Pero esto solo se alcanza en la fe, en el sentido de la trascendencia.
Lo demás es una insatisfacción permanente.
Juega a darte a los demás. Gasta tu fuerza en dones espirituales, aunque vayan cargados de trabajo, de desgaste por remediar los sufrimientos y las carencias de los que te rodean.
Serás feliz.
Dominaras tus tendencias.
7
En la medida en que he sufrido por alguno de mis muchachos
y he padecido su intolerancia,
compartido su desdicha,
sus fallos de comportamiento, que producían en mí un harto desconsuelo y desánimo, poseo la llave que abre la puerta de su amor.
Puedo entrar en su voluntad
y esperar de él la transformación,
la conversión de irresponsable en responsable,
abandonar la marginalidad,
el cambio de conducta hasta el apostolado social con los demás.
¡Es un progreso!
¡Pero hasta que se consigue…!
8
Es este un canto de cigarra
al calor de mi vida ajetreada
escrito de noche,
o mejor en noches de insomnio
para olvidar el día.
Cuando he dejado mi trabajo.
Recorro así los caminos de mi historia
y reparto la carga, la equilibro,
el peso de los sucesos,
entre lo que siento y los que creo.
Quizá también entre lo que siento
y lo que debería creer por estudios
y leído, pero no por haberlo experimentado.
Todo ello da margen a mi fe.
De todo ese mundo interior de uno mismo
se saca fuerza, constancia
y realismo para el día siguiente.
Cuando apago la luz, empiezo a ser otro.
Quizá yo verdadero. La tiniebla es un desnudo
necesario para el espíritu.
Y el escribir de todo esto es mi canto
de cigarra entre el trigo y la cizaña.
9
LOS CINCO PANES Y LOS DOS PECES
Jesús nos ha pedido, y nos pedirá siempre, que pongamos algo de nuestra parte.
Él espera algo de ti.
A menudo, en los pasajes del evangelio es simplemente la fe.
«¡Tu fe te ha curado!», repite en diversas ocasiones.
Nosotros estamos acostumbrados a pedir sin poner nada de nuestra parte la mayoría de las veces.
Queremos que Dios nos regale.
Que Dios nos dé salud,
nos dé buenos resultados en cualquier prueba,
nos atienda entre peligros
y nos dé seguridad.
A menudo tratamos de traficar con Dios:
«Voy a hacer esto para que me conceda lo otro».
Nos pasamos el día pidiendo.
No nos damos cuenta de que para producirse el milagro hay que poner de nuestra parte lo que tenemos,
los cinco panes y los dos peces.
No es fácil ser generoso con lo que uno tiene. Ha costado mucho esfuerzo cosechar cinco panes o pescar dos peces.
Sembrar y cosechar.
Arriesgarse y pescar.
Ha habido siempre que madrugar o trasnochar,
trabajar duro para tener algo.
Jesús pide los cinco panes y dos peces para hacer el milagro de dar de comer a mucha gente que le seguía con hambre.
Pon de tu parte lo que tienes.
Él hará el milagro de multiplicarlo para ti y para los demás.
10
Solo el hombre tiene derecho a ser fuerte.
Solo él se hace sobrehumano.
Dios no lo necesita para nada
y él se hace imprescindible ignorándolo.
Solo el hombre, el hombre solo
es capaz de superar lo insuperable,
haciendo hasta morir lo imposible
por convertir en perfecto lo imperfecto,
en eterno lo pasajero,
en permanente lo efímero,
en divino lo humano.
Solo el hombre, el hombre solo,
el hombre digno,
calladamente héroe,
solitariamente santo,
desconocido perfecto,
silenciosamente responsable,
es capaz de hacer cada día el misterio
de superarse a sí mismo
para dar aquellos que le rodean
la profunda virtud de ser maestro,
padre
y tutor.
Quebrando todo lo siniestro.
Solo el hombre, el hombre solo
es redimido por Dios
y de Dios amado.
11
Entre Dios y uno hay, como en las parejas enamoradas,
tiempos de desencuentro que hacen más felices los reencuentros.
Pero,
para que este gozo se produzca,
hay que ser humilde,
hay que volver con humildad.
No importa las veces.
Cada una
¡es una nueva forma de conocerlo!
¡Merece la pena!
12
Todos somos objetos en un momento de la vida de una conversión.
Si esta no se produce,
es que nunca hemos madurado en nuestra fe cristiana.
Algo está pasando en la Iglesia actual cuando a los sacerdotes,
a unos nos llaman mercenarios
y a otros siervos…
¿Por qué?
13
No basta la honradez.
Es necesaria la lealtad.
La lealtad es algo más profunda.
La honradez puede no llevar al sacrificio de uno mismo.
La lealtad llega hasta el heroísmo de renunciar a lo que son tus derechos.
Es la honradez más común.
La lealtad, más extraña.
14
La Palabra se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.
Es un nuevo lugar
en el que todo lo tuyo y todo lo de Dios pueden morar.
Necesitamos ese lugar común para entendernos.

15
En el corazón de Dios se entra por el dolor,
pero se acaba en el gozo.
¿No tienes dolor,
sufrimiento que ofrecer a Dios?
¡Pues entra!
Y verás lo que te sucede hasta llegar al gozo…
16
Tenemos una sed insaciable de afecto.
Eso nos hace vivir demasiado ocupados
en nosotros mismos.
17
Dios se lo lleva
no como un acto justiciero,
sino como un acto de amor
que engendra en nosotros
la tristeza de los celos.
18
El hombre tiene núcleo, como el átomo,
la célula donde confluye lo humano y lo divino.
Llegar al núcleo es un camino interior
que está lleno de obstáculos.
Pero no es imposible.
Cuando se trata de separar lo uno de lo otro,
todo es contradicción inexplicable.
19
Para pensar en el estilo de Jesús
no hay que pensar en pirámide,
sino en círculo.
Cambian mucho las cosas si pensamos en círculo
y no en pirámide.
Nuestra catequesis nos ha educado para la pirámide.
Los tiempos nuevos y la Iglesia de Jesús deberán educarnos para el círculo.
20
Caminar hacia la sencillez: limitar los movimientos desbordados, las llamadas telefónicas, hacer selección de la «bulla» y los amigos, escribir lo justo y preciso, dejando la ampulosidad de las palabras que así son huecas…
Hacer de la fantasía el camino que acorta la distancia entre lo humano y lo divino.
Eso es el trabajo del místico.
El deseo y lo irreal andan juntos.
El primero es el jinete que cabalga sobre el segundo,
que es un caballo peligroso al que hay que domar con inteligencia.
Si intuyes con claridad lo que debes hacer,
da el paso a tu soledad.
No temas adentrarte en la noche.
Te encontrarás con un compañero de viaje inesperado.
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