horas siendo una desempleada.
—¿Puedo saber tu nombre?
—Soy Defne —me presento, estirando una mano. Él la toma y aprieta fuerte.
—Soy Theo. Theo Burckhardt y estoy a tus órdenes.
Sonrío mientras estrecho su mano. Siento como si acabara de conocer a un pequeño ángel en mi vida.
—Mucho gusto, casanova.
Él emite una carcajada y yo otra. Y pronto nuestra conversación se vuelve tan fluida y entretenida, que pierdo la noción del tiempo. Theo me cuenta acerca de su escuela, de sueños de ser fotógrafo, guitarrista, empresario y muchas otras cosas más, así como de su necesidad de viajar por todo el mundo. Siendo este el motivo principal que lo llevó a buscar un trabajo. Por mi parte, me concentro en preguntar lo más importante… ¡¿Cómo rayos hizo para conseguir trabajo siendo y luciendo como un niño?! Su respuesta a todo es: Simpatía.
—Papá siempre dice que la simpatía es la clave para lograr mucho éxito con las personas.
—Pues hizo un buen trabajo contigo, sabes cómo ganarte la confianza de la gente. Estoy segura de que eres una mina de oro para tu jefe.
—Eso lo heredé de mamá —dice con el mentón en alto.
—Papá simpático y mamá gentil, debes tener una familia muy hermosa—respondo, dejando que por un momento mi mente me lleve a mi desestructurada familia.
—¡Oye! —chilla. Provocando que de un pequeño salto en mi asiento—. Tengo una tía... bueno no es mi tía, pero siempre le he dicho así desde pequeño, el punto es que ella necesita una niñera para su hija. Por las tardes ella y su esposo no están en casa, así que necesitan que alguien cuide de mi primita. ¡Puedo recomendarte!
Mi boca se abre en una gran “o”. Ser niñera me asusta un poco, siempre he tenido mal genio con los niños, pero podría intentarlo. Por demostrar que puedo ser útil y ayudar a mamá, haría cualquier cosa.
—¿Lo harías? —pregunto.
—Claro que sí. Ya eres mi amiga, porque... ¿ya eres mi amiga? ¿cierto? —su rostro luce preocupado.
Le obsequio una sonrisa.
—Sí, Theo.
—Mierda, Dante y Laslo no me creerán esto —dice, para luego apoyar su rostro en una mano mientras emite un largo y soñador suspiro. Le obsequio una sonrisa de agradecimiento a mi nuevo y buen amigo Theo. Esperando que la posibilidad de un nuevo trabajo me lleve a olvidarme por un momento de él. De Loann. Mi té helado.
Décimo tercer
Intento
Utiliza el transporte público para ir a la universidad, definitivamente, no está dentro de mi lista de cosas lindas por las mañanas. Sé que pagar un taxi de mi casa a mi centro de estudio no es un dinero significativo en el bolsillo de mamá, pero ahorrar es primordial en estos momentos y yo intento no ser un estorbo mientras puedo.
Encontrar a Lesly en uno de los asientos de en medio, me hace sentir más segura. Tomo asiento a su lado y ella me sonríe.
Читать дальше