y se cruzaron.
Sin fijarse en el cauce del río
que separa nuestras vidas.
El puente de tu mirada,
que cruza el río,
¿se quedará simplemente
en un encuentro fortuito?
30
De mi soledad ando celoso
cuando te miro
y no encuentro las lágrimas en tus ojos.
Pienso si no me merezco ser recordado
por lo mucho que te quise
y aún te quiero.
Me fui al retiro
voluntario
buscando ser coherente conmigo mismo.
Me separé de ti por no romper
ese cristal inmaculado de mi signo:
mi voto voluntario;
quise ser obediente,
aunque cabizbajo
obedecí a mis deseos
de ser casto,
a mi promesa de ser fiel,
honesto,
consecuente con mi mundo de renuncias,
que no es el tuyo.
Añorando te busqué
en la intimidad de mi silencio.
Tú ni siquiera lo supiste.
No te enteraste
que aún estaba enamorado.
Lo que para ti era un honor era para mí un desespero.
Hoy he superado el tiempo y la distancia.
Guardo el secreto retrato de tu cuerpo.
Sé dónde está el lunar
con el último recorrido que hice de tu espíritu.
Guardo el pañuelo que encierra tu suspiro.
Guardo el recuerdo de lo que quise y nunca llegué a tener.
Es lo que queda de ti misma.
Guardo un rosario de porqués inexplicables.
Sin respuesta.
Guardo todos los billetes de los viajes de ida y vuelta
que hice hacia dentro de ti desde mí mismo,
en el carruaje de mi fantasía.
Viajes sin retorno,
perdido en el epitalamio
de un tránsfuga de mi mundo
a ninguno otro posible.
Guardo el olor,
mejor aún,
la fragancia fresca de tu cuerpo a manzana
que nunca llegué a arrancar de tu árbol.
Te guardo toda entera para ser consumida en otra vida.
De mi soledad ando celoso
cuando miro y no encuentro las lágrimas
que había buscado en tus ojos.
31
Si Cristo hubiera muerto vestido
en vez de desnudo,
habría sido menos atractivo.
Si Cristo hubiera esperado a los setenta años
para convertirse en víctima,
habría perdido fuerza su mensaje.
Si Cristo hubiera sido minusválido,
su imagen no habría sido simpática.
Si Cristo no hubiera tenido talante
de aventurero, habría construido una casa,
educado una familia, mantenido un negocio,
programado un desarrollo económico, difícilmente
habría resistido nuestras críticas.
¿Por qué Cristo eligió lo contrario de la
mayoría de los hombres?
¿Por qué los demás, esa inmensa mayoría,
no puede morir desnudo, ser joven,
aventurero y bohemio, desinteresado?
CRISTO es para mí ALGUIEN
que está aquí y ahora mismo.
Con rostro de persona.
con palabras de mi lenguaje, como hombre de mi tiempo,
como continuidad de su presencia en la tierra,
de su nacimiento un día en Belén.
Es un cliente de mi tienda.
Es un trabajador de mi empresa.
Es un compañero de mi vida.
Es el muchacho de Nuevo Futuro
al que yo acojo y recibo en mi casa.
Es el drogadicto que pide el milagro:
«Señor, si tú quieres, quedare limpio»
de esta nueva lepra de nuestro tiempo.
Es la mujer que ayer en esa misma silla
me confesó sus problemas matrimoniales
con un compañero sacerdote.
Es un socialista que reza
y un cristiano «de siempre» metido en la rutina
que está harto de esta Iglesia que critica.
Es un hombre de actualidad permanente
con el que me entiendo,
tengo audiencia cuando quiero
y al que entrevisto todos los días
para saber qué hacer,
qué decir,
qué pensar.
Y someter a su criterio toda mi vida.
Me encuentro cómodo con un Dios que es hombre.
No sé por qué se empeñan tantos curas en demostrarnos que es Dios
con teologías baratas que apenas hacen falta,
porque sobra y basta su PALABRA.
32
Dedícame, Señor, el conjugar los verbos complicados,
en presente y en futuro.
Que el verbo amar lo tengo ya muy desgastado.
Dedícame, Señor, el verbo querer,
que quiero, pero no cuenta.
Sí, todo se me hace complicado.
Dedícame el verbo suplicar,
que soy un quejica suplicando,
y lo debo hacer con dignidad,
como si estuviera rezando.
Dedícame el verbo perdonar,
pues no sabes cómo cuesta hacerlo presente
y futuro a los demás
y lo a gusto que me siento perdonando.
Dedícame el verbo silenciar,
para que acalle tantas voces
que llenan mi vida de caprichos,
de palabras ociosas,
de promesas vanas,
ruido, más ruido insoportable
que oculta tu voz, Señor, en el vacío.
Dedícame los hechos complicados
que tejen la maraña y la noche
en esta bicicleta de la vida
donde tú pedaleas ya conmigo,
porque yo ando sin cadenas
y voy perdido.
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