Pensemos en qué o a qué le estamos dedicando la mayor parte de nuestro tiempo, tal vez ahí esté la llave de nuestra motivación.
El llamado en este ítem es a darle a nuestro tiempo la importancia que merece. Porque, luego, renegamos de él, como que “el tiempo no alcanza”, “el día debería tener 25 horas para mí”, “no llegué a tiempo”, “es que mi tiempo, ¿no vale?”, y muchas frases más conocidas, ya tú sabes.
Entonces, y ya cerrando el tema, ¿qué vas a hacer con tu riqueza otorgada al nacer? ¿Cómo la has estado administrando hasta aquí? ¿Vas a reestructurar tus actividades (hacer) para priorizar tu persona (ser)?
Valora tu tiempo, es parte de tu abundancia.
Y valora el tiempo de los otros, por sobre todo: llega a horario a un encuentro, has a tiempo ese llamado, termina hoy lo que puedas hacer y no lo dejes para mañana, que será otro tiempo y una renovación de tus momentos. Gana tiempo e inviértelo en lo que te gusta ser y hacer.
“Un hombre que se atreve a perder una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida” - Charles Darwin.
¿Existen las soluciones mágicas o se dan y parecen mágicas?
Creo que existen para quienes eligen creer en la magia en lugar de tratar de descubrir el truco.
Hoy en día, está de moda el soltar, como el árbol se desprende de sus hojas. Aunque puede ser confuso eso de andar “soltando” sin elegir con qué nos queremos quedar. Porque no vivimos solos en una isla, tenemos un entorno, tenemos un “otro” cerca. Y el más cercano es el entorno familiar.
En ese entorno se desarrollaron las raíces, las costumbres y ritos ancestrales que permanecen en el inconsciente (o en el yo consciente inclusive) y que conforman la base de ese “yo” que luego será árbol.
Las raíces van a estar siempre, si no, caemos. Ellas nos enlazan con la tierra, con la naturaleza, con el origen de semilla, de ese primer soplo de vida.
Cuando comprendemos esto y dejamos ya de culpar a nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos de nuestras decisiones desfavorables, entonces aparecen las soluciones. ¿Mágicas? Tú decides como denominarlas.
De las raíces, surge el tronco, el cuerpo del árbol. Y ahí entra a tomar relevancia en el juego de la vida la enseñanza, la cultura, los valores, las amistades, los libros que se leen... las elecciones, en definitiva.
Si puedes verlo y empezar a tomar tus propias decisiones, sin juzgarte ni castigarte en el caso de que no salga como esperabas, aunque resultó que era lo que necesitabas… no lo juzgues. Disfrútalo.
Si vas a soltar, que sea la culpa y el resentimiento, suelta eso de andar buscando culpables y abraza fuerte la oportunidad de ver siempre soluciones.
Si vas a soltar, que sean esos enojos guardados que enferman el alma y pueden llegar al cuerpo con dolencias.
Si vas a soltar, que sea la victimización, y toma con fuerza la protagonización de tu historia.
Si vas a soltar algo, que sea tu pelo, tu ropa, tu cuerpo, para despeinarte, para andar cómodo, para bailar.
Suelta lo que pesa, suelta el pasado traumático, suelta esas situaciones que te lastimaron y que hoy, al recordarlas, te contracturan. Suelta lo tóxico que albergaste sin saberlo siquiera y aférrate a ti mismo. Cuídate con amor. Priorízate.
Abrázate hoy sinceramente, como nunca has abrazado a nadie.
Siente tus latidos, pon la mano en tu corazón y bendícete, que TÚ eres lo más importante para ti mismo.
Porque, si vas a amar, primero debes sentir amor por ti.
Si vas a cuidar a alguien o de alguien, debes saber cuidarte tú antes.
Y, si vas a vivir, que sea tu vida, y de ninguna manera la que otros esperan de ti.
Sé libre, sé autentico, sé quien quieras ser.
El día ocurrirá, te levantes o no
Y la decisión de vivirlo o padecerlo está en ti. Puedes elegir el letargo o dar el primer paso para salir de donde estás.
Y vas a sentir miedo… tal vez.
Y vas a sentir que no puedes… tal vez.
Y vas a sentir pánico… tal vez.
¿Y qué? Hazlo igual. Valiente es quien se atreve, quien, a pesar del miedo, lo hace.
No quien lo intenta o lo “va a pensar”, sino quien lo hace, definitivamente, quien acciona, quien se mueve, quien se arremanga, quien se duerme tarde, quien se despierta temprano, quien asume riesgos, quién fracasa; porque, si fracasó, es por qué estaba haciendo. El fracaso es un error, y ya basta con darle tanta entidad, que todos nos equivocamos, y es el auspiciante mejor logrado para una inolvidable lección. Sponsor oficial del éxito (¡o lo que se entiende por éxito! Ya lo veremos más adelante).
Esa cuota de valentía se renueva a diario. Y se refuerza. Y se incrementa con la práctica.
Valentía que originamos desde la pulsión primera del despertar, esa que va acompañada de la actitud, mental y corporal. Valentía para sentirse y ser vencedores de nuestros propios enemigos, esas partes oscuras a las que iluminamos erróneamente cuando les otorgamos la relevancia que no poseen.
El miedo se vence con valentía, con amor, con actitud, con accionar. Cuando das el primer paso con valentía, el miedo y todas sus sombras quedan detrás. Siguen en tu camino, solo que un paso atrás. Y, cuando sigas avanzando, si al sentimiento de valor le sumas amor, propósito, enfoque, acción constante, dirección, tiempo de calidad, irás hallando capacidades como el disfrute y las ganas constantes de agradecer y celebrar la vida. Y, entonces, el miedo que sigue estando parece ausente, y tú evolucionas. Y tú y tu miedo se hacen amigos, al punto tal que, cuando comienzas a notar SU presencia surgiendo, sabes qué tipo de señal te está indicando. A veces, podrá ser positiva, otras, no, lo importante es que tú, desde tu saber e instinto, ya sabrás de qué se trata y qué te quiere comunicar.
Y, entonces, vas a decidir si sigues por ese camino o es momento de detenerse y replantear.
Tú eliges, tú decides. Si estas acciones las llevas adelante tú y lideras tu vida convirtiéndote en tu propio maestro o dejas que estas decisiones las tomen otros y te conviertes en un penitente esclavo de sueños ajenos.
Puedes seguir sobreviviendo o viviendo la vida que eliges y de la que eres merecedor/a.
Decidas lo que decidas, el día transcurrirá… te levantes o no.
“Empoderarse”, palabra de moda
Hoy el empoderamiento está en auge. Empoderamiento del ser, empoderamiento femenino, empoderamiento de clases, empoderamiento de países, empoderamiento individual, empoderamiento económico…
Pero… ¿qué es empoderarse?
Aquí, una posible definición: “proceso mediante el cual las personas fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo en cuanto forman parte de un grupo social para impulsar cambios positivosen las situaciones en las que viven” (Diccionario de Acción Humanitaria).
Y resalto “cambios positivos” y me centro y enfoco en esto.
Entonces, empoderarse es ir en busca de un bien común mayor al actual, y no tiene que ver con enfrentamientos. Si es tan simple, ¿por qué se complica y una parte de la sociedad resulta herida cuando la otra se está empoderando?
Será que el Ser Humano como tal no necesita empoderarse, sino tomar consciencia de la acción (no pensamiento) de su Poder.
O, al menos, tomar consciencia de dónde está depositando ese poder, en mentes de quiénes está dejando ciertas decisiones relevantes que son su responsabilidad y, tal vez inconscientemente (o no), está dejando en manos de otros ese hacer. Delegando lo suyo, su territorio, su dignidad, su destino y misión.
Será por eso de quedarse sin ganas y sin energías que considera que debe empoderarse y, en realidad, hace tiempo viene perdiendo poder esencial, que lo deja escapar sin detenerse a pensar dónde está mal invirtiendo esa energía.
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