1 ...7 8 9 11 12 13 ...16 Su propuesta fue considerada y en dos semanas Braian llegaba a Buenos Aires y se encargaría de explicar lo ocurrido de la mejor manera posible.
Braian visitó a Peggy y al contarle la decisión de Julián, ella aceptó que su pareja necesitaba tiempo, tenía muchas cosas que pensar. De todos modos un tiempo más no sería la muerte. Aprovechó Peggy en ese momento a pedirle perdón por cómo ella se había comportado y además conversando tranquilamente con él, con mates de por medio reconoció que Julián y ella se habían arrebatado en comprar en forma conjunta con los ahorros de cada uno la propiedad en el Tigre que ellos la llamaban El Bar del Tigre, por un posible proyecto futuro.
Braian le dijo que no tenía por qué darle explicación a él. A lo que Peggy contestó: ¿Cómo qué no?
Después de almorzar, Peggy le ofreció a Braian la casa del Tigre, diciéndole que podría quedarse el tiempo que quisiese, sin Julián, ella no iría a pasar semanas o algunos días, y si sintiese la necesidad de relajarse un poco lo llamaría antes de ir. Peggy igualmente agregó que era en la casa del Tigre donde sólo lograba paz y equilibrio ya que estaba plenamente en contacto con la naturaleza. Pero, todavía no era el momento, así que lo aprovechase él.
Braian no tenía palabras para agradecerle, allá estaba Priscila, pero igualmente preguntó por Su Ann. Peggy expresó que no la vio más y que nunca pudo comunicarse con ella, era lo que tenía que hacer con lo perversa que ella había sido. Su casi cuñado palmeó en la espalda a Peggy y le dijo que son buenas amigas, el tiempo calmará los ánimos y habrá aceptación, y que él llamaría a Su Ann, seguramente, ella lo atendería y después él le contaría dónde y cómo estaba.
Le dio las llaves de la casa del Tigre, se abrazaron fuertemente como si estuvieran dándose fuerzas y compasión por lo ocurrido. Antes de irse agregó que no se preocupe por el trabajo de Julián porque él ya había pasado a arreglar la situación.
A partir de ese momento Braian tenía toda su mente ocupada por Priscila. Hubiera podido llamar a Su Ann, pero consideró que lo haría otro día, cuando se sintiese más descansado.
Tomó un taxi y se dirigió hacia el Tigre. Todavía era de día cuando llegó. Lo primero que hizo fue pasar por el Almacén para ver a Priscila, pero el padre le confirmó que se había ido a pasear por la orilla del río.
Entonces, dejó los bolsos en la casa y fue en busca de la pequeña mujercita que había amado en un momento sin explicación alguna, salvo que la juventud que no tiene bien equilibrado los frenos y los sentimientos fue más fuerte. Esa vez fue ganadora la juventud. Finalmente se encontraron.
Y ambos no resistieron en darse un apasionado abrazo, en el espacio sin tiempo que los envolvía.
Capítulo xiiI
Braian y Priscila
El agua fuente de vida cumplió su deseo al unir aquella pasión de Braian y Priscila. Ambos habían tenido una buena infancia, se les habían inculcado buenos valores, el carácter, la forma de pensar, la paciencia arraigada en ellos y el hecho que los dos se habían criado en pequeños lugares y en forma simple fue lo que hizo que tuviera peso para que se acepten y sigan juntos por el camino de la vida.
El padre de Priscila se sentía feliz por su hija adorada, la veía alegre, observaba que cada día maduraba más y que él al conocer cómo era Braian se quedaba tranquilo porque su niña ya tenía quien la cuidara. Además estaban a pocos pasos de distancia y a su vez Priscila seguía ayudando en el Almacén, o sea que se veían constantemente, por lo menos para ir haciendo el duelo del nido vacío.
Priscila no tardó en mudarse a lo de Braian, sabiendo que era hasta que Julián volviese, mientras tanto junto con Braian organizarían trabajos, vivienda y demás necesidades en la medida que se iban conociendo y compartiendo más. Cada uno contaba su sueño o proyecto posible para el futuro, apoyándose el uno al otro.
De jovencita pícara, pasó a ser más consciente y segura de lo que realmente quería, igual le ocurrió a Braian.
PINTADO POR ANA MARÍA
Por supuesto que Braian les contó a Priscila y a su padre todo lo ocurrido, las tensiones, equivocaciones y que Julián por el momento estaba con su madre en Santa Rosa, la pareja de su hermano en su casa de Palermo Soho y Su Ann, la amiga de Peggy, que se había ido de la casa de ella, era una persona a la cual tendría que tratar de encontrar. Le debían muchas explicaciones, ella estaba sola y nadie quería que regrese enseguida a Estados Unidos donde había vivido últimamente.
El papá de Priscila se acordaba de Su Ann porque la acercó hasta el embarcadero, y le preguntó a Braian a qué se dedicaba ella. Contestó que ella era perfumista.
Con gran exclamación el señor expresó que visitar con tranquilidad El Tigre sería muy interesante para ella, y así pudiera día a día ir haciéndose amiga de los distintos olores. El Tigre es un paraíso de aromas.
Priscila y Braian se miraron y a la vez dijeron ¡buenísimo! Es una gran idea y posible de hacer. Una enorme sonrisa les ofreció el rostro del señor.
—Chicos acá encuentran el olor del agua quieta, turbulenta, de lluvia, de los aromas traídos por el viento según de donde vengan, de las comidas que hacen los forasteros, de plantas y animales, de la tierra seca y húmeda, del polvo, de la corteza de los árboles, seguiría haciendo un enorme listado.
Don Braulio agregó que en ese lugar no faltan las plantas aromáticas como el capullito de Alhelí.

Continuó contándoles que las flores amarillas del Alhelí simbolizan fidelidad en los tiempos más complicados, mientras que las blancas expresan paz, modestia y simplicidad, y las púrpuras, significan belleza que perdura. Y justamente una de las características más apreciadas de esa flor es su hermoso perfume.
Priscila expresó que era una sorpresa que le había dado su padre, ya que nunca a ella se lo había contado, pero comprendió que esa era la ocasión en la que tenía que enterarse porque era para ayudar a los amigos.
Cuando detuvieron la charla, el cantar de los pájaros les regaló más serenidad y calma que llegó a producir un cosquilleo en sus oídos.
Camino a casa, Don Braulio, les fue mostrando algunos de los tantos pajaritos que hay en el Delta, quedando maravillados, aunque Priscila dijo: –¡Papá no sabía acerca de todo lo que te guardaste, sin contarme! Conoces mucho.
Don Braulio le contestó que él hacía casi una vida que vivía en ese lugar, tanto que podría reconocer el aroma que desprende cada pájaro y cada ser vivo del Tigre, y muerto también. –¡Papá! Le regañó Priscila por sus últimas palabras.
Regresaron los tres a casa y Braian sostuvo que era tiempo de tratar de ubicar a Su Ann, fue apoyado por ambos.
Braian llamó a Su Ann, pero le daba siempre ocupado.
PINTADO POR ANA MARÍA
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