La tercera gran coordenada, por lo tanto, son los arquetipos presentes en los cuentos de hadas en forma de imágenes, escenas y personajes. Mediante la entrada en los relatos y en los materiales simbólicos que contienen, y a través de la imaginación creativa del Método Simbólico, esta base arquetípica va a hacer que despierte en cada persona el lenguaje olvidado de los símbolos, posibilitando su expresión mediante esta lengua con mayor competencia.
Este es el recorrido que se posibilita a través de los Doce Cuentos. La experiencia alquímica del viaje a través del Psicodrama Simbólico permite la ampliación de conciencia y la dialéctica creadora entre conciencia e inconsciente. De esta manera se abren las propias posibilidades de lo simbólico personal.
El cuarto punto cardinal: la creatividad
El Psicodrama Simbólico plantea una síntesis creadora en la que podemos distinguir conceptos esenciales de tres autores: Jung, Moreno y Winnicott.
Jung nos dice que la psique posee cuatro funciones de procesamiento, dos de las cuales son de captación de la realidad, percibir e intuir; y otras dos son de enjuiciamiento de la misma, pensar y sentir. Señala asimismo una quinta, que él llama la función trascendente y que se refiere a la imaginación; se vincula con las otras cuatro, de manera que permite la repetición y la combinación de lo conocido de una manera original. Jung creó el método de la imaginación activa para realizar una conexión más profunda con la dimensión inconsciente.
Para Moreno todo ser humano posee un potencial innato de espontaneidad y creatividad, de manera que la persona puede llegar a producir a lo largo de la vida opciones originales y nuevas, por contraposición a los estereotipos que uniformizan y carecen de la subjetividad creativa.
Y finalmente Winnicott nos dice que «si hay algo que hace que la vida merezca verdaderamente la pena de ser vivida, es más que ninguna otra cosa la apercepción creadora», es decir, la visión subjetiva, individual y original sobre todo lo que existe, incluidos nosotros mismos. Esta visión será la fuente de la creatividad y la base de las grandes aportaciones humanas, como la ciencia, el arte, la filosofía y la dimensión trascendente.
El Psicodrama Simbólico va a despertar la espontaneidad y a potenciar la creatividad y la imaginación, de manera que, a través de los símbolos, cada persona y cada grupo pueda transitar de manera propia y absolutamente original en un viaje hacia sí mismo y hacia su vinculación con los otros y con el mundo.
En ese viaje recorreremos, a través de la lengua de los símbolos, los Doce Cuentos y alcanzaremos el descubrimiento de sus imágenes arquetípicas. En el trayecto contactaremos con nuestra historia de vida. La vida puede ser entendida como un devenir, como una obra de teatro, como una película, como una novela. Hay un guion que se está desarrollando y revelando desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Nuestra vida es una totalidad, como lo es también la de la especie humana. La gran misión de este modelo es abrir nuestras vías interiores para ampliar nuestra sensibilidad, nuestra conciencia y mejorar nuestros actos. Así, ese guion de vida, ese viaje, puede ser una historia única con sentido y belleza en sí misma, de la que no solo somos protagonistas sino autores en la mayor medida posible. Y esta posibilidad de autoría de nuestro propio guion de vida constituye el objetivo esencial de este modelo, que puede ser aplicado en muy diversos contextos y cuya versatilidad permite otros nuevos.
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1 «Leyendas, mitos, dioses y religiones aparecieron por primera vez con la revolución cognitiva. Muchos animales y especies humanas podían decir previamente: “¡Cuidado! ¡Un león!”. Gracias a la revolución cognitiva Homo sapiens adquirió la capacidad de decir: “El león es el espíritu guardián de nuestra tribu”. Esta capacidad de hablar sobre ficciones es la característica más singular del lenguaje de los sapiens ». Harari, págs. 37 y 38.
2 Cada vez que una persona visualiza una determinada escena de un cuento, la recrea y se convierte en su autora. Tal y como dice Marie-Louise von Franz, el arquetipo requiere la recreación de un individuo para volver a estar vivo. Por otro lado, podemos considerar que la autoría de los cuentos de hadas procede del inconsciente colectivo, es decir, del ser humano universal.
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Aprendiendo la lengua de los símbolos
The imagination is not a state: it is the Human Existence itself .
WILLIAM BLAKE
Desde la más temprana infancia el niño crea el universo del como si , una dimensión que le acompañará toda la vida, y que es también la que encontramos en los albores de la especie humana y nos hace afirmar que estamos ante una nueva especie, la especie simbólica.
Esta dimensión que nos permite jugar al como si se inicia con la creación del objeto transicional 1 , del que nos habla Winnicot, con el que el bebé, totalmente indefenso y dependiente, puede conformar un trasunto de la figura cuidadora y primigenia, generalmente la madre, que le permita permanecer íntegro y vinculado en ausencia de esta. Así los seres humanos van a experimentar de manera universal su gusto por las ficciones, por las historias, por el arte, como santuarios en los que vuelven a conectar con aquel poeta original que creó el mundo cuando aún no entendíamos las palabras.
Sabemos que los hechos de la vida humana no son reversibles y están sujetos a las leyes de la realidad. Pero al mismo tiempo, el ser humano es el único que ha creado desde sus orígenes la dimensión del como si , de la ficción, de manera que su vida no está limitada únicamente por lo acontecido, sino que puede transformarse a través de nuevas y creadoras narrativas sobre ello.
Además de este gusto profundo, toda persona está dotada de una capacidad de originalidad y creatividad que le permite expresarse en esta dimensión de la imaginación, de lo simbólico. El ser humano posee la potencialidad innata de expresarse a través de símbolos, y lo hace de manera espontánea, mediante los sueños, y de manera más elaborada, a través de producciones de enorme intensidad emocional y de significado, como por ejemplo los mitos, los cuentos de hadas y las obras de arte.
Los símbolos son la expresión humana que conecta en mayor medida con la dimensión inconsciente y, por tanto, poseen capacidad para evocar los contenidos relativos a él. El verdadero crecimiento psíquico involucra la dimensión inconsciente, cuya importancia capital revela el psicoanálisis de Freud y que, con la Psicología profunda analítica de Jung, cobra un nuevo sentido como el sustrato de todo nuestro conocimiento. Jung señala que no podemos abarcar nuestro destino únicamente a través de la voluntad y la intención consciente. Es decir, no es posible convertirnos, por ejemplo, en personas generosas solo con tener la voluntad de ser así. En la psique humana existen fuerzas enormemente poderosas, de carácter fundamentalmente inconsciente, que están determinando nuestra personalidad y nuestras elecciones vitales.
En la concepción junguiana, la conexión con el universo inconsciente es esencial para el desarrollo de un proceso vital auténtico y personal, es decir, para atravesar la vida de manera significativa, a través de nuestras propias elecciones y afrontando los conflictos, los retos y las contradicciones, los dilemas e incluso las paradojas de la compleja arquitectura de nuestra propia casa, nuestra identidad y nuestro guion existencial.
El ser humano va haciendo su recorrido, como especie e individualmente, a partir de un universo lleno de tinieblas en el que se encuentra a merced de las fuerzas poderosas de la naturaleza y del cosmos. De esa gran oscuridad irá surgiendo un espacio iluminado con el descubrimiento del fuego y con la luz de los astros que desde siempre han acompañado las travesías de los individuos. El fuego es el primer paso hacia otros descubrimientos y avances hasta alcanzar esta era de enorme desarrollo científico y tecnológico.
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