Al pensar en extremos, perdemos la oportunidad de nuevas ideas y caemos en la trampa de leer nuevas situaciones desde viejas sensaciones o creencias a las que guardamos fidelidad. Considerar cambiar de postura o aceptar otra ruta de pensamiento parece faltarnos a nosotros mismos. Estamos entrenados en elegir una idea para descartar otra y no en incluirlas o integrarlas. Los autoacuerdos construidos desde la responsabilidad, desde la visión positiva y desde la practicidad, nos permiten estar más atentos a momentos o situaciones en las que no estamos en sintonía con nosotros y por lo tanto nos descubrimos inmóviles ante posibles acuerdos.
¿Cómo saber que estamos en un pensamiento extremo?
Primero, es importante revisar y establecer autoacuerdos en el momento que lo necesites, te dará la flexibilidad mental inicial para hacer consciencia. Luego, podría ser de gran ayuda identificar expresiones y palabras comunes de tu día a día donde es posible que lleves tu pensamiento a extremos:
Hay que hacer las cosas al derecho.
Es blanco o negro.
No hay medias tintas.
No soporto las aguas tibias.
Las cosas son como son.
Es mi última palabra.
Soy de una sola pieza.
No tiene pierde.
Las cosas caen por su peso.
Es muy común ver mensajes como estos o decirlos, pero pensemos por un momento: ¿queremos tener la última palabra o construir ideas en conjunto? ¿Queremos imponer una idea o comunicarla? Solemos pensar que las personas más respetables son aquellas que tienen “una sola palabra”, que no cambian de opinión o se mantienen rígidas en un solo lugar mental. Estas son algunas expresiones con las que a veces castigamos a otros por no “definirse” según nosotros, en lo que consideramos debería ser una posición inmutable.
No eres claro.
¿Quién te entiende?
Dices una cosa y luego otra.
Eres confuso.
No predicas lo que aplicas.
Cumple tus promesas.
Las conversaciones son sistemas vivos y todos transformamos nuestra interpretación y comprensión de la realidad. Ninguno de nosotros pensamos lo mismo que pensábamos ayer. Entonces, todas esas frases que decimos para que los demás “sean claros”, según nosotros, lo único que están haciendo es limitar la posibilidad del otro de generar nuevas ideas, amedrentando, cohibiendo y estableciendo un límite verbal que juzga al interlocutor, incluso a nosotros mismos.
El primer pensamiento que viene a la mente de alguien que hace consciencia de esta posición es que, si se flexibiliza, puede perder claridad, autoridad, contundencia y, por lo tanto, “terreno” en la discusión. Pensar con más integridad no significa perder el foco, las creencias, los valores y las posiciones personales. Por el contrario, es comprender que la construcción de una conversación incorpora visiones y otorga ventajas en lugar de separar, dividir y alejar.
Cómo salir de lo extremo
Lo primero es observar en tus conversaciones diarias y pescar las expresiones antes mencionadas o algunas otras que puedan estar negando al otro, y que reconozcas que ya no quieres conservar. También, puedes ver cómo te sientes si te las dicen a ti, con el fin de identificar qué tan radical estás siendo al comunicarte. A veces, cuando pensamos desde la polaridad, reprendemos a los otros porque no lo hacen, propiciando quejas y reclamos, y quebrando la posibilidad de construir desde la diferencia.
Te invito a practicar el uso de expresiones donde invitas a integrar y construir y, si es necesario, aclarar lo que consideres sin castigar al otro por “haberte confundido”. Recuerda, aquel que se confunde eres tú y el otro no es culpable de tu interpretación. Los dos son responsables de la conversación que tienen.
Las personas no quieren enredarnos, tampoco están obligadas a pensar como nosotros, o a no cambiar de opinión. Todos podemos rectificar o ajustar un pensamiento y, por lo tanto, una posición mediante la palabra. Una amiga dijo una vez:“No somos río para no devolvernos”. Así que uso la frase para recordar lo benevolentes y condescendientes que podemos ser con los demás y con nosotros mismos.
Cambiar de opinión no es dejar de ser leal a ti mismo, es ser flexible.
El valor de la conjunción Y
Hablamos para seleccionar. Esto O lo otro, hacemos esto O aquello, sin pensar que pueden ser las dos cosas. Así, un ejercicio que sugiero es tener una conversación e incluir nuestra idea y la del otro, parafraseando y usando la conjunción Y para referirse a las ideas aparentemente “opuestas”. También es útil hacer el ejercicio con pensamientos propios que interpretábamos excluyentes. Que nuestro pensamiento sea el que integra y no el que separa. Ya saben, la Y en lugar de la O.
Afirmaciones excluyentes:
“Mi casa es pequeña, pero muy bonita”
“Soy joven, pero diseño muy bien”.
“A pesar de su corta edad, ha tenido muchos clientes”.
Afirmaciones incluyentes:
“Mi casa es pequeña y hermosa”.
“Soy joven y diseño muy bien”.
“Es joven y ha tenido muchos clientes”.
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