—¡No encontramos a Sassa!
—¡Qué narices dices! ¿Y el niño? ¿Dónde está Kevään?
—¡Con nosotros! Pero Sassa ha desaparecido. Vente para acá lo antes que puedas.
Todo se trastocó y se interrumpió. Aleksi avisó de inmediato a la dirección del museo y les comentó lo sucedido, que se marchaba a Imatra y que les llamaría en cuanto supiera algo más. Desconocía el alcance o el tiempo que le ocuparía y, temiendo no incorporarse el martes a su trabajo, prefería comunicarlo. No tuvo ningún problema. Es más, le dijeron que se tomara todo el tiempo que necesitase.
El drama que Aleksi se encontró cuando entró en casa fue indescriptible. Nada más verlo, Seija se le abalanzó llorando como una niña. Los pequeños estaban fuera jugando con su cuñado. Cuando reinó un poco la calma, comenzaron las preguntas y los porqués.
—El viernes, cuando vine después de la cena, les expliqué a Seija y a Sassa lo que tú y yo sabíamos. Les conté todo, y lo primero que me preguntó Sassa fue si tú estabas contento de la decisión. Si era así, te respaldaría por completo. Pero comentó que hubiera preferido que hubieras contado con ella desde el primer momento.
—¿Y tú que dijiste?
—Que querías comprobar y asegurarte de que todo fuera lo mejor para ella y el niño, y que después tomaríais la decisión juntos.
—Bien. ¿Cuándo se fue? ¿Se marchó sola? ¿Habéis llamado a la policía?
—Esta mañana, al ver que no bajaba y que tardaba más de lo habitual, hemos entrado en la habitación. Ella no estaba, pero el niño seguía dormido. Entonces te he llamado.
—¿Habéis preguntado a los vecinos por si han visto algo sospechoso o anómalo?
—Sí. No saben nada. Saben que venías y no quieren molestar, pero dicen que si les necesitamos para cualquier cosa, que les llamemos — respondió Seija.
—¿Crees que puede haber sido cosa de mis rastreadores? —preguntó mirando a Heikki.
—No sé, Aleksi. Podría ser, pero no lo creo.
—Creo que lo mejor es que hable con nuestros vecinos primero. Después preguntaremos a otros por si la han visto. Y si no tenemos respuesta, llamaremos a la policía.
—Me parece bien —contestó Seija.
—¿Esperamos a que vuelvas o hablamos con el resto de vecinos?
—¡Sí, esperad! —les dijo.
______________________
15Fue un antiguo miembro de la policía secreta de Cuba bajo la dictadura de Fulgencio Batista, y más tarde elemento terrorista de la CIA. Estuvo vinculado a la Operación 40 y la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961.
16Nacido en Artemisa, Cuba, tuvo que exiliarse en tiempos de Batista. Regresó a su país y huyó de la revolución de Fidel Castro para volver en el intento de invasión de Bahía Cochinos.
17Fue señalado por la exagente de la CIA Marita Lorenz como uno de los que dispararon al presidente Kennedy. También muy relacionado con la mafia norteamericana y los cubanos anticastristas.
18Era un agente contratado por la CIA; cuando le arrestaron portaba material de escucha. Participó en otras operaciones como la Operación 40 o la invasión de Bahía de Cochinos.
19McCord era también el coordinador de seguridad del Comité para la Reelección del Presidente en la campaña electoral del presidente Nixon.
20Exclusiva de The New York Times para La Vanguardia. Ver La Vanguardia, viernes 23 de junio de 1972, pág. 22.
21Acuarela de Kasandra Hyde, con su autorización.
22Extraído de The Washington Post Co.
5. Caza mayor
A veces, la vida nos da algunos golpes que son muy duros de digerir. Para Aleksi, el haber perdido a su esposa fue más que una tragedia; a pesar de ello, su hijo le dio la suficiente fuerza para seguir viviendo. Sin embargo, dada su corta edad, fue el motivo decisivo por el que sus cuñados se hicieron cargo de cuidar del pequeño. Eso, y tener que resolver el problema de su cazador, hizo que Aleksi se separara de él, al menos hasta que lo pudiera identificar, enfrentarse a él y reducirlo. Solo así podría vivir en paz en el futuro. Además, para el niño lo mejor era crecer junto a su primo, que tan solo le llevaba un año. Así fue como el distanciamiento y el trabajo no le permitieron estar con su hijo en esos momentos. Fue una solución aceptada por toda la familia, además de la mejor.
Lo ocurrido con Sassa era un misterio. La dieron como desaparecida, porque por mucho que buscaron por todas partes, incluso en el ríoVuoksi, no la encontraron. Tras un mes de búsqueda, la policía la declaró muerta in absentia. Sin embargo, para Heikki y Aleksi, la teoría de que fuera «en contra de su voluntad» cobraba más fuerza. No había dejado ni una nota de despedida, ni una huella que indicara por qué lo había hecho, si es que fue por motivos voluntarios. Para Aleksi, sí que era importante saber las causas. Estaba en juego no solo su vida, sino la de su hijo, aceptando que su sospecha fuera cierta.
Se preparó mentalmente y no había día que no se pusiera en contacto con sus cuñados, sobre todo con su hijo, para oír sus dulces palabras y dar sentido a su vida. De manera que, en la soledad de sus pensamientos, decidió esperar a que se presentara su verdugo. Junto a su cuñado provisionaron, tanto en Turku como en la casa de campo en Imatra, testigos de escucha de radio que se podían oír desde la casa de Heikki, aunque tenían que ser conectados porAleksi para ser escuchados. Además, establecieron un código de colores que la organización de Jalo podría percibir a distancia, si Aleksi había visto o contactado con alguien sospechoso. Mientras, todos tendrían que mantenerse a la espera.
A mediados de octubre del 74 le llamó su cuñado diciéndole que su informador británico sabía que ya lo habían descubierto y que la CIA conocía que William Stowe ya era ciudadano finlandés. Sonaron todas las alarmas. Decidieron que sus memorias y archivos se guardasen en la caja fuerte de la imprenta familiar de Heikki, con una copia escondida en Imatra. Del mismo modo iniciaron un control de todos los asesores diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en Finlandia. Aquella labor era muy difícil de mantener, ya que la Conferencia de Seguridad que se estaba celebrando en Helsinki dificultaba hacer un seguimiento exhaustivo del personal de la embajada. Tuvieron que pedir ayuda a la Embajada de Rusia en Finlandia para mantener algunas escuchas sobre el cuerpo diplomático norteamericano. Esto no era difícil; ya lo estaban haciendo. El único inconveniente es que el grupo de Jalo quedó en deuda con los soviéticos, cosa por otra parte asumida sin condiciones.
—¿Has conseguido que nos ayuden los rusos? —preguntó Aleksi a su cuñado.
—No ha sido muy difícil. Me lo han dicho a la cara: para ellos supondría una garantía detectar si salía tu nombre en alguna conversación de las escuchas. El interés de la CIA por cazarte estaría en valor directo con tu precio como agente de alto valor.
—¿Eso te dijeron?
—Así me lo han dicho.
Lo que no le dijo Heikki a su cuñado fue que el precio era más alto, pero eso ahora no tenía importancia.
—Bueno… pues esperemos —sentenció Aleksi, resignado.
Pasaron los días y no hubo señal alguna de aquella información.Tanto fue así que todos bajaron la guardia, menos los rusos, y no porque estuvieran muy interesados en el caso Aleksi, sino porque ellos ya llevaban dos años a la escucha de todo lo que decía y tramaba la Embajada norteamericana, máxime cuando se sabía que cada vez estaba más cerca la firma de la Carta de Helsinki, y también la llegada de tantos dirigentes mundiales, entre ellos el desconocido presidente de Estados Unidos, Gerald Ford.
Aquel tiempo de espera le pareció a Aleksi una eternidad, así que decidió tomar una solución algo arriesgada.Ya no se ocultaba; al contrario, se manifestaba sin ningún tipo de precaución. Necesitaba saber si, tal como le habían comunicado los británicos a su cuñado, esa información era verdadera o falsa, y además tenía que llegar al final cuanto antes. Solo así podría despejar la incógnita de su futuro y el de su hijo.
Читать дальше