La gente siempre tiene tendencia a dejarse llevar por su sensualidad, y después, claro, encuentran justificaciones: “Pero la idea es buena, la idea es la unidad, es la transformación, la sublimación...” ¡Si se tratase solamente de decirlo para que fuese verdad! Se sirven de buenas ideas que toman en los libros esotéricos, pero la forma de aplicarlas es infernal. Debéis estar informados.12 Estas prácticas existen o han existido en ciertas tribus de África, y por todas partes en la India, en Japón... e incluso en Inglaterra, con Aleister Crowley, un ocultista que ya murió... Es posible que, en ciertos casos, estas prácticas sean ejecutadas con una gran pureza, pero esto es extremadamente raro, y desgraciadamente, cada vez más, van a ser propagadas por el mundo entero. En todas partes habrá orgías, bacanales... Veréis lo que va a suceder dentro de algún tiempo. Porque, cada vez más, el verdadero saber se va, este verdadero saber que expongo aquí ante vosotros y que es irrefutable. Mientras no lo conocéis, creéis poder justificar todas vuestras tonterías, pero si lo conocéis, ¡id a justificaros! Ya no podéis.
Algún día, si la juventud llega a esta comprensión, quedará horrorizada del abismo que se presenta ante ella, y quizá sea ella la que dé la voz de alarma, la que haga sentar la cabeza al mundo entero. Yo lo espero, lo deseo. De momento, no sabe, y los adultos no le han aclarado las cosas, porque tampoco ellos las tienen claras; así que, ¡es tan normal que se dejen guiar por sus deseos, por sus tendencias! ¿Qué hay en ello que sea tan reprensible? Sí, pero si añadimos el verdadero saber iniciático, se contentarán con saborear el placer en dosis homeopáticas, y la cosa será diferente. Todo puede ser una medicina, incluso el placer; pero si tomáis demasiado, o con gente sucia, seréis envenenados.
Bonfin, 4 de agosto de 1968
8El yoga de la nutrición, Col. Izvor nº 204, cap. IX: “La ley de los intercambios”.
9Un futuro para la juventud, Col. Izvor nº 233, cap. XII: “Compararse con los más grandes para evolucionar”, y cap. XIII: “La voluntad sostenida por el amor”.
10El amor y la sexualidad, Obras completas, t. 14, cap. XXVII: “La juventud ante el problema del amor”.
11El amor y la sexualidad, Obras completas, t. 15, cap. III: “El Sol, fuente del amor”.
12El amor y la sexualidad, Obras completas, t. 15, cap. XVI: “Vivir con amor”.
III
La actividad creadora como medio de evolución
Al observar los acontecimientos, porque, como estoy en el mundo no puedo dejar de ver lo que sucede, constato que, cada vez más, los hombres están perdiendo algo esencial. Eso se ve en muchos signos: ya no saben qué creer ni a dónde dirigirse, y a pesar de la cultura, de la ciencia, de los progresos en todos los campos, están cada vez más inseguros y confusos. Así que, en mi opinión (yo también tengo derecho a pronunciarme, puesto que todo el mundo se pronuncia), lo que les falta a los humanos es, un verdadero sistema filosófico.
Como cada uno es libre de inventar o de creer lo que quiera, vemos aparecer toda clase de opiniones y de teorías extravagantes. Pero no existe un sistema en el que todo el mundo pueda apoyarse. O, mejor dicho, existe una tradición espiritual y moral, pero la mayoría ha dejado de creer en ella y se deja influenciar por todo lo que es deforme, pervertido, tenebroso. Los humanos no quieren nada de lo que es verdaderamente sensato, ordenado, armonioso, ya están hartos de todo esto, desean otra cosa... ¡para cambiar! Mirad solamente a los artistas: ¿por qué los pintores, los escultores, los músicos, los poetas se obstinan en reproducir todo lo que es feo, deforme, caótico? En el pasado, los artistas buscaban la belleza, la armonía, la perfección, la luz, pero ahora rechazan todo eso. Y aunque todavía hay gente que tiene principios, un ideal, les desprecian, piensan que no pueden hacer nada con ellos.
Porque me acuerdo, puedo comparar lo que hoy sucede con la vida que viví en el pasado lejano, cuando el Reino de Dios existía en la tierra, la Edad de Oro, y la humanidad vivía en la paz, la felicidad y la abundancia... Un día, todo esto desapareció y el mundo cayó bajo la ley de la anarquía y de la violencia. Ya no hay sitio para el amor, la inteligencia, la bondad, la dulzura; el único dios, el único credo, es la violencia, la violencia bajo todas sus formas.
Durante los acontecimientos de mayo, en París, cuando se produjo toda esa rebelión de la juventud, yo no estaba en Francia, pero toda mi alma velaba y estaba inquieta, porque tenía el presentimiento de que la guerra civil se acercaba. Ésta pudo ser evitada, gracias al Cielo. Después, hablé con algunos jóvenes y uno de ellos, en particular, me decía que la rebelión era el único medio de obtener un cambio, que todo el desarrollo de la historia muestra que para conseguir algo, para obtener una mayor justicia, una mayor libertad, los hombres siempre se han visto obligados a utilizar la fuerza y la violencia. O, si no, me decía este joven, hay que separarse de la sociedad para formar una pequeña sociedad aparte y vivir como uno desee. Yo le dije: “De acuerdo, pero hay una tercera solución...” De la primera solución, claro, la historia nos da más ejemplos. Pero, desgraciadamente, cuando se ha desencadenado un movimiento, ya no se puede controlar y va hasta el final; las pasiones, los instintos se desencadenan, hasta el punto de que la razón ya no puede intervenir para remediarlo. La segunda solución es, de momento, irrealizable. La juventud no tiene a nadie que pueda aconsejarla y guiarla para organizar otra sociedad. Pero existe otra solución, y es hacer, por ejemplo, como los hindúes, que con sus reclamaciones legítimas, lógicas, inteligentes, con el método de la no-violencia y de la dulzura, provocaron en el mundo tantas reacciones favorables que Inglaterra se vio obligada a ceder. Ante esta abnegación, ante esta fuerza moral de todo un pueblo, comprendió que, si seguía queriendo esclavizarlo, perdería todo su prestigio.
Pues bien, si la juventud hubiese actuado de otra forma, también habría hecho capitular al mundo entero. Gracias a la superioridad de sus reclamaciones, a la inteligencia de sus métodos, a la tranquilidad, la disciplina y el orden, sin romper ni quemar nada, hubiera podido remover la conciencia del mundo entero. ¿Por qué ir a tomar como guías a Ché Guevara, Fidel Castro o Mao-Tsé-Tung? La juventud debe ir a instruirse a otra parte, con seres más elevados y más luminosos que esta gente. Además, una política que tiene éxito en un país, no lo tiene forzosamente en otro: los mismos métodos pueden no ser convenientes para todos los países. La juventud tiene aún mucho que aprender. Debía vencer, claro, pero con su superioridad moral y no con la violencia. Tomar como modelo los ejemplos de violencia que nos ha transmitido la historia, ¡qué pobreza de juicio y qué miseria en la elección!13
La situación en la que está sumergida la humanidad, sin meta, sin sistema filosófico verdadero, es muy inquietante, ¡cuántas veces os lo he dicho! Con la mentalidad de los humanos de hoy, podemos esperarlo todo. Y esto aún no es nada, otros acontecimientos más terribles van a producirse, ¡es tan fácil de predecir! Cuando los hombres ya no llevan a ningún Dios en su corazón, ¿por qué deberían seguir siendo buenos, generosos y dulces? Es verdad, parece inútil ser honestos y buenos en semejantes condiciones. Por eso tengo ahora el deseo de presentar, ante el mundo entero, un sistema filosófico, religioso o moral que nunca nadie, ni sabios, ni pensadores, ni religiosos puedan demoler. Podrán reírse, podrán burlarse, pero será un sistema irrefutable e indestructible, porque no es un invento humano que varía según las épocas y los lugares, sino que es la Inteligencia cósmica la que lo ha establecido.
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