Debo encontrarme a mí mismo. Si vuelvo antes de que regrese, mantenme aquí por favor.
– Tal vez sí esté durmiendo, pero mi mente está tan activa que no logro tener un buen descanso -consideró él.
– De repente la multitud salió en tropel hacia el recinto.
– ¡Ella está aquí! -exclamó Tom levantándose y aventando la silla.
– ¿Mencioné los nervios de punta? -inquirió Kara-. Tranquilo y sereno, Thomas. Tranquilo y sereno.
– Él levantó la silla y luego salió corriendo hacia la entrada con Kara instándole que tuviera calma.
– Toma las cosas con más calma.
Él no tomaba las cosas con más calma.
La puerta se abrió y dos hombres rudos vestidos de negro entraron al sitio de recepción. Tatuajes tailandeses sak les marcaban los antebrazos. Básicamente había dos variedades de tatuajes en Tailandia: Los diseños kbawm supuestamente invocan el poder del amor, y los diseños sak invocan el poder contra la muerte. Estos eran de los últimos, usados por hombres en tipos de trabajo peligrosos. Claramente seguridad. No es que le importara a Tom… él no estaba planeando saltar sobre la mujer. Los ojos de ellos recorrieron rápidamente el salón.
Dos cuerdas rojas tendidas a través de postes dorados formaban una senda temporal hacia el recinto. Los hombres bloquearon el espacio entre el último poste y la entrada, empujaron las puertas, y extendieron los brazos para guiar a su jefa.
El rostro firme y confiado de la mujer que entró al vestíbulo del Sheraton Grande Sukhumvit llamaba la atención. Usaba zapatos altos azul rnanno de apariencia costosa, sin medias nylon. Pantorrillas esculpidas. Falda color azul marino y blazer con blusa de seda blanca. Collar de oro con un insignificante pendiente que vagamente parecía un delfín. Ojos azules centelleantes. Cabello negro sobre los hombros.
Monique de Raison.
– ¡Caramba, caramba! -exclamó Kara.
Destellaron las luces de las cámaras fotográficas. La mayoría de invitados esperaba en el recinto, donde se había instalado un estrado entre una virtual selva de exóticas plantas florecidas. Monique recorrió el salón con una mirada y luego se dirigió con energía hacia el estrado. Tom sesgó hacia las cuerdas.
– ¡Perdón!
No lo oían hablar. Y ella caminaba muy rápido.
– Perdón, Monique de Raison -dijo Tom, apresurándose a interceptarlos.
– ¡Tom! ¡Estás gritando! -le susurró Kara.
Monique y sus matones de seguridad no le hicieron caso. Detrás de los tres, un séquito de empleados de Farmacéutica Raison entraba al vestíbulo.
– Perdón, ¿es usted sorda? -quiso saber él; gritó.
Esta vez los hombres de seguridad se volvieron a mirar en dirección a Tom. Monique giró la cabeza y lo fulminó con una mirada. Era claro que no le impresionaba ver a un estadounidense pavoneándose vestido con camiseta y jeans. Ella desvió la mirada y siguió adelante como si sólo hubiera visto a un perro curioso en la calle.
Tom sintió que se le aceleraba el pulso.
– Soy de los Centros para el Control de Enfermedades. Perdí mi equipaje y no tengo la ropa adecuada. Tengo que hablar con usted antes de que haga su anuncio.
Ahora no gritó, pero su voz era bastante alta.
Monique se detuvo. Los de seguridad se pusieron a cada lado, mirando como dos dóberman a punto de atacar. Ella enfrentó a Tom a tres metros. Sus ojos se fijaron en la inscripción en el pecho de él. Quizá debió haber usado la camisa al revés. Kara se le puso a su lado.
– Esta es mi asistente, Kara Hunter, mi nombre es Thomas -expreso él dando un paso adelante, y el guardia a la derecha de ella inmediatamente se movió al frente como precaución-. Sólo necesito un minuto.
– No tengo un minuto -contestó Monique; su voz era suave y baja, y tenía un ligero acento francés.
– No creo que usted entienda. Hay un problema con la vacuna.
Tom supo antes de que la última palabra saliera de su boca que había dicho algo equivocado. Cualquier insinuación o cualquier promoción de alguna sugerencia como esa serían veneno para el valor de las acciones de Farmacéutica Raison.
– ¡No me diga!
No había manera de echarse atrás ahora.
– Sí. A menos que quiera que lo revele aquí, frente a todos ellos, le sugiero que saque un momento, sólo un momento muy corto, y hable conmigo.
La confianza de Tom aumentó. ¿Qué podría ella decir a eso?
– Después -contestó ella girando sobre los talones.
– ¡Oiga! -exclamó él, dando un paso largo en dirección a ella.
El tipo de seguridad más cerca levantó una mano. A Tom se le medio ocurrió enfrentarlo exactamente aquí y ahora. El hombre le doblaba la talla, pero últimamente él había aprendido nuevas habilidades.
– Después resultará -le dijo Kara agarrándolo del brazo.
El séquito se acercaba con miradas curiosas. Tom se preguntó si alguien lo reconocería del incidente de ayer en el portón. Sin duda las cámaras de seguridad habían grabado todo el asunto.
– Está bien, después. Intenta mantener la cabeza agachada. Alguien podría reconocernos.
– Ese es exactamente mi punto. Ya hablamos al respecto, ¿recuerdas? Nada de escenas. No vine a Bangkok a que me metieran en la cárcel.
***
EL ANUNCIO fue sorpresivamente corto y conciso. Monique lo hizo con toda la desenvoltura de un político experimentado. Farmacéutica Raison había completado el desarrollo de una nueva súper vacuna de transmisión via aérea creada para inocular nueve virus principales, entre ellos SARS y VIH. Esto fue seguido por una interminable lista de detalles para la comunidad mundial de salud. Ni una sola vez miró en dirección a Tom. Ella esperó hasta el final para soltar la bomba.
Aunque la compañía esperaba la aprobación de la FDA en Estados Unidos, los gobiernos de siete países en África y tres en Asia ya habían hecho Peídos de la vacuna, y la Organización Mundial de la Salud había dado su consentimiento después de recibir garantías de que la vacuna no se extenderá espontáneamente más allá de una región geográfica específica, debido a acciones creadas que acortaban la vida de la vacuna. El primer pedido se entregaría a Sudáfrica dentro de veinticuatro horas.
– Ahora me encantaría contestar algunas preguntas.
La mente funciona de maneras extrañas. La de Tom había funcionado en las más extrañas de las maneras en los últimos días. Entrando y saliendo de realidades, cruzando océanos, despertando y durmiendo en sobresaltos Pero con la afirmación final de Monique de Raison todo entraba en un enfoque simple.
Había una vacuna Raison, esta mutaría en un virus que haría parecer al SARS como un caso de hipo. Ahora la estaban enviando a Sudáfrica. Él Thomas Hunter de Denver, Colorado, y Kara Hunter del mismo sitio eran las únicas personas sobre la faz de la tierra que sabían esto.
Hasta este instante todo había parecido de alguna manera como un sueño. Ahora era tangible. Ahora él estaba mirando a Monique de Raison y oyéndola decirle al mundo que cajas del medicamento que mataría a millones estaban empacadas y listas para enviarse. Quizá ya se habían enviado. Tal vez ahora estaban en la parte trasera de algún avión, calentándose bajo el ardiente sol. Mutando.
La recapitulación de su apuro lo sacó de su silla.
– Thomas.
– ¿Oíste eso?
– Siéntate.
Ella lo haló por el brazo. Los reporteros estaban haciendo preguntas. Seguían resplandeciendo las luces de las cámaras fotográficas.
– Tenemos que detener ese envío.
– Ella afirmó que hablaría con nosotros después -insistió Kara entre dientes-. Unos pocos minutos más.
– ¿Y si ella no hace caso? -preguntó él.
– Entonces intentamos otra vez con las autoridades. ¿Correcto?
Читать дальше