Debo conseguir un trabajo, maldita sea.
Una voz desde la puerta de la habitación, me hace regresar a mi posición inicial. Veo a Loann en el umbral de la puerta.
Mis ojos se iluminan, si no estuviera tan triste por mi madre sonreiría como una tonta.
Sigue aquí, ha pasado una hora y él sigue aquí.
—¿Puedo pasar?
Asiento. Loann hace lo mismo, mantiene los brazos detrás de su espalda y camina lentamente hacia el otro extremo de la camilla. Lo observo embobada por unos segundos, admirando lo lindo y tierno que se ve incómodo, es como derretir por un momento una de sus capas de hielo o derribar una parte del muro que hay entre los dos.
Sus ojos azules vagan entre los rincones de la habitación como si no supiera qué decir. Decido empezar a hablar para aliviar la tensión del momento.
—Gracias por acompañarme.
Por primera vez en el escaso tiempo su mirada cae en mí. No sonríe, pero si me regala un gesto amable. Mira a mi madre quedándose pensativo hasta que se anima a hablar nuevamente.
—¿Ella está bien?
—Se fracturó la muñeca derecha, pero se recuperará pronto.
—Olvida las fiestas de los viernes un par de semanas —comenta, en un tono en el que yo capto algo de reproche.
Mis ojos se achican al devolverle la mirada.
—Haré más que eso —digo, regresando la vista hacia mi madre, Loann vuelve a mantener silencio y yo me animo a hablar para no sentir que esto se está convirtiendo en algo muy incómodo—. No tienes que quedarte.
Su respiración es calmada mientras nuestras miradas se conectan.
—Puedo esperar un poco —dice tomando asiento en uno de los muebles de la habitación.
Mi corazón estalla de felicidad y la esperanza vuelve a encenderse como una fogata en medio de mi corazón.
—Mamá está bien —digo forzada—. Disney debe estar hecha una fiera.
—¿Y tu padre? —pregunta él, tomándome con la guardia baja.
—Con su otra familia —respondo sincera.
De reojo trato de mirar su reacción, pero no parece inmutarse ni un poco.
—Perdón —lo escucho decir.
—No te disculpes por algo que tú no has hecho.
—No quise ser indiscreto.
Sé indiscreto conmigo, sé lo que quieras, mi amor.
—No importa —digo seria, mirando hacia mamá.
—Mi abuela es doctora. Ella puede ayudarte en lo que desees. Conoce a muchos especialistas y estoy segura de que podría conseguirte todo sin costo alguno.
—¿Crees que no tengo dinero?
Loann ríe.
—Trato de ser amable.
—¿Con Defne Prinsloo la chica por la cual tu padre te sermoneaba? —esta vez lo miro fijamente, pero mis ojos no encuentran los suyos.
—Con mi compañera de taller.
Qué hermoso suena que él se refiera a mí como algo suyo, aunque solo sea “ su compañera de taller”.
Vamos avanzando.
Un minuto después, el silencio vuelve. Sin embargo, a mí me agrada. Bueno, puede que sea inquietante tener a Loann Cooper a escasos centímetros de mí y no preguntarle absolutamente nada de lo que siempre he querido saber, pero su cercanía en silencio me agrada tanto que empiezo a disfrutarla. El saber que está aquí pensando tal vez de una manera remota en mí y en mi madre, me gusta. Es como tenerlo para mí, aunque sea de manera momentánea.
—Recuerdo a tu madre.
Sus palabras me toman desprevenida.
—La recuerdo en los eventos escolares, siempre fue amable conmigo.
—Nunca hablaste con mamá —refunfuño.
—Claro que sí —dice al mismo tiempo que toma una posición muy sofisticada sobre el sofá cruzando una pierna sobre otra—. Ella me ayudó a salir de un baúl cuando tenía siete años. Recuerdo que me escondí ahí porque jugaba a las escondidillas.
Frunzo el ceño confundida.
—No recuerdo eso.
—Claro que no, mocosa. Tú en ese entonces solo eras un saco de mocos, babas y gugus..
Le enseño el dedo de en medio, Loann revolea los ojos.
—Estaba asustado, pude haberme sofocado y mamá no sabía dónde encontrarme. No pude agradecerle porque salí huyendo hacia mi padre.
Mi atención está plenamente concentrada en sus labios moviéndose mientras cuenta la historia. Me gustarían esos labios así, pero sobre mi boca.
Basta, Defne.
—¿Y eso quiere decir...
—Quiere decir que ahora estoy aquí con su hija, de algún modo puedo agradecerle el haberme salvado de morir asfixiado.
Parpadeo, completamente atónita por lo que acaba de contarme. Loann se prepara para ponerse de pie.
—Debo irme —me informa—. No te preocupes, por el cambio y... cuida mucho a tu madre. Quédate con ella hoy.
—Gracias, pero no es necesario que lo digas.
Loann niega con la cabeza.
—Siempre a la defensiva, mocosa.
Sus palabras chocan en mis intentos por conquistarlo como una piedra demoledora.
—Ve con Disney y… gracias por la ayuda.
Me preparo para su salida, pero sorpresivamente y cuando está a punto de abrir la puerta, Loann da media vuelta y pregunta.
—¿Por qué te gusta llamarla por su apellido?
Exhalo.
—Disney es su apellido o ¿me equivoco?
—Sí, pero eres sarcástica. No soy un tonto, sé que lo haces para burlarte de ella.
Me cruzo de brazos.
Diablos, ¿por qué siempre tiene que insistir en que la odio?
—Lili es una buena chica —comenta, a lo que yo respiro hondo mientras trato de concentrarme en la imagen de mi madre—. Le dije que me retrasaría y entendió. ¿Puedes imaginar ese tipo de bondad?
Inhalo. No quiero seguir oyendo más.
—¿A qué viene el tema de Lilian? He dicho que puedes retirarte. No tengo intención de arruinarles el plan —digo, en un volumen más alto que el de Loann, pero él decide mantener el tono pasivo y amable.
—Le dije a Lili que me encontré con una vieja amiga de la escuela, que cuando estábamos a punto de despedirnos ella recibió una llamada de una enfermera informándole que su madre había tenido un accidente, y ella entendió que debía ayudarla. Lili no es una mala persona, Defne. Sé un poco más cordial con ella, es todo lo que te pido a cambio de tu agradecimiento.
¿A cambio de mi agradecimiento? ¿Es todo? ¿No lo hacía por mamá?
Loann Cooper eres una jodida montaña rusa de emociones, eres un carrusel de ideas, una estúpida rueda de la fortuna sin premio alguno. ¿Estás jugando conmigo?
No, él ni siquiera juega contigo. Lo único que le interesa a tu amado es proteger en todos los sentidos a su novia: Lilian. La mujer que ama y con quien tiene dos largos años de “tranquila” relación. Es ella quien a quien le sonríe a diario, es ella quien besa sus labios, es ella con quien se acuesta todo los días. Es ella. Siempre es ella.
—¿Estás en un trance, mocosa?
—¿Eh?
—Te quedaste mirándome con odio por diez segundos.
Parpadeo. Mis mejillas se encienden, pero me recupero rápido.
—Gracias por tu amabilidad, Loann Cooper. No quiero seguir arruinando tu velada, así que ve con ella. Tu novia perfecta te espera.
Loann camina hacia la puerta como si lo hubiese echado de la habitación. Aprieto los ojos cuando lo veo en el umbral a punto de salir, pero él gira y me mira por el encima del hombro. Hago lo mismo, solo que esta vez no espero nada más amable de él.
—Cuídate mucho, Defne.
Me es imposible que mi corazón entumecido y adolorido por los golpes de sus recientes palabras, no se siente ahora dichoso con ese pequeño y cálido gesto. Es la primera vez que Loann me desea algo bueno en toda su vida.
Sip, vamos avanzando.
***
Es lunes, mamá está mucho mejor, pero todavía no puede mover el brazo derecho. El dolor es tan latente que no le permite editar nada y, por lo tanto, está temporalmente suspendida en sus labores.
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