Las rimas y las canciones
Contar cuentos y leer en voz alta
Los niños y las estaciones del año
La televisión
La seguridad de los niños
CONSEJOS PRÁCTICOS PARA CADA UNA DE LAS ETAPAS DE LA PRIMERA INFANCIA
Del primer año al año y medio
Del año y medio a los dos años
Del segundo al tercer año
Del tercer al cuarto año
LAS ENFERMEDADES INFANTILES
El dolor y la fiebre
El papel del médico de cabecera
Las enfermedades infantiles más frecuentes
El trato que necesitan los niños enfermos
BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS
La realidad de la infancia es una idea que atraviesa todas las fronteras; a veces la detienen y rechazan, pero siempre continúa su camino
∼ NELI POSTMAN∼
¿QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE EN NUESTRO TRATO CON LOS NIÑOS PEQUEÑOS?
¡Todos los niños son distintos! A partir de esta constatación podríamos pensar que hay que renunciar a cualquier principio educativo y dejar que cada situación particular determine nuestro comportamiento como educadores. Sin embargo, es importante ser conscientes de algunos aspectos que tienen validez para todos los niños.
TODO DESARROLLO, POR MUY INDIVIDUAL QUE SEA, SE BASA EN UNAS LEYES GENERALES.
CONOCERLAS NOS AYUDA, A LOS PADRES Y A LOS EDUCADORES, A CREAR UN ESPACIO PROTECTOR ALREDEDOR DE LOS NIÑOS Y A NO PERDER LA CALMA EN AQUELLOS MOMENTOS EN LOS QUE PODRÍAMOS SENTIRNOS DESBORDADOS. ASÍ PUES, EN PRIMER LUGAR, NOS CENTRAREMOS EN ALGUNAS COSAS QUE NOS AYUDARÁN A CREAR UN FUNDAMENTO A PARTIR DEL CUAL PODAMOS ADOPTAR MEDIDAS EDUCATIVAS APROPIADAS PARA CADA SITUACIÓN PARTICULAR.
LOS NIÑOS NECESITAN EL CALOR DEL HOGAR
Los niños no pueden desarrollarse bien si carecen del “calor de un nido”. Para que ese calor exista, lo más importante de todo es el afecto. Gracias al amor que reciben y a los ánimos que les damos, los niños aprenden a confiar en las personas que tienen a su alrededor, a sentirse seguros y a prestar atención al mundo que les rodea con absoluta confianza.
Cuando hablamos del “calor del nido” hacemos referencia tanto a la calidez de corazón, a la cordialidad y a la comodidad del hogar para que todos los miembros de la familia se sientan bien en él, como al simple calor corporal, puesto que los niños deben ir vestidos de tal modo que se sientan cómodos y abrigados.
— LOS LÍMITES Y LA CLARIDAD FORMAN PARTE DEL AMOR —
Algunas veces nos puede parecer que esta importante tarea de los padres está en contradicción con la de señalar a sus hijos dónde están los límites. Cuando los adultos señalan un límite, deben mostrar determinación y decisión; aparentemente todo lo contrario al amor y a la calidez, que suelen ir asociados con la indulgencia y con la suavidad. Sin embargo, el amor entendido en un sentido amplio también implica ofrecer seguridad y claridad, aunque para ello sea necesario adoptar una conducta decidida que, en ocasiones, puede resultarnos desagradable a los propios padres.
Al fin y al cabo, para crear un hogar o un nido cálidos se necesita también algo que expresa muy bien un dicho popular australiano: “Lo más bello que le podemos dar a un niño son raíces y alas”. Si desde la infancia les prestamos atención a esos dos ámbitos por igual —transmitiéndoles calor, claridad y seguridad, y ofreciéndoles al mismo tiempo las suficientes posibilidades de descubrir el mundo—, correremos menos riesgos de caer con frecuencia en alguno de los extremos.
Para que los niños tengan un buen desarrollo, es decisivo que puedan recorrer completamente todas sus fases, y que dispongan de tiempo suficiente para cada una de ellas, porque cada nuevo paso en su evolución supone una especie de ruptura y puede considerarse como un pequeño nacimiento.
Todos sabemos que los embarazos deben tener cierta duración para que los niños nazcan sanos. Si duran más de cuarenta semanas —o menos—, surgen algunos problemas que con frecuencia se hacen evidentes durante el parto.
El arte de educar consiste en encontrar el término medio preciso entre estimular a los niños demasiado o demasiado poco. Hoy en día existe la tendencia a acelerar el desarrollo de los niños, estimulando sobre todo sus capacidades intelectuales. Sin embargo, eso implica un empobrecimiento de otros ámbitos con sus correspondientes repercusiones, puesto que, al fin y al cabo, durante su vida el ser humano necesitará disponer de otras capacidades, además de las simplemente intelectuales.
LOS NIÑOS PEQUEÑOS NECESITAN PROTECCIÓN
El adulto, con la ayuda de su facultad de pensar, puede resumir y ordenar sus percepciones, puede distanciarse del mundo y de ese modo, consigue crear una especie de pared protectora a su alrededor.
En los niños pequeños, por el contrario, cada una de las impresiones que reciben a través de sus sentidos penetra en su interior y afecta, incluso, a la delicada formación de sus órganos. Los especialistas consideran, por unanimidad, que los tres primeros años de vida constituyen la fase más vulnerable y de mayor influencia en el desarrollo de los niños, tanto en lo que se refiere a su salud física posterior como a su bienestar anímico. Durante esos tres primeros años los niños dependen totalmente de sus padres. Ellos son quienes les proporcionan todo lo que necesitan y los protegen, tan bien como pueden, de estímulos y experiencias no deseados.
— LOS PRIMEROS AÑOS DEL NIÑO SON DECISIVOS PARA TODA LA VIDA —
LA POSIBILIDAD DE TENER EXPERIENCIAS ORIGINALES
Para que la primera fase de los niños pequeños sea saludable, es importante que tengan la oportunidad de reunir suficientes experiencias; experiencias que puedan aprovechar desde la perspectiva de sus propias posibilidades y que contribuyan a fomentar su sano desarrollo.
— LA IMPORTANCIA DE LAS EXPERIENCIAS SENSORIALES —
En primer lugar, están todas las experiencias sensoriales que los niños reciben de forma natural a través de sus ojos, sus oídos, el olfato y la piel. Perciben el olor del bosque, sienten la arena fría y la aspereza de la piedra, muerden una manzana, escuchan el viento o un pájaro y oyen a alguien cantando una canción. Este tipo de experiencias son numerosas. Caer y volver a levantarse, trepar, mantener el equilibrio sobre un triciclo, construir una gran torre con pequeñas piezas de madera. Sentarse a la mesa con mucha hambre después de no haber parado de moverse y hacer cosas. Mojarse y tener frío cuando llueve y después calentarse en una habitación caldeada, o romper a llorar porque a su hermana le dejan coger de la estantería un libro con ilustraciones muy bonitas que a él no le dejan.
Si los padres se ponen como meta transmitir a su hijo únicamente experiencias agradables, impiden el desarrollo de sus facultades sociales. Además, existe el peligro de que un niño así eche de menos la intensidad y los retos de una forma de vida donde las experiencias bonitas y las menos bonitas se alternan. Eso puede llevarle más adelante a buscar de forma inconsciente experiencias cada vez más placenteras, con el fin de compensar la falta de experiencias intensas.
Evidentemente es inevitable que se produzcan situaciones arriesgadas para la salud. A través de los ojos, los oídos, la piel, la boca y la nariz, el niño incorpora algunos elementos que pueden provocarle enfermedades, como es el caso de las alergias; pero como no va a ser posible eliminar estas cosas del mundo, lo fundamental es crear una compensación y ofrecer a los niños las máximas posibilidades de obtener experiencias originales.
Los niños necesitan tener un modelo para poder desarrollar lo que llevan dentro, lo que hay en ellos. Los bebés y los niños pequeños aún están totalmente abiertos a todo lo que sucede a su alrededor. Jugando, y a menudo sin que ni siquiera nos demos cuenta, imitan todo lo que hacemos. Por esa razón el modelo que los padres les ofrecen a sus hijos constituye el principal medio educativo durante los primeros años de vida. Además, los niños no sólo ven lo que hacen los adultos, sino también cómo lo hacen. Cuanto más interés, amor y alegría pongamos en nuestras acciones, más positivo será el efecto que esas acciones tendrán sobre los niños. Estos son los retos a los que se enfrentan los padres. Pero sin miedo: ¡ningún adulto dispone, desde el principio, de dicha facultad!
Читать дальше