Diréis: “¿Pero qué historia es esa? ¡Como si tuviésemos ocasión de ir ante el muro de una selva a lanzar naranjas contra los monos!” Pero es una imagen. ¿Nunca habéis visto a un sembrador en su campo? Lanza naranjas contra los monos; sólo que estas naranjas son minúsculas, y los monos están ocultos un poco más abajo, bajo tierra. Cuando el sembrador ha terminado, se va tranquilamente, y cuando vuelve unos meses después, recoge la cosecha para llenar los graneros. “¡Ah bueno!, diréis, si es así, lo hemos comprendido...” No, no habéis comprendido nada todavía, no habéis descifrado la imagen... Aquí, los monos son las fuerzas de la naturaleza; que estén bajo tierra o que estén sobre los árboles, esto no tiene ninguna importancia, es un símbolo. Y ahora, ésta es la explicación: el universo que Dios ha creado es una selva que encierra todas las riquezas que el hombre pueda desear. Los muros son los obstáculos que le impiden al hombre alcanzarlas; los monos son criaturas del mundo invisible; las naranjas, son la luz y el amor que decidís proyectar con vuestros pensamientos y vuestros sentimientos. ¿Y qué sucede entonces? Algún tiempo después, las criaturas del mundo invisible hacen lo mismo que vosotros, y os mandan el céntuplo de frutos, es decir de bendiciones. Pero si lo que enviáis es vuestra acritud, vuestro odio, vuestra ira, éstos también os serán devueltos un día.6
“Cosecharéis lo que hayáis sembrado”, es lo mismo que decir: según la forma en que actuéis en el presente, ya os preparáis vuestro futuro. En cada instante, con vuestro trabajo interior, podéis orientar vuestro futuro. En cuanto tomáis una decisión, buena o mala, orientáis ya vuestro futuro en sentido bueno o malo.
Suponed que hoy hayáis decidido servir a Dios, ayudar a los humanos, no dejaros influenciar más por vuestra naturaleza inferior: inmediatamente, vuestro futuro se vuelve bello, luminoso, poderoso, todas las maravillas os están reservadas. ¿Por qué no las vivís? Porque el pasado os tiene cogidos todavía. Pero si trabajáis manteniendo siempre la misma decisión, la misma dirección, poco a poco el pasado se liquida, y un buen día recibís vuestra herencia divina. Pero si decidís vivir de nuevo una vida egoísta, todo cambia: os preparáis un futuro muy distinto lleno de sufrimientos y desilusiones. Claro que, de inmediato, seguís alegrándoos, haciendo negocios, vuestro presente sigue siendo el mismo porque todavía tenéis algunas reservas y no veis el futuro sombrío que os espera. Pero cuando las reservas se agoten, este futuro espantoso estará ahí, de repente. El futuro es fácil de crear, pero el pasado es difícil de borrar.
Os daré otra imagen. Queréis salir de viaje y dudáis entre Niza y Moscú... Supongamos que, finalmente os decidís por Niza: desde ese momento, el camino por el que vais a pasar está determinado, los paisajes, las estaciones, los encuentros... Desde el momento que partís en tal dirección, todo está calculado, debéis seguir un itinerario fijado de antemano. No sois vosotros los que creáis los paisajes, su existencia no depende de vosotros, pero lo que sí depende de vosotros es la elección de la dirección.
Nosotros no creamos el futuro. Cuando decimos que el hombre crea su futuro, se trata de una forma de hablar, sería mejor decir que escoge una dirección. Decís: “Tomaré este camino”, de acuerdo, pero no seréis vosotros quiénes crearéis lo que os encontréis en este camino. Se trata de regiones, de entidades que han sido creadas por Dios desde hace mucho tiempo. Nosotros no creamos nuestro mal destino, nos dirigimos hacia él: arenas movedizas, ciénagas, selvas peligrosas... Nosotros decidimos solamente nuestra orientación, eso es todo. Y si se trata de un futuro espléndido, es lo mismo, nosotros decidimos visitarlo, y él está allí, nos espera. Existen en el espacio miles de regiones o de esferas pobladas por una infinidad de criaturas y, según nuestra decisión, nos elevamos o nos hundimos para ir a visitarlas.7 Todas las desgracias y todas las dichas existen ya, otros las han conocido antes que nosotros, han sido creadas desde hace mucho tiempo; depende sólo de nosotros decidir hacia dónde iremos.
Por eso, ahora debéis decidir cambiar vuestra dirección y orientaros hacia las regiones del Paraíso que Dios ha creado para vosotros desde toda la eternidad.
Bonfin, 3 de agosto de 1968
1Armonía y salud, Col. Izvor nº 225.
2La fe que mueve montañas, Col. Izvor nº 238, cap. VII: “La religión no es más que una forma de fe”.
3La fe que mueve montañas, Col. Izvor nº 238, cap. IX: “La prueba de la existencia de Dios está en nosotros”.
4Naturaleza humana y naturaleza divina, Col. Izvor nº 213, cap. V: “El sol, símbolo de la naturaleza divina”.
5En las fuentes inalterables de la alegría, Col. Izvor nº 242, cap. III: “El aguijón del sufrimiento”.
6En las fuentes inalterables de la alegría gozo, Col. Izvor nº 242, cap. XVIII: “La visita de seres angelicales”.
7Las semillas de la felicidad, Col. Izvor nº 231, cap. XI: “La tierra de Canaán”.
II
La importancia de la elección
Buscar el trabajo y no el placer
Actualmente, la gente ya no quiere oír hablar de moral. El tema más desagradable, el más repulsivo, el más pasado de moda, el más anticuado, es la moral. Y en Francia, en particular, nadie se ocupa de moralizar a los demás. Porque los franceses han comprendido que era ridículo y grotesco erigirse en moralistas. Quieren hacerse valer como eruditos, sabios, artistas, todo lo que queráis, pero no como moralistas. Han comprendido tan bien que la moral tradicional era hipocresía y falsas apariencias que, para ser lógicos, justos, honestos, sienten que hasta deben burlarse un poco de la moral. Por un lado tienen razón, porque esta moral ha sido inventada por los hombres, y es tan variable según las épocas y los países que no se comprende por qué hay que respetarla. Pero en realidad, todavía no han comprendido lo que es la verdadera moral, ni de dónde viene. Yo os mostraré ahora lo fácil y sencillo que es restablecer todas las leyes de la moral tal como la Inteligencia cósmica la ha establecido y no tal como los humanos la han fabricado de acuerdo con sus prejuicios, sus intereses o sus caprichos.
Antes de ir más lejos, quisiera volver primero a un punto del que ya os hablé y del que veo que todavía no sospecháis la importancia que tiene para vuestra salud, vuestra felicidad, vuestro éxito y para la armonía de todo vuestro ser.
Desde hace siglos, los humanos han hecho muchos progresos en el campo de la higiene alimenticia: saben que es mejor lavar las verduras, pelar las frutas, y que siempre hay que hacer una selección en el alimento para eliminar los elementos nocivos e indigestos. Pero todavía no han comprendido que, en el campo de los pensamientos y de los sentimientos, también existen alimentos que comemos y que digerimos más o menos bien según su grado de pureza. Deben pues ir más lejos aún para aprender a hacer una selección en el alimento psíquico como hacen con el alimento físico.
Si estudiamos la naturaleza de los sentimientos y de los pensamientos, veréis que de este estudio saldrá una ley moral: que para la edificación de nuestro organismo psíquico, sólo debemos escoger elementos que sean puros, sutiles, luminosos, divinos. “¿Por qué? ¿Por qué?” preguntará la juventud arrastrada por todos estos artistas del Living Theatre que han venido a predicar que debemos dar salida a todos nuestros instintos. Fueron a Avignon, la bella ciudad de los Papas, y ahí invitaron al público a subir al escenario a participar con ellos en una especie de orgía, para hacer, decían, la unidad con la multiplicidad. ¿Veis?: ¡pensaban hacer la unidad echándose los unos sobre los otros! El alcalde y la población se indignaron tanto que les echaron. Y ahora van a visitar Suiza... ¿Qué extraña filosofía es ésa?... Pero no hay que asombrarse, porque es la consecuencia de una ignorancia sobre la estructura del ser humano.
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