Recibo el dinero. Mi mano choca con la suya.
—No hablo de lujos, hablo de detalles. Los detalles no tienen que valer miles de dólares. Por Dios, eres un ignorante de todo lo que nos agrada a las mujeres—lo señalo.
Loann parece interesado en mi respuesta. Lleva una mano a su mentón y me mira fijamente.
—¿Una cartera Gucci? ¿Un saco Dolce? —pregunta, sarcástico.
—¿Por qué no? Si tú mismo lo escoges y dedicas veinte minutos de tu “valioso tiempo” en elegir algo que realmente pueda hacerla sentir que hiciste un esfuerzo por ella ¿por qué no? Como es igual de valioso que escribas una poesía, o te aventures en hacer un recuerdo con tus propias manos, te aseguro que ella lo amará de la misma manera. Es el tiempo, no el dinero, ¿acaso eres el mejor de tu clase?
Casi me quedo sin respiración. Loann parpadea un par de segundos.
—Prefiero solo una cena con su plato favorito y decirle en toda la velada lo especial que es para mí.
—Hombre de poca gracia.
Loann vuelve a reír.
—Ahora intentas ayudarme, hace un par de semanas me estabas besando frente a ella.
Mis mejillas se enrojecen.
—Superar es de valientes, querido.
¡Bom!
—También hay recuerdos malos que no se pueden superar.
Achico los ojos.
—Yo soy muy buena besadora.
Cállate ya, tonta.
—Eso explica el mal recuerdo —me guiña un ojo y coloca un pie en el escalón. La mitad de su cuerpo queda en dirección hacia Disney y la otra hacia mí —. Es todo el dinero para el cerdo para esta semana. Alimentación y todo lo que necesites, recuerda que en la siguiente semana haremos el sorteo para determinar quién se quedará con él las dos semanas siguientes.
Eso sobre mi cadáver.
Agita una mano en despedida, pero antes de cerrar la puerta, la zapatilla de Loann interfiere.
—¿Sí? Quiero continuar con mi película —digo, fingiendo fastidio, pero obviamente estoy más que agradecida en tenerlo así de cerca. Desde aquí puedo ver sus hermosas pestañas y el color hipnotizante de sus ojos.
—Te di cien, necesito que me devuelvas un billete de veinte.
—¿Por qué? ¿No te alcanza para la cena? —pregunto burlona.
Loann revolea los ojos.
—Te espero aquí afuera.
Asiento de mala gana, camino hacia el mostrador de la cocina, en donde guardamos dinero para emergencias, y tomo un billete de veinte. Antes de llegar a la puerta, mi teléfono móvil suena sobre mi mesa. Mi pantalla anuncia que es mi madre quien llama, así que me apresuro en contestar.
—Mamá, he estado esperando por ti todo el día, ¿estás bien?
—No soy su madre, ¿usted es Defne, la hija de la señora Costa?
Entro en alerta.
— Sí, ¿por qué tiene el móvil de mi madre? ¿quién es usted?
La voz femenina se escucha un poco alterada.
—Tu mamá tuvo un accidente. Ahora está en el hospital. Soy la enfermera Davidson y estoy encargada de cuidarla. Me dijeron que me comunique con algún familiar...
Entro en pánico.
—Mi mamá... mamá, ¿está bien? ¿qué... qué pasó?
—Tranquila, cariño, no es grave, pero debes estar aquí para acompañar a tu madre. Por favor, apunta la dirección.
La dirección se escucha lejana a través del portavoz, solo emito un sí cuando ella termina de darme indicaciones y luego cuelgo. Miro a mi alrededor sin saber qué hacer. Estoy asustada, mis piernas y brazos tiemblan y siento un aire helado en mi espalda. Recupero la serenidad cuando entiendo que mamá no puede estar sola más tiempo. Corro hacia mi habitación y tomo cualquier sudadera, no tengo mucho tiempo para ser selectiva ahora. También tomo mi bolso y después bajo a la cocina de donde tomo más dinero.
Antes de salir, dejo un poco de comida para Lily, no quiero asustarla así que le doy un beso en la cabeza y corro hacia la puerta. Cuando cierro, me encuentro a un incómodo Loann enseñándome el reloj que lleva en la muñeca.
—Tardaste demasiado. Solo eran veinte dólares.
Observo mis manos y encuentro que aún sostengo el billete que debía entregarle. Casi como automático, dejo el billete en sus manos y luego corro en busca de un taxi que me lleve al hospital.
—Oye, no quiero ser entrometido, pero de verdad luces fatal. No deberías salir así a la calle. No es Halloween, las brujas no salen en septiembre.
Ríe, pero su risa esta vez no causa efecto en mí. ¡Necesito encontrar un maldito taxi!
Diez segundos después, entro en crisis y Loann ya está caminando rumbo a su auto. Corro tras de él y me apresuro a alcanzarlo.
—¡Loann! —tomo un respiro—. Necesito tu ayuda. Necesito que me lleves a un lugar en tu auto —hay desesperación en cada palabra que pronuncio.
—Lo siento, debo ir por mi novia en diez minutos —dice él, caminando alrededor del auto para alcanzar la portezuela del piloto.
—Es de suma urgencia, de verdad, no te lo estaría pidiendo si no lo fuese — insisto.
—He dicho que no —dice dentro del auto, en un tono de un padre regañando a su hija pequeña.
Mis ojos se llenan de lágrimas.
—Llamaron del hospital, mi madre... está ahí. No sé qué le ocurrió, pero…yo… no sé qué hacer…
Loann baja del auto, camina hacia mí y me vuelve a dar la misma mirada del día de ayer.
—Necesito tu ayuda —pronuncio—. Solo quiero que me lleves al hospital. No tardarás más de diez minutos, lo juro.
Loann levanta una mano y luego la baja, hace esto un par de veces hasta que por fin la coloca en mi hombro y le da un par golpecitos suaves. Es su pequeño intento de reconfortarme.
—Cálmate, te llevaré.
Mis ojos se abren de par en par, tengo enormes y profundas ganas de abrazarlo, pero sé que aún hay una distancia demasiado marcada entre nosotros. Una pared invisible que nos divide, que no puedo ver, ni tocar. Un sentimiento profundo que me aleja de él y que no por más que desee no puedo romper.
Afirmo con la cabeza y luego subo al asiento del copiloto. Pego mi cabeza en el espaldar e inhalo. Loann va a mi costado con la vista muy clavada en el parabrisas mientras conduce rápido hacia el hospital que le indiqué.
Me pregunto si quiero hacer esto y si en realidad mi mayor deseo es separarlo de Disney. Me pregunto si en realidad soy lo suficientemente egoísta para alejarlo del amor de su vida. Y me pregunto también, si tendré el valor de aceptar que posiblemente Loann Cooper no sea mi alma gemela.
Duodécimo Intento
Mamá duerme en la camilla de la habitación mientras estoy a su lado. No me muevo de la silla que he colocado junto a su cama, solo tengo mi mano sobre la suya acariciándola delicadamente.
Todo empezó cuando esta mañana ella decidió encargarse de los pendientes en la editorial para ganar un poco de dinero extra. Los trabajadores de almacenes ya se habían ido a sus casas cuando ella decidió bajar una enorme caja de madera con todos los manuscritos por revisar. La caja era demasiado pesada, la escalera hacia el último piso del andamio muy vieja y mamá muy frágil. Perdió el equilibrio y cayó quebrando su muñeca derecha con el peso de su cuerpo. Mamá está vendada y ahora descansa un poco debido a que también sufrió un golpe en la cabeza. Estaba desmayada cuando su compañera de trabajo, quien decidió regresar por unas llaves olvidadas, la vio tendida en el piso.
Me aterra el solo pensar que mi madre pudo estar tiempo sola ahí en el piso e inconsciente, sin nadie que pudiese ayudarla.
Una lágrima tibia se desliza desde mi mejilla hasta mi mentón e imagino a mi madre. Coloco mi cabeza muy cerca de su costado y cierro los ojos. No podría estar más sola en este mundo sin ella. Llevo un brazo cuidadosamente hacia su regazo y me quedo quieta. Sintiendo la protección que solo ella me puede dar y las lágrimas que ya son como una cascada sobre mi rostro. No gimoteo, no quiero despertarla y que se preocupe por mí. Solo me dedico a pensar en que es lo siguiente que haré ahora que ella no puede ejercer bien su trabajo.
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