Ya sé que lo que aquí digo es algo muy lejano e incluso irrealizable para muchos. Ni siquiera lo comprenden, así que no hablemos de la realización, ¡hacen falta siglos! Pero yo, conozco a alguien que ha realizado eso, así que preguntadle cómo podéis realizarlo vosotros también... ¿Acaso soy desgraciado? ¿Acaso busco a las mujeres? No, tengo todo lo que necesito... un amor a derramar sobre toda la humanidad, ¡y esto desborda! Y si yo he logrado encontrar el secreto, vosotros también podéis hacerlo. Pero no queréis. Razonáis como todos aquéllos que creen que serán desgraciados si no satisfacen sus deseos sensuales. Bueno, bueno, que los satisfagan, yo no me opongo, pero veremos más tarde. ¿Y qué veremos? Lo que ya hemos visto: la ruina, la quiebra. Ya lo hemos visto en grandes celebridades, escritores, artistas, poetas, músicos, que eran víctimas de una pasión que no podían vencer. En realidad, no querían vencerla, porque pensaban que todavía serían más desgraciados si se desembarazaban de ella. Y las nueve décimas partes de la humanidad razonan de esta manera.
Me he encontrado con mucha gente que estaba enferma, que eran desgraciada, y yo les decía: “Lo que tiene que hacer es esto. – ¡Pero no tengo tiempo! – ¡Ah! ¿No tiene tiempo? Bueno, ya veo, ya veo... – ¿Y qué ve? – Veo que tendrá tiempo para sufrir...” Si no tenemos tiempo para la luz, lo tendremos para las tinieblas. Si no tenemos tiempo para la salud, lo tendremos para la enfermedad, para dar vueltas y vueltas en la cama. ¿Qué queréis que os diga? Es matemático, es absoluto. Conozco el razonamiento de los humanos. Razonan como niños, todavía no han dejado los pañales. ¡Si escuchaseis su razonamiento! Claro que si no tenéis ningún criterio encontraréis que es original, filosófico, que es algo que se sale de lo corriente; diréis: “¡Qué pensador más formidable!” y estaréis maravillados. Pero si sois Iniciados, encontraréis que estos razonamientos son los de un bebé.
Mis queridos hermanos y hermanas, debéis saber que vuestro cuerpo se construirá con los materiales que absorbéis. Por tanto, si estos materiales no son puros, seréis impuros; si estos materiales son nocivos, estaréis enfermos. He ahí una ley absoluta, no sólo en el plano físico sino también en el plano psíquico. Lo mismo que con el alimento, debéis estar atentos para que los pensamientos y los sentimientos que absorbéis y digerís sean puros.
Compadezco a aquéllos que no quieren comprender estas grandes leyes. Yo no las he inventado, las he observado en la naturaleza y las he verificado en mí mismo. Por eso, ahora podéis decirme todo lo que queráis, podéis inventar cualquier filosofía nueva, yo la compararé con lo que la Inteligencia cósmica ha escrito en la naturaleza. Si veo que la Inteligencia cósmica la aprueba, la aceptaré; pero si la Inteligencia cósmica me muestra que vuestra filosofía contradice todo lo que existe en la naturaleza, la rechazaré.
Los jóvenes tienen tendencia a aceptar solamente aquello que les resulta agradable. Lo comprendo, pero ya os dije hace un rato que lo que es agradable no es un guía seguro. No hay que dejarse llevar por lo que es agradable, porque lo que viene después es siempre desagradable. Darse festines en un restaurante es agradable al principio, pero cuando debemos pagar resulta un poco desagradable. ¿Por qué imaginarse que podremos comer a saciedad sin pagar nada?
En la vida todo se paga, de una u otra forma todo se paga. Hay mercados, tiendas, escaparates, todo está expuesto delante vuestro para que os sirváis, pero una vez que os habéis servido, debéis pagar. Y justamente, esta idea de que luego hay que pagar es la que debemos retener y decir: “No vale la pena, será demasiado caro, el placer es pasajero, pronto no quedará ni rastro y después necesitaré años para pagar mis deudas...” Pero no creáis que yo quiero privaros de gozo y de felicidad, no, sólo os pido que reemplacéis todos estos gozos tan costosos por otros que no lo son. Existen cosas indispensables, y en general, estas cosas indispensables no cuestan nada: la luz del sol, el aire, el agua, el alimento, no podéis pasar sin todo eso, y no cuestan nada, salvo el alimento, un poco.
Según parece, desde el mes de mayo la juventud hace manifestaciones para reclamar el derecho a fumar, a acostarse, a rebelarse. No dice: “Tenemos necesidad de luz, necesidad de espiritualidad, de una ciencia divina...”, no, lo que reclama es la libertad de comer, de beber y de divertirse... Esto no es nuevo ¿sabéis? Desde la creación del mundo no se oye otra cosa. Como los romanos, que pedían pan y circo. No se oye a nadie decir: “Tenemos necesidad del Reino de Dios y de su Justicia...” Lo que reclaman siempre es la facilidad y los placeres.
Pero lo mismo que es necesario que el hombre escoja siempre el mejor alimento físico para su salud, su belleza y hasta su inteligencia, también es necesario que escoja el mejor alimento psíquico. Este es aún un punto de la moral que no podemos negar. La gente quiere mezclarlo todo, y eso no es moral, contradice la inteligencia de la naturaleza. Podemos hacer esta mezcla, pero será la muerte espiritual. Por eso la juventud no debe entregarse perdidamente a los placeres, a disfrutar, a divertirse, sino a instruirse, a trabajar, a formarse. Y después, Dios mío, no se la privará de nada. Pero primero debe aprender a dominarse, a controlarse, en vez de dejarse ir hacia el desorden. Porque, si no, ¿qué es lo que sucede? Se desmagnetiza, pierde su frescor, su encanto, su sutileza, algo celestial, encantador, todo aquéllo que constituye su mayor riqueza.
Por el momento, las puertas de la perdición están abiertas a los jóvenes. Por todas partes sólo piensan en seducirse, en excitarse. Y nadie puede hacerles sentar la cabeza, nadie, ni siquiera los pensadores o los sacerdotes, porque no hay ciencia tras sus palabras; dan buenos consejos, sí, pero no argumentos científicos. Ahora hay que dar unos argumentos científicos que nadie pueda refutar.
Yo no estoy en contra del placer. Es legítimo querer el placer, pero ¿por qué no añadirle al placer otro elemento para que cuando el hombre y la mujer se unan produzcan una chispa, una luz? Solos, no podemos producir la luz. El hombre y la mujer se buscan, porque la mujer, sola, no puede tener un hijo; y el hombre tampoco. Pero cuando los dos se unen, surge la chispa, el hijo. Lo mismo sucede interiormente; sin el pensamiento, el placer o el sentimiento está incompleto. Ahí tenéis otro argumento científico. ¿Por qué actuar sin el otro compañero que está ahí, dentro de nosotros: la inteligencia? La inteligencia no puede hacer nada sin el poder del sentimiento, y el sentimiento no puede hacer nada sin el poder de la inteligencia.
No soy tan estrecho o puritano, sólo miro las cosas desde otro punto de vista. Si fuese útil, si fuese estético, constructivo, yo sería el primero en aplaudir todas estas reclamaciones de la juventud. Observad a los nudistas, no les he acusado, no les he condenado; pero lo que no me gusta en ellos, es que, con el pretexto de aire, de sol, de libertad, hay otra cosa en su cabeza y su manera de vivir no es irreprochable. No estoy en contra de sus ideas que son verídicas y que están conformes con la naturaleza, sino de su aplicación, que no está a punto. Si estuviese verdaderamente a punto, yo sería el primero en predicar el nudismo.
Por otra parte, todo eso no es nuevo, incluso se han visto cosas peores. En todos los tiempos, ha habido gente que se ha juntado para entregarse al desenfreno, e incluso en París, hace una decena de años, una Rusa, Naglowska, introdujo prácticas de magia sexual. Se ponía en el centro de un círculo de parejas que hacían el amor, con el pretexto de que ella sabía recoger las fuerzas fluídicas que emanaban de ellas para producir fenómenos magníficos con estas fuerzas. Que hay fuerzas que se desprendan, esto es seguro; pero que una pobre chica desequilibrada sea capaz de transformarlas, ¡eso no! Pueden contar todo lo que quieran, pero conmigo, esto no sucede. Yo hago un análisis, peso, selecciono, y no puede pasar nada que no sea verídico.
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