y entonces me sigue en la extensión
que se abre ante el coche, frente al sol que declina
y que en unas cuatro horas brillará en las bombas extractoras
en un tono de petróleo oxidado, y espero no estar ya para
[entonces,
haber encontrado algún camino asfaltado que nunca antes
rozara pero agradecerlo y susurrar gracias
como cuando una rehén recién liberada y devuelta a su país
besa la pista ante las cámaras ante el cuello
de su esposa o la mejilla de su padre o el saludo
de algún oficial obligado a recibirla,
o quizá fuera mejor expresar hoy mi gratitud quitando
los seis cadáveres de coyote a lo largo de la valla de la finca
no debía haber entrado creyendo que era una nueva ruta de
[vuelta a casa,
tras el pozo de grava a donde los chicos de Ralls deben llegar
[a beber
o a follar quizá con sus primas mayores para eludir
[sus matrimonios
o a disparar a las latas o al cielo y alguno agarró tal borrachera
que se quitó ese par de vaqueros verdes tan perfectos
de la estantería de Sears y cada vez menos después, aquí
en una carretera sin nombre, un camino en realidad, y los dejó
[arrugados
sobre el suelo arrugado, el único verdor en este mar, este mar
[de tierra
roja en la que algunos aún creen que lo que hacen es cultivar
y por eso emplean su dinero y su tiempo
roturando de acá para allá las parcelas
como barcos de arrastre por el lago Salton o
un astronauta en Marte que hubiera perdido una herramienta
[especial
en lo que no llamaríamos parcela sino algo más
interestelar y espacial como terra vasta y esto
es Texas así que puede resultar
porque la tierra es vasta y siempre a punto
de soplar sobre el rostro y
yo no he matado a nada
con cuatro patas y pelaje en años
aunque ayer por la noche tropecé otra vez
y mi amiga la salamandra,
quien pegada a la pared junto a la cocina
me ha visto entrar cada día desde julio
dio un brinco, y se metió bajo un zapato y ahí quedó
besando el suelo, como eufórica,
liberada al fin de la pared,
y yo la enterré en el montón de basura que llamo composta
y tengo que retomar la dirección Este y encontrar esas carcasas
que se erizan en el viento vespertino y traerlas
hasta esa tierra eufórica que los adoraba
y les besaba cada pata al trotar.
None of this surprises you now ,
does it? I’m not sure I can know that ,
I responded to myself.
Or I think I did.
I should have.
A friend told me to embrace
my disorientation here, to attend
to it and dwell in that state, make it
a daily practice, like walking,
or drinking coffee.
I’ve walked through this city
countless times these last five months.
Months ago, I couldn’t
distinguish Bulnes from Pueyrredón,
prostitutes from neighbors on Córdoba.
I was learning to walk
through the nuances of this city.
Everything has changed:
I push into the subte; my wife
still can’t buy tampons, women
think protest will change
something; hope, that lingering
scent jasmine blooms on a warm day,
but it dissipates
and I forget it ever existed.
I was surprised
when my friend told me she had cancer.
I thought then
I’d never not think of her.
Tonight Buenos Aires is a protest
in response to a recent murder:
a 14-year-old girl, pregnant, killed
by her 16-year-old boyfriend and buried
with his parents’ help in their backyard.
Ni Una Menos, Not One Less .
I haven’t thought of my friend
for the last month.
Maybe I’ve misplaced her,
the astonishment
that once joined me on my walks.
Can we always dwell inside
an unsettled state?
Early on I thought of her
as I explored. The night
I wrote her, her partner
responded, My heart’s heavy .
I have to tell you Jackie died last Friday .
Death, I expected hers . . .
but I thought I’d see her again,
have an opportunity to tell her
about surprises here losing luster.
I don’t know which way
to turn, how to understand
this. I had a stone
I was going to give her, but
I threw it into a pond and watched
the undulations calm,
erase the evidence
every ripple.
Nada de esto te sorprende ahora ,
¿cierto? No estoy seguro del todo ,
me respondí a mí mismo.
O así lo creo.
Debí haberlo hecho.
Una amiga me recomendó abrazar
mi desorientación en este punto, atenderla
y meditar en este estado, convertirlo
en práctica diaria, igual que pasear
o tomar café.
He paseado por esta ciudad
infinidad de veces estos cinco meses.
Hace unos meses no distinguía
Bulnes de Pueyrreidón,
ni las prostitutas de las vecinas de Córdoba.
Estaba aprendiendo a moverme
por los matices de esta ciudad.
Todo ha cambiado:
me abro paso en el subte ; mi mujer
sigue sin poder comprar tampones, las mujeres
creen que la protesta cambiará
las cosas; la esperanza, ese aroma
a jazmín que brota en los días templados,
y luego se disipa
y me olvido de que haya existido.
No me esperaba
que mi amiga me dijera que tenía cáncer.
Pensé entonces
que nunca dejaría de pensar en ella.
Esta noche Buenos Aires es una protesta
en respuesta a un asesinato reciente:
una chica de 14, embarazada, muerta
por su novio de 16 y enterrada en el patio de casa
con ayuda de los padres de él.
Ni una menos, Not One Less .
No me he acordado de mi amiga
en el último mes.
Puede que se me haya traspapelado
el asombro
que solía unirse a mis paseos.
¿Se puede habitar siempre
en un estado inestable?
Antes me acordaba de ella
mientras exploraba. La noche
en que le escribí, me respondió
su pareja : Me pesa el corazón .
Tengo que decirte que Jackie murió el viernes pasado .
La muerte, yo esperaba la suya…
pero creí que la volvería a ver,
que podría llegar a contarle
cómo aquí van perdiendo brillo las sorpresas.
No sé adónde
mirar, cómo entender
esto. Tenía una piedra
que le iba a regalar, pero
la tiré a un estanque y observé
cómo se calmaba la ondulación,
se borraba la huella
de cada onda.
I was invisible today and I spoke
long, eloquent sentences
no one heard. The oak leaves
shimmered and shrugged
off the heat. It could have been
dust speaking my name
or the deep breath of prickly pear
before it burst another bud
from its spikes, but the wind didn’t
touch my back, tussle my hair.
It was an empty word and I am empty
like an oil drum rusting
in the fence line of a back field
brittle, dented, more empty
than an excuse given as
an afterthought or permission.
Tonight a dog kissed my wrist.
She was the first to address me
but the night was so deep
she must have thought the air
holds an echo , maybe thought
of someone who had passed
hours before scenting the alley
fence, or an announcement
of a man approaching inside the dark.
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