Su Ann –¡Qué bella! ¿La has dibujado tú? Braian –Sí. Continuó ella preguntándole cuál había sido su musa inspiradora, a lo que Braian respondió que ella era Priscila, una vecina del Bar del Tigre de la cual se había enamorado y que de ello se dio cuenta estando en Santa Rosa. Es por quién tendría que buscar un trabajo estable y a su vez ir organizando algún tipo de proyecto junto a ella. Su mamá murió cuando ella nació y desde entonces vive sola con su padre que tiene un Almacén y desde siempre vivió allí.
Su Ann –¡Bien Braian!, me alegra por ambos. Lo charlaré con Michel, él tiene muchos contactos y es muy creativo, tal vez los pueda ayudar. ¡Sería lindo formar una gran familia de amigos!
Él no esperaba tanta aceptación, alegría y buena onda. Realmente tiene que haber sufrido mucho Su Ann, tocar fondo y volver a comenzar en todos los sentidos, pero cree que se está encaminando.
Antes de despedirse, Su Ann le dijo que se quedara tranquilo, que ella iba a llamar Peggy, que sería mejor así, porque sino él quedaría como un mal mensajero.
Con un, entendido, un beso y un abrazo se saludaron hasta pronto.
Capítulo XvI
La llamada tan esperada
A la semana Su Ann, llamó a Peggy. Cuando la atendió no lo podía creer, sólo pensaba que por suerte no la veía porque sino no sabría qué cara poner ante tremenda confusión que había organizado.
Peggy la invitó a su casa para conversar tranquilas, a lo que Su Ann accedió porque prefería que su amiga todavía no supiese dónde estaba viviendo.
Se encontrarían a las 17 hs. Para ello faltaban 7 horas. Como siempre, el corazón de Peggy se sobresaltaba y comenzaban las eternas palpitaciones.
La anfitriona enseguida preparó el mate para esperarla, ya que sabía muy bien que le gustaba y en los años que estuvo en Estados Unidos muy pocas veces había tomado.
Al tocar el timbre, enseguida le abrió y ambas se saludaron como las amigas que fueron siempre. Su Ann repetía constantemente “lo pasado pisado”. Le propuso a Peggy iniciar un nuevo encuentro como si acabase de llegar en un vuelo a Ezeiza. Se sonrieron las dos y pasaron a tomar mate, la infusión tan anhelada por Su Ann.
Su Ann tomó la iniciativa contándole que había conocido a un hermoso querubín francés con el cual estaba saliendo y planificando proyectos de arte, ya que él era pintor y había venido para presentar una Exposición de sus obras en unas semanas.
Peggy muy contenta la felicitó y le contó que en todo este tiempo hablaba diariamente con Julián y Emma, su madre. La habían convencido de que cuando vuelva Julián a Buenos Aires ella volvería junto con él, dejando antes todo aquello bien organizado. Agregó que Julián, seguramente estará tomando mate en el campo.
—¡Cuánto me alegra amiga que se hayan encaminado tus temas! Le dijo Su Ann. Continuó explicándole que no le fue fácil decidirse venir a Buenos Aires. Si bien ella lo consideraba unas vacaciones vino con el propósito de buscar posibilidades de abrir una sucursal de la empresa en la que era perfumista. Venía en comisión. Y que en realidad hasta el momento no había hecho nada. La absorbió lo vivido en Buenos Aires, el recuerdo de sus padres, la emoción de volver a ver el Bar en el Tigre, ya que si bien esa casa del Tigre que todos mencionan como El Bar, años atrás había sido propiedad de sus padres. También la abrumó su soledad en el mundo ya que se encontró en medio de un torbellino inexplicable, pero por suerte acabó bien.
Peggy le pidió igualmente perdón por haberse enceguecido y haber visto sólo lo de ella e incluso sin evaluación alguna y ningún tipo de explicación.
—Está bien, se escuchó decir a Su Ann. De pronto sonó el celular de Peggy, era Julián que le avisaba que salía con su madre hacia Buenos Aires. La cara de Peggy era una mezcla de alegría y de apuro. –Su Ann ¿me acompañas a la casa de Julián?, avisó que ya salían de viaje para acá. Tengo la llave de su vivienda y deseo dejarla prolija y ordenada, nunca más volví a ir.
Encantada y comprendiendo así la cara que puso Peggy durante la conversación, la acompañó y la ayudó.
La casa en la que vivía Julián había sido de la hermana de su madre, por eso él vivía en ella. Su Ann consideró que el lugar es muy lindo, está cerca de la casa de Peggy y aseguró que es la casita blanca. Peggy le dice en efecto, no te equivocas, es bastante amplia y el árbol frutal es un adorno aromático y nutritivo, además de colorido.
—Es una preciosura, agrega Su Ann. Mientras ellas estaban dejando todo reluciente, Julián y Emma salían de viaje en el auto familiar, un poco extraño sobre todo por el color. ¿Será el color de la familia?
ELENA
Un largo viaje les esperaba, pero felices de estar pronto, juntos con Braian. Julián volvería a ver a Peggy, Emma conocería a la pareja de Julián. También ubicaría dónde había vivido su hermana en Buenos Aires y tendría la posibilidad de conocer la gran Metrópoli. Emma no había viajado nunca fuera de la provincia de La Pampa en todos sus años de vida y además le haría muy bien distraerse y vivir nuevas experiencias acompañada de su familia. Eso sí, ni se imaginaba con todo lo que se iba a encontrar, y no se hace alusión a la ciudad. Eran otras cosas, otras situaciones, sentimientos mezclados. Algo completamente nuevo para ella y las de su generación, más viviendo en el interior del país.
Ya dejando su terruño compartieron una hermosa aventura con su hijo Julián, rodeada de pura naturaleza. Al principio Emma en cierta forma e inconscientemente martirizaba a su hijo comentando ¡Ay! Si estuviera tu padre…
Emma estaba maravillada con todo lo que veía y constantemente agradecía a Dios la dicha que estaba viviendo.
Y así, poco a poco fueron llegando.
Se encontraban en plena Metrópoli. –¡Cosa de no creer! Dijo la madre.
De allí se dirigieron a Palermo Soho. Ya habría tiempo para realizar muchos paseos por esa gran ciudad tan novedosa y nombrada.
Capítulo xvII
Equivocación
Julián le preguntó a su madre si recordaba el árbol de naranjas que estaba viendo, ya que años atrás cuando él había llegado a Buenos Aires le había enviado varias fotos. A lo que ella respondió sólo recuerdo una pequeña planta. La conversación siguió y Julián le contó que lo visto por ella, ahora es ese hermoso árbol que está delante de sus ojos y que la casa blanca era la de tía Mocha.
Emma, agregó que alguien había en la casa, temiendo que sean ladrones. En ese momento se puso tensa y no quería bajarse.
Al escuchar no te preocupes mamá, debe ser Peggy que nos está esperando.
Emma –Ah! Sí Peggy, tú pareja, pero ve a ver primero y luego bajo.
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