Marion Lennox - Un millonario enamorado

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Hay cosas que el dinero no puede comprar…
Molly Farr entendía por qué el millonario Jackson Baird era conocido como "el soltero más codiciado de Australia". Era guapo, encantador y rico… y Molly tenía que cerrar aquel trato con él o perdería su empleo. Por eso lo último que necesitaba era sentirse atraída por su cliente más importante. Especialmente sabiendo que Jackson tenía fama de salir solo con las mujeres más guapas y sofisticadas. ¿Qué podría ver en ella un hombre como él?
Molly no lo sabía…, pero Jackson sí.

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– ¡Guy! -exclamó Angela, pero Guy sonrió.

– Os regalaré un bonito coche el día de la boda -dijo Jackson.

– Guau. Quedará muy bien al lado de las ollas y de las tostadoras.

Pero Molly, se había quedado de piedra.

– Jackson Baird, ¿crees que puedes ir gastándote el dinero por ahí en un…?

– Eh, ¿de qué te quejas? -interrumpió Angela-. Deja que malgaste lo que quiera -sus ojos brillaban de felicidad-. ¿Qué tal si añadimos unos brillantes a la lista de la compra, ya que estás?

Molly se quedó sin aliento.

– Angie…

– No me lo digas. Estabas a punto de decirme ¡cállate! De acuerdo, sé cuándo me estoy metiendo donde no me llaman -Angela miró a Sam-. Sam, los Lionel llevan mucho rato metidos en esa caja.

– Ya -dijo el niño.

– Vamos a enseñarles su nueva casa -agarró a Guy de la mano y después a Sam. También, sonrió a Hannah-. ¿Qué le parece, señora Copeland? ¿Le apetece venir a ver cómo liberamos a las ranas y dejar a estos dos a solas?

– Me encantaría -dijo Hannah-. Si lo que está a punto de ocurrir, va a ocurrir, entonces, estoy a punto de vender mi granja. Y si vendo este lugar, entonces, tendré que dejar una buena población de ranas. Adelante, jovencito Sam.

– Hey, yo también quiero ver cómo las liberáis -dijo Molly.

– ¿Quieres ver a las ranas o quieres quedarte un rato más donde estás? -preguntó Angie-. Elige ahora. ¿Ranas o príncipe?

Y solo había una posible decisión.

– Príncipe, por favor -dijo Molly, y selló su destino allí mismo.

Por fin, se quedaron a solas. Juntos y abrazados. Tenían muchas cosas que decirse, pero no era el momento de hablar. Solo era el momento de sentir sus cuerpos unidos. Dos corazones latiendo como si fueran uno.

Era una unión sin palabras. Una sensación de paz y alegría tan grande, que Molly no sabía cómo aceptarlo.

Jackson la abrazaba como si nunca fuera a dejarla marchar. Le acariciaba la espalda mientras ella apoyaba el rostro dolorido en su hombro.

– ¿Dónde está Cara? -susurró Molly, pero ya no le importaba. Cara ya no le importaba. Lo que el amor verdadero unía, ningún hombre podría separarlo… y el amor verdadero, había unido a esa pareja.

– Cara y yo hemos decidido que vivir juntos en la granja sería una locura.

Ella se separó de él para verle la cara.

– ¿Por qué?

Jackson sonrió y a Molly le dio un vuelco el corazón.

– He sido un idiota.

– No te creo.

– Entonces, te equivocas. Molly… -le agarró las manos e intentó explicarle algo que él mismo acababa de empezar a comprender-. Molly, tuve una infancia muy mala. En el único lugar donde encontraba la paz fue en el colegio interno, O con las niñeras. Después, en la universidad y en el mundo de los negocios. Esas cosas seguían unas normas que yo podía comprender. Hacían que me sintiera seguro. Así que intenté organizar mi vida personal del mismo modo. Cara es mi hermanastra. Ella tuvo la misma vida que yo, con los mismos resultados de fracaso emocional. Así que cuando la vida se ponía difícil, solo nos teníamos el uno al otro.

– Cara es tu… ¿hermanastra? -Molly se quedó de piedra.

– Sí. Y hasta ahora, Cara y yo hemos vivido bajo las mismas reglas. Autoprotección a toda costa. Una vez intenté saltarme la regla y fue un desastre -acercó los labios al cabello de Molly y suspiró-. Pensé que amaba a una mujer. Ella me quería solo por mi dinero. Yo era joven e ingenuo, pero me hizo desconfiar de la vida. Solo que entonces, no te había conocido. Un hombre puede ser estúpido…

Ella no podía creer lo que estaba oyendo. «Por favor…»

Era una pequeña súplica que le salía desde lo más profundo del corazón, pero al sentir que Jackson la atraía hacia su cuerpo para que oyera el latido de su corazón, obtuvo la respuesta.

– ¿Y ahora?

Un martín pescador cantaba en el exterior, y su trino, parecido a una risa, parecía una burla de los amantes. Pero a ellos no les importó. «Podría ser un ruiseñor», pensó Molly, y sintió ganas de pellizcarse por si estaba soñando.

– Ahora, Cara ha conocido a Raoul. Y…

– ¿Y?

– Y yo he conocido a Molly. Mi Molly. Mi amor. Mi maravillosa, valiente, fiel, y cariñosa Molly, y me doy cuenta de que no sabía de qué estaba huyendo. Creía que huía del amor, pero hasta que te conocí, no sabía lo que era. Hemos pasado tres semanas separados y te he echado de menos en cada momento. Te deseo, Molly. Quiero que seas mi esposa. Ahora y para siempre. ¿Te casarás conmigo?

¿Se casaría con él? ¡Sí y sí! Pero había una cosa que quería decirle, aunque su futuro, y su felicidad, dependieran de ella.

– Jackson, vaya a donde vaya, tengo que llevar a Sam. Yo… él forma parte de mi vida. Y yo tengo que…

Pero parecía que Sam no era un problema.

– Por supuesto que sí. ¿Cómo iba a ser de otra manera? Es un chico estupendo, y yo tengo muchos planes…

– ¿Planes?

– Nos mudaremos aquí -le puso un dedo sobre los labios para que no hablara-. Querías que las cosas no cambiaran para Sam, así que te mudaste a la ciudad. Pero las cosas han cambiado, te guste o no. Yo sé que él podría ser feliz aquí. El colegio de la zona es más pequeño que al que va ahora, y estará más contento. Aquí podrá criar ranas. Tendrá su propio cachorro y nos ayudará a criar el ganado, comerá las paviovas de la señora Gray y dejará de parecer un niño sin…

– Ya basta -Molly estaba llorando y riéndose a la vez-. Haces que parezca maravilloso. Me entran ganas de aceptar solo por Sam.

– ¿Crees que te haría chantaje?

– No -lo miró a los ojos y cambió de opinión-. ¡Sí! Si quieres conseguir algo, harías todo lo que hiciera falta para conseguirlo.

– Solo te quiero a ti.

Ella lo sujetó. Con las manos entrelazadas, formaron un circulo perfecto, de confianza y felicidad.

– ¿De veras, Jackson?

– De veras -se inclinó y la besó en la boca con delicadeza. Era un beso lleno de promesas. Un beso lleno de felicidad.

– Y lo tengo todo arreglado.

– Has estado muy ocupado.

– Tres semanas es mucho tiempo. Un hombre puede pensar mucho en todo ese tiempo.

– ¿Y qué has decidido? -estaban derritiéndose con la mirada.

– He pensado… he pensado que no tengo que viajar tanto. Puedo hacer casi todo el trabajo desde aquí. Seremos auténticos granjeros. Pero, si tú quieres, puedes montar una agencia inmobiliaria para vender granjas. Solo las mejores…

– Por supuesto, solo las mejores -dijo ella, riéndose.

– Y en nuestro tiempo libre, podemos ser granjeros.

– ¿Sí?

– Sí -la acariciaba con la mirada, y Molly notó que reflejaba cierto nerviosismo que adoraba. Él era su príncipe maravilloso que podía gobernar el mundo. Pero cuando se trataba del amor que sentía por Molly, ella podía hacer lo que quisiera.

Lo amaba tanto que apenas podía hablar Y tampoco era necesario que lo hiciera.

Le sujetó el rostro, y lo besó de manera apasionada. Hasta que ambos quedaron sin aliento, pero llenos de amor y felicidad.

Cuando al fin se separaron, solo durante un instante, Molly susurró:

– Deberíamos ir a ver cómo liberan a las ranas.

– Tú ya has liberado la tuya -dijo Jackson, y la estrechó entre sus brazos para besarla de nuevo-. El será tu amante para siempre… y podrás besarlo siempre que quieras, porque nunca volverá a convertirse en rana.

Marion Lennox

Un millonario enamorado - фото 2
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Un millonario enamorado - фото 3
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