Charles Sheffield - El ascenso de Proteo

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El ascenso de Proteo: краткое содержание, описание и аннотация

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En el siglo XXII, la combinación de una bio-realimentación potenciada por ordenador con unas nuevas técnicas de quimioterapia ha permitido al ser humano no sólo curarse (eliminando la profesión médica), sino también alterar a voluntad su forma física. La alteración física, sin embargo, presenta aspectos oscuros, y la Agencia de Control de Formas que dirige Behrooz Wolf tiene la misión de impedir que formas ilegales o peligrosas se difundan.
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.

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El boquiabierto Green miraba con ojos desorbitados como los de una rana asustada. Bey supuso que su propia expresión debía de ser parecida.

—¿Es usted un ser humano o una especie de ordenador biológico? —preguntó al fin.

—Una buena pregunta, una pregunta que me ha preocupado bastante en los últimos años. Siento la tentación de responder que sí.

—¿Es usted ambas cosas? ¿Pero dónde está el cerebro? —preguntó Green.

—La parte orgánica está en el gran tanque que tienen frente a ustedes, en el extremo de la cámara. Se la distingue fácilmente por la cantidad de sensores que entran en él. La parte inorgánica, el ordenador, está en una red distribuida a través de casi toda la esfera. Como ven, Robert Capman ha demostrado que la idea de la interacción hombre-máquina puede ir mucho más lejos que un implante informático.

—¿Pero cómo…? —Wolf hizo una pausa. Su mente veía cien posibilidades nuevas y cien problemas nuevos—. Si aquí no hay nadie más —continuó—, ¿cómo obtiene usted los alimentos que necesita? ¿Y cómo puede revertir el cambio? Supongo que empezó con forma humana. —Se le ocurrió otra posibilidad perturbadora—. ¿Cómo llegó a ser así? ¿Lo hizo voluntariamente, o le obligaron a cobrar esta forma?

—Preguntas, preguntas. —La voz suspiró—. He prometido no dar respuesta a algunas de ellas. Si usted quiere respuestas, pídalas a Robert Capman. Pero puedo garantizarle que revertir el cambio sería muy difícil. Por otra parte, creo que cuando tal cosa llegue a interesarme ya estará totalmente desarrollada… y tal vez olvidada. Olvidémoslo por ahora. Por favor, dense la vuelta. La voz, a pesar de su origen extraño, sonaba alegre y racional, e incluso irónica. Cuando Wolf y Green se volvieron, una colorida pantalla se activó en la pared del tanque.

—Usted pregunta cómo recibo mis alimentos. De forma muy eficaz. Mi sistema de soporte vital es totalmente autónomo. Mire la pantalla y le brindaré una excursión guiada por Perla. Ahora nos dirigimos a la superficie interior.

La pantalla mostraba las imágenes captadas por una unidad de vídeo móvil que se desplazaba por uno de los cables que conducían a la pared interior del asteroide. Vistos desde cerca, los cables se revelaban como algo mucho más complejo que meros soportes. Incluían tubos, guías de comunicación y articulaciones flexibles donde se podían insertar otros cables. Cuando la unidad de vídeo se acercó a la pared, la imagen de la pantalla mostró algo más complejo que la superficie lisa y cristalina que se veía al principio. Algunas franjas eran más claras que el fondo y emitían una luz mucho más verde.

—¡Tanques de algas! —exclamó de pronto Park Green—. Similares a los de las Colonias de Libración. Pero éstos han de estar insertados en la superficie de Perla. Mira qué verde es la luz.

—Correcto —dijo la voz incorpórea—. Como ven, es muy cómodo tener un asteriode que la naturaleza diseñó casi para nuestro propósito. Las algas constituyen el origen de mi aire y mis alimentos. Configuramos un sistema cerrado que incluye todo el equipo de circulación. Los gradientes térmicos hacen todo el trabajo. Ya no es necesario que Capman, ni nadie más, esté aquí para brindarme sus servicios. Esa consola de control que ustedes vieron afuera ya no es necesaria aquí. De hecho, yo la controlo a través de la red informática. Todo el asteroide Perla es un medio ambiente autónomo.

Una larga experiencia había habituado a Bey a casi todas las formas concebibles, pero Park Green se sentía bastante incómodo ante lo que oía y veía. Parecía horrorizado por las implicaciones de la conversación.

—Capman le hizo esto, ¿eh? —estalló al fin—. Sin duda él sabía qué estaba creando. Usted no puede moverse de Perla, y no puede revertir el cambio. Ni siquiera tiene a nadie con quien hablar o relacionarse. Sea usted lo que haya sido, ¿no entiende lo que le hizo Capman? ¿No sabía que él es un asesino? ¿Cómo puede soportarlo?

—Aún más preguntas. —Por primera vez, la voz sonó irritada—. Mi nombre, a propósito, es Mestel. No necesito la piedad de nadie. En cuanto a sus otros comentarios, debo señalarle que usted está totalmente cautivo en su cuerpo, al menos tanto como yo en el mío. ¿Quién no lo está? Y yo poseo cierto control sobre mis movimientos, cuidados y protección de los que usted carece. ¿Cómo puede usted soportarlo?

—¿Movimiento? —Bey no dejó pasar esa palabra—. ¿Se refiere a un movimiento delegado, a través de los sensores remotos?

—No… aunque también tengo eso. Me refiero al movimiento físico. Espere y vea, señor Wolf. Admito mi sujeción a Perla por un período indefinido. ¿Pero por qué hemos de considerarlo una desventaja? Si he de creer los noticiarios que he captado en las últimas semanas, Perla quizá sea pronto el único lugar donde quede un nivel decente de civilización. ¿O el viejo Laszlo se ha vuelto aún más pesimista que de costumbre?

»Basta de echarla. —La voz de Mestel se volvió más drástica—. Tal vez echo de menos las conversaciones sin demoras temporales. Ahora debo cumplir otro deber. Esperaba la llegada de ustedes, pero no sabía cuándo llegarían ni cuántos serían. Pensé que usted vendría solo, señor Wolf. Robert Capman creía que el señor Green también vendría, y John Larsen insistió en ello. —Un curioso ruido amplificado salió del altavoz. Mestel había carraspeado—. No sé cómo está configurada la forma logiana, pero posee un notable intelecto. Con toda la asistencia informática que está incorporada en mí, creo superar a todos salvo a Capman. Otros son talentosos, pero él trasciende la experiencia normal. Ahora parece que Larsen nos supera a ambos.

—Tengo la misma sensación —dijo Bey—. Conocí a John muy bien antes del cambio, y sin rudeza puedo afirmar que no era un gran intelecto. Ahora es algo especial. Robert Capman siempre ha sido algo especial.

—Conozco su opinión. Ahora permítame hacer una pregunta que sólo usted puede responder. Usted ha perseguido a Capman desde que lo conoció, día y noche, año tras año. Si desea perseguirlo más, ahora correrá un gran riesgo. Además estará alejado de la Tierra muchos meses. ¿Está dispuesto a continuar?

—Espere un minuto —dijo Green—. ¿Y qué hay de mí? He participado en esto desde el principio, al menos desde que aparecieron las formas logianas. No pienso ser excluido.

—Usted no será excluido, señor Green. Usted y yo, por nuestros pecados, nos embarcaremos en otra misión. Es una misión crucial y exigente, pero no incluye una reunión con Robert Capman. Ese encuentro no es necesario para nosotros. Pero hay razones por las cuales Behrooz Wolf necesita una nueva reunión con Larsen y Capman.

Wolf escuchaba atentamente. Estaba intrigado por la entonación de Mestel y por el estilo algo anticuado y formal de las frases. De nuevo miró el tanque. Aparte del mero tamaño, revelaba un gusto individual en la disposición, un poco distinta de la habitual.

—Mestel —preguntó—, ¿la disposición de este sitio es obra de usted o de Capman?

—Capman y una cuadrilla se encargaron del trabajo físico. Eso fue antes de que yo tuviera pleno control del equipo de control remoto, así que aún necesitaba ayuda. Ahora podría hacerlo todo con mis servomecanismos. Pero yo hice las especificaciones… A Robert nunca le importó mucho el entorno. Vivía dentro de su cabeza.

Wolf cabeceaba satisfecho.

—Entonces me gustaría hacerle sólo un par de preguntas más. ¿Qué edad tiene usted? ¿Es varón o mujer?

Green miró atónito a Wolf. Pero Mestel se reía de buena gana. Un torrente musical de sonido brotó por cien altavoces dentro del gran tanque.

—¿Varón o mujer? Vamos, señor Wolf, ¿no es obvio que esa pregunta es ahora meramente académica? Supongo que usted quiere preguntar si mi forma original era masculina o femenina. Muy perspicaz. Mi nombre es Betha Mestel, y durante muchos años fui mujer… pero por suerte nunca fui una dama. Robert Capman me dijo que usted tiene un talento incomparable para interpretar una forma externa. Veo que no exageraba. ¿Puede usted ir más lejos? A partir de lo que he dicho, ¿le agradaría intentar nuevas deducciones?

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