Los místicos siempre encuentran a Dios en el camino.
Solo los teólogos lo pierden.
Cuando pienso en mí,
tú ya eres otro.
En el momento que escribo
ya es mi pasado.
Y para pensar en mi futuro
necesito pensar en ti.
Porque Tú eres el otro,
mi prójimo.
Y yo te necesito
para seguir siendo mi presente.
Nada soy sin ti.
21
Hoy he dicho a nadie que vive en mi casa simplemente que he llegado bien. Necesitaba comunicárselo a alguien después de mi viaje. Pero no tenía más que un simple contestador telefónico en mi casa.
«He llegado bien», me he dicho a mí mismo desde el teléfono móvil al teléfono fijo para reencontrarme cuando llegue a casa que alguien me ha llamado.
Nadie no estaba en casa.
Nadie me deja a veces tan solo, tan vacío, que tengo que encontrar a Dios como sea para encontrarme con alguien. Es un Dios por obligación, es un Dios por recurso a mi soledad. Se alberga dentro de mi ser y me conmueve por su discreción para conmigo. No habla y, sin embargo, dice cosas. No siente, pero te hace sentir acompañado. No exige, pero me pide. Me habla de las personas como bendiciendo. No estorba cuando lo aparto de mi vida. Se agazapa y permanece. Es un estar presente sin estar que, cuando lo percibo, me impresiona cómo está. De tal manera que llena el vacío de nadie.
Pero nadie qué impertinente es cuando se hace notar, cuando no te contesta, cuando se empeña en dejarte solo para acabar gritando:
«Pero ¿es qué aquí no hay nadie?».
22
Anda Dios diciéndome al oído:
«¡Este tiempo es mío!».
Yo, celoso, le arrebato el reloj de arena con que cuenta.
Anda Dios reclamándome atención.
Y yo miro distraído hacia otra parte,
como si no fuera conmigo.
Anda Dios llamándome con esa aldaba del corazón
que retumba en todo el cuerpo y se resiente.
Es presión arterial,
dolor de mi cabeza,
congestión,
frío,
pasmo,
calor…
Estoy enfermo, pienso.
Rara enfermedad que necesita alivio.
Me tomo la temperatura
y es por dentro.
Por dentro. ¡Cómo me asustan los adentros!
Prefiero mirarme en los espejos
que por dentro.
Mirar adentro me da miedo.
Pero es tiempo de mirar adentro
y hablar de tú a tú con mi relojero.
23
La Iglesia no es el Reino de Dios.
Yo espero que sea de otro modo.
La Iglesia es el sacramento del Reino de Dios sobre la tierra. ¿No parece contradictoria?
A veces me parece muy terrena…
El Padrenuestro me llena.
Es como redondo.
Es la oración del redimido. ¡Y qué bella!
La oración es el aliento vital.
Si no hay oración, hay paro cardíaco.
Un suspiro es oración.
24
Sin la obediencia crítica no vamos a ninguna parte.
Los hombres de la Iglesia necesitamos la crítica y la autocrítica.
La obediencia crítica nos hace más humildes y más sinceros servidores.
Cuanto más alto se está, más obediencia crítica es necesaria.
Parece un contrasentido, pero no lo es.
Es la obediencia crítica la que te lleva al don de la templanza.
No se puede exigir en nombre de Dios una obediencia ciega
y luego rezar el Padrenuestro.
Sin la crítica no se puede llegar a descubrir el «hágase tu voluntad».
Sin la crítica uno no tiene criterios. ¡Sin la autocrítica, menos!
¡Y qué falta hace ahora tener criterios en la sociedad en que vivimos!
25
Repetir las palabras también es oración.
Repetir en rosario el Avemaría es oración.
Repetir el verbo amar y declinarlo:
«¡Yo te amo, Tú me amas! ¡Nosotros nos amamos!».
Es una oración activa como la vida misma.
Amor a Dios.
Amor a Jesús.
Amor a María.
Repetir, repetir incansablemente
hasta sentirse extenuado,
como lo hace el amante con su amado.
26
Esa llamada telefónica que necesitas hacer cada tarde,
cada noche,
a alguien,
al acabar el día,
como una obligación convulsiva,
es sed de comunión.
Ese buscar incesante en Internet algo que te complazca,
ese zapping continuado en la televisión,
es sed de comunión.
Necesitas comulgar con algo,
con alguien,
es el placer de sentirse compartido,
atraído por otro,
sumido por la voz o por la imagen de otro.
Es un deseo de ser poseído y poseer.
Ves cómo tienen coherencia aquellas palabras
que llevaron a Jesús a decir:
«Tomad y comed, esto es mi cuerpo…».
La comunión de las ideas,
del amor,
de los sentimientos,
hasta de los cuerpos,
se deja sentir como un hambre especial del alma
en nuestra frágil condición humana.
27
Cada uno tiene una forma distinta de estar en comunidad.
Si estás desasosegado, violento, estresado en la comunidad, es que no has encontrado tu sitio.
Estar en la comunidad, encontrar tu sitio, es clave para poder dar y recibir, ser eficaz a los otros y disfrutar de tu vida.
Hay que discernir: tener sentido de tu misión y tu presencia dentro de la comunidad.
A partir de ahí sabrás qué decir y qué callar, qué elegir, qué hacer y qué no hacer.
Cuando te sientas abrumado, tu cuerpo está diciendo que estás haciendo cosas que no son asunto tuyo.
Seguro que Dios te pide más que el esfuerzo, pero no te pide lo que está más allá de tu capacidad.
Lo que pasa es que nunca sabemos de lo que somos capaces hasta que lo hacemos.
Es necesario vivir para los demás, pero vivificando a los que te rodean, no mortificándolos. Muchos pastores exigentes deberán concienciarse de esto no exigiendo a los demás más de lo que ellos mismos dan.
Quien no se desarrolla en comunidad no se desarrolla en sí mismo.
De vez en cuando uno tiene que expresarse en poesía, porque el pensamiento va más allá de las palabras. Es como si a las palabras les pusieras música, aunque solo sea de rima libre, sin reglas ni métrica de rima fácil. Así me pasó en el siguiente poema.
28
SI LOS MÍOS SON LOS TUYOS
Si los míos son los tuyos,
Señor, ¡qué mal apaño hemos hecho!
No me encuentro con los tuyos,
no me entiendo.
Son duros,
inflexibles.
Saben demasiado.
No se puede dialogar.
Los encuentro como dioses
cuando tú
te has querido hacer como hombre.
No me entiendo.
Saben de leyes mucho
y yo sé poco,
poco derecho canónico.
Saben de historia
y yo no acierto a comprender
ni siquiera este tiempo nuestro
que me ha tocado vivir.
Si los míos son los tuyos,
¡qué lejos de ti me encuentro!
¿Será posible que estemos
tan distantes tú y yo?
¿Será posible que no nos comprendamos?
¿Será posible que quieras condenarme?
¿Por qué no junto lo humano y lo divino?
29
El puente de tu mirada
quedó clavado en la mía.
Y se cruzaron,
se cruzaron amores
que no sabían dónde llegar.
El puente de tu mirada
se cruzó con la mía,
¿adónde nos lleva ese puente?,
¿busca un entendimiento?,
¿compra los afectos o los cambia?,
¿haremos de este modo chantaje al corazón?,
¿y a qué precio?
El puente de tu mirada
llegó desde tu orilla a la mía
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