Las promesas en las que Pablo estaba pensando eran, obviamente, las hechas por Yahveh a Abraham, y que repitió y desarrolló tantas veces a través de los profetas: promesas sobre sus destinos nacionales, y promesas de un Salvador que los libraría de la maldición del pecado, promesas que vislumbraban la compasión de Dios por el mundo entero. En previsión de su cumplimiento, el salmista escribió: “Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios” (Sal 98:3). Para Pablo esto significaba que, como apóstol de los gentiles, él tenía la obligación de hablarles a los judíos primero.
¡Dios es fiel a sus promesas! Se asegura minuciosamente de que los receptores no sean ignorados, porque entonces él mismo sería infiel e incluso falto de amor. Como ejemplo, podemos imaginar una situación en la que se envían sendos paquetes idénticos a dos personas distintas. A una de ellas se le prometió un regalo y se le pidió que estuviera a la espera, pero la otra desconoce por completo que se le enviaría un regalo. Lo propio es que el remitente le haga saber al transportista que es prioritario entregar el paquete prometido primero y a tiempo. La reputación del remitente está en juego, y el receptor no debe dudar en ningún momento del amor y la fidelidad del remitente que le envía el regalo. Esa es la actitud que Dios tiene para con los judíos y es por eso que ellos han sido los primeros en oír. Pero imaginémonos —siguiendo este ejemplo— que el transportista no sigue las instrucciones, y la persona que está a la espera y atenta se da cuenta de que el regalo es entregado en otro sitio, y que no se ha hecho ningún esfuerzo por entregar el que se le había prometido primero y a tiempo. Valdría preguntarse si el otro paquete que tiene el transportista es o no el regalo prometido. En ese caso, los judíos habrían tenido motivos para cuestionar si Jesús era el Mesías, siendo sus mensajeros negligentes por no hablarles a quienes realmente lo estaban esperando.
“Al judío primeramente” ahora
Hay quien puede pensar que todo esto es muy interesante, pero que seguramente no es más que historia, y que tiene poca relevancia para la obra evangelizadora y misionera actual. Podría ser así si la posición prioritaria de Israel solo se mencionara en los evangelios y en los Hechos, pero si encontramos que las epístolas también insisten en ello, deberíamos pararnos a pensar. Las palabras “Al judío primeramente” de Romanos 1:16-17 nos desafían a que lo hagamos. Estas son las palabras de Pablo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: «Mas el justo por la fe vivirá»”.
Este es el resumen del evangelio de Pablo, siendo el resto de Romanos esencialmente su exposición. Si tú mismo intentaras resumir el evangelio en dos frases –¿por qué no pararte e intentarlo en este momento?– me pregunto si incluirías la declaración “al judío primeramente y también al griego”. Creo que la mayoría de los cristianos evangélicos de hoy en día no lo haríamos. Pero lo cierto es que Pablo sí lo hizo, y por la muy buena razón de que expresó una verdad tan fundamental como las demás. Mencionar al judío y al gentil nos recuerda que el evangelio se basa en cómo ha obrado Dios en la historia y, en particular, con un pueblo, los judíos. El evangelio no es solo otro sistema más de ideas. La mención de los judíos también habla de que el evangelio tiene que ver con promesas hechas por Dios y que se han cumplido. “Al judío primeramente” es, por tanto, la esencia misma del evangelio.
Pero muchos se han olvidado de su importancia. Y, sin embargo, ¿quién pasaría por alto la importancia de las otras expresiones utilizadas por Pablo, como “justicia”, “fe”, “se revela”? Todos los cristianos se horrorizarían con solo pensarlo. Y, aun así, de algún modo, “al judío primeramente”, es para muchos algo de relevancia pasajera. Por tanto, si la historia y la promesa exigían, en los días de Pablo, que el evangelio fuera predicado primero a los judíos, que Pablo incluyera la frase “al judío primeramente” en su resumen de lo que es el evangelio como relevante en todo tiempo, tiene que afectar a nuestra predicación del evangelio ahora. El evangelio sigue siendo un mensaje arraigado en la historia y sigue siendo el cumplimiento de las promesas hechas a un pueblo, los judíos.
La siguiente vez que, en Romanos, Pablo utiliza la frase “al judío primeramente”, subraya que es “relevante para todos los tiempos”. Escribe sobre eso: “el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”, y las consecuencias para quienes no se arrepientan: “tribulación y angustia sobre todo ser humano que obra lo malo, el judío primeramente y también el griego” (Ro 2:5,9). Sea lo que sea que eso signifique en detalle, una cosa está clara: que los judíos están primero, porque los privilegios y las promesas de Dios están vigentes hasta el mismo día del juicio, y tendrán sus consecuencias en ese día.
El paradigma del final de Hechos
La forma en que acaba Hechos muestra que la prioridad sigue siendo la misma. El relato de Lucas cuenta la historia de cómo comenzó a cumplirse el mandato del Señor Jesús de predicar el evangelio en Jerusalén, Samaria y hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). Su relato se acaba en Roma, con la historia inconclusa, pero mostrando que se sigue dando testimonio a todos, incluido un esfuerzo específico del apóstol de los gentiles para llegar al pueblo de la promesa, los judíos. La manera de terminar su recorrido en el registro de las Escrituras, el apóstol de los gentiles es claramente un modelo de cómo la iglesia debe continuar con respecto a las naciones del mundo. Es como si el Espíritu dijera: “Así es como debéis continuar con esta tarea”; tarea que implica que la iglesia alcance a las naciones, haciendo siempre un esfuerzo especial por alcanzar a los judíos.
En la actualidad las cosas no son del todo iguales
Lo de “al judío primeramente” sigue siendo relevante hoy, pero no podemos ignorar cómo ha cambiado la situación desde los días de Pablo. La obligación literal de ir primero a los judíos antes que a los gentiles se ha cumplido, y la comunidad judía ha tenido, en general, la oportunidad de asumir que Jesús es el Mesías. Los judíos de hoy no son un pueblo que ignore esto. La actitud de la sinagoga viene determinada por los dirigentes judíos, que han oído hablar de ello y han rechazado a Jesús como Mesías. Por tanto, no es posible entrar en una sinagoga, como hizo Pablo, y anunciar el mensaje de Jesús como si se tratara de noticias de última hora. Pero si nos distanciamos del panorama general, tendremos que preguntarnos: ¿qué pasa con las nuevas generaciones de judíos que han surgido, muchos de los cuales nunca han oído el evangelio de primera mano, sino solo una versión confusa y llena de prejuicios? Obviamente, no podemos decir que el mandato de llevar el evangelio a todo el mundo siga sin cumplirse hasta que hayamos buscado a cada judío o judía y lo hayamos compartido con él o con ella primero. Pablo no actuó así. Cuando Pablo regresaba a lugares que ya había evangelizado, no iba primero directamente a la sinagoga, como en su primera visita. Aun así, tampoco podemos decir que las palabras “al judío primeramente” ya no sean importantes para nuestra estrategia misionera cuando el pueblo de la promesa sigue aún vivo, necesita todavía el perdón de sus pecados y desconoce cómo obtenerlo. Consecuentemente, ¿qué significa todo esto en cuanto a la evangelización en nuestra iglesia y nuestra estrategia misionera?
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