Referido al trabajo, un estudio de expertos en la materia indica que al menos el 40 % de las personas cambiarían de profesión por insatisfacción en uno u otro modo.
Dicen que, si te dedicas a lo que amas y que verdaderamente te apasiona, «no vuelves a trabajar ni un solo día de tu vida», porque estás disfrutando de cada momento.
Los objetivos y los retos pueden ir variando a lo largo de los años y, en dicho sentido ―y viéndolo en retrospectiva―, considero que en aquella época tan solo estaba cambiando tiempo por dinero.
Si actualmente vives para trabajar, ten por seguro que estás intercambiando tu tiempo por dinero.
Siempre se puede ganar más dinero, pero no más tiempo. Ya dijimos que los millonarios buscan siempre tener más tiempo y los pobres simplemente cambiar su tiempo por dinero.
Hay una película estadounidense titulada In time que básicamente cuenta que el tiempo de vida se ha convertido en la moneda de cambio, es la forma con la que los humanos pagan sus lujos. Los ricos pueden vivir eternamente, mientras que los pobres tienen que trabajar o pedir prestado para seguir existiendo (sus contadores a lo sumo tienen siete días de vida). Este ejemplo algo extremo, pero, en cierto sentido, puede reflejar la realidad de unos y otros, así como su forma de actuar según el estatus que ostentan.
REFLEXIONA Y ESCRIBE
1 ¿Actualmente estás cambiando tiempo por dinero? Es decir, ¿trabajas simplemente por llevar dinero a casa o para pagar tu estilo de vida? Si es así, puedes, o bien no hacer nada y seguir como estás, o por el contrario puedes dar un giro completo para trabajar en algo que te satisfaga no solo económicamente, sino también a nivel personal.
1 ¿Perteneces a ese 40 % de la población que se encuentra insatisfecha por el trabajo o la profesión que está desempeñando? De ser así, ¿cuál sería el nuevo enfoque profesional y personal que te gustaría tener o alcanzar?
Capítulo 6
Pensamiento pobre versus pensamiento rico
Diversos estudios afirman que cerca de un 70 % de los ganadores de una lotería terminan empobrecidos ―e incluso endeudados― en un periodo no superior a cinco años. Aquellas personas que, por uno u otro motivo, reciben una importante cantidad de dinero, al no estar preparadas para manejar tanto capital, acaban literalmente quemándolo o malgastándolo.
Todo está relacionado con los dos tipos opuestos de pensamientos: de grandeza o de pobreza.
Cada pensamiento positivo que generamos nos sitúa más cerca de alcanzar el ansiado éxito.
Los expertos en nutrición dicen que somos lo que comemos y, de igual modo, los expertos en razonamiento dicen que somos lo que pensamos. Entonces, puestos a ser, pensemos en ser mejores.
Durante muchos años pensé, como quizá tú también estés pensando en este mismo momento, que por el simple hecho de venir de una familia humilde y con pocos recursos siempre me vería reflejado en esa misma mala situación. Ya sabes, como he nacido pobre, moriré pobre. De hecho, todos en esta misma condición lo hemos pensado. Pero no tiene por qué ser así, ¿verdad? Desde el momento en que decides cambiar hacia una visión positiva de la vida, poco a poco vas construyendo el nuevo camino hacia la riqueza, prosperidad o el objetivo que te hayas marcado. ¡Querer es poder!
En un entorno culinario, es bien sabido que los gorros de cocina tienen distintas alturas para identificar y diferenciar a los cocineros de menor rango de los chefs principales. Tú decides si quieres colocarte el gorro alto para ser un chef de primera o el bajo para ser un cocinero raso. Recuerda que la altura de tu gorro marcará tu destino.
Por otro lado, podemos creer que nos gusta el dinero, pero hay que pensar en este como si fuera energía, como un medio para lograr nuevos propósitos. El dinero en sí nunca debe ser nuestro objetivo, sino la herramienta que nos permitirá alcanzar nuestra meta.
Si tenemos una visión negativa acerca del dinero, no podremos obtenerlo y, si por algún modo o forma llegamos a conseguirlo rápido, este se volatizará. ¡Nos sabotearíamos! Básicamente, no podemos conseguir aquello que en el fondo, de un modo u otro, detestamos. Veamos un ejemplo. Si los millonarios ―o las personas con cierto potencial― me provocan asco, rabia o cualquier pensamiento negativo, muy difícilmente me voy a poder convertir en alguien igual, porque en el fondo lo detesto. No pongamos excusas, porque, entre otras cosas, nos estaremos limitando en lo personal y en lo profesional.
Hay quien dice que no importa el talento que tengamos. Si no mejoramos nuestras habilidades cada día y trabajamos sobre ellas, no lograremos nada.
Todos hemos oído decir cosas como «mira el gilipo... qué deportivo lleva, seguro que se dedica a robar, traficar o algo similar. Y la chica tan joven que le acompaña debe estar con él por su dinero». Puede que sea cierto y puede que no, pero en cualquier caso es importante no prejuzgar, porque limita notablemente nuestro pensamiento. Este tipo de conceptos mentales nos alejará del camino dorado con toda seguridad.
Tenemos que cambiar nuestro razonamiento, en lugar de pensar en «ese estúpido rico, cómo habrá conseguido ese flamante coche y una chica tan joven y atractiva», pensemos antes en alabarlo, engrandecerlo, glorificarlo y en conocer cuál es el método que ha seguido hasta lograr su abundancia.
Los seres humanos pueden ser buenos, malos, egoístas, generosos, amables... y un sinfín de adjetivos que les califican, y el dinero se convierte tan solo en un potenciador de su persona. Si eres alguien malo y dañino, el dinero solo te hará generar más dolor, mientras que, si eres bueno y generoso, simplemente podrás ayudar a más personas y de mil maneras diferentes.
Tenemos a su vez que dejar de pensar en pequeño. Si nuestro círculo cercano piensa en pequeño o se conforma con poco, lo más fácil es que nos acomodemos a dicho pensamiento.
Dicen que somos un promedio de las cinco personas con las que nos comunicamos regularmente. Si esas cinco personas no son las correctas y queremos crecer, debemos planear un cambio radical.
Las personas que piensan en grande saben que nacieron para ello y su único destino es alcanzar un gran reto o lograr una gran hazaña por la cual se les reconozca y recuerde; saben que lo conseguirán antes o después y en dicho sentido se rodean de personas afines.
Un millonario no es diferente del resto de los mortales, no está hecho de titanio ni tiene la piel de acero, tampoco es a prueba de balas, pero lo que sí hace es aprender y aplicar cosas totalmente distintas a las que aprenden los pobres.
No nos marcan a fuego desde pequeños para ser pobres o ricos, ¿te imaginas? Pobre, pobre, pobre... y, tras una larga cadena, un agraciado rico, y la serie vuelve a empezar. La forma de pensar como pobre o como rico la vamos asimilando a lo largo de nuestra infancia sobre la base de las personas más allegadas ―normalmente familia y círculo de amistades―. La condición de haber nacido en una familia pobre no significa que tengas que ser y morir pobre, y es un hecho que cierto número de millonarios se hicieron ricos desde la nada más absoluta.
Lo que diferencia a un millonario del que no lo es son las imágenes, ideas y creencias que tiene y que está depositando en su mente.
Tenemos por lo tanto que programarnos al cien por cien para vivir y pensar con abundancia y riqueza.
REFLEXIONA Y ESCRIBE
1 Según este capítulo que acabas de leer, ¿consideras que tus pensamientos son de riqueza o de pobreza? ¿Qué podrías cambiar para poder mejorar en este aspecto?
1 ¿Provienes de un entorno o familia humilde y en consecuencia piensas que jamás podrás ser acaudalado o millonario? Si es así, para poder seguir avanzando, tienes que empezar a cambiar tus pensamientos. Céntrate a partir de ahora en la posibilidad de conseguirlo, alcanzarlo y lograrlo.
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