Joseph Conrad - Nostromo

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"Sus ojos centelleaban de indignación, pero al mirarla yo fascinado, su fulgor se extinguió.

– "Es una rendición -dije. Y recuerdo que le sacudía las muñecas, que retenía en mis manos separadas-. Pero algo más ha habido que charla inútil. Su padre de usted me ha dicho que siga adelante con mi provecto en nombre de Dios.

"Hermana querida, hay en Antonia algo que me hace creer en la posibilidad de todo. Me basta mirarla a la cara para sentir arder mi cerebro. Y, no obstante eso, la amo, como lo haría otro cualquiera… con el corazón, y sólo con el corazón. Antonia es para mí más que la Iglesia para el padre Corbelán (el vicario general desapareció de la ciudad la noche pasada, tal vez para ir a incorporarse a la banda de Hernández). Es para mí más que su preciosa mina para ese inglés sentimental. No quiero hablar de su mujer, que quizá lo fue en otro tiempo. Ahora la mina de Santo Tomé es un muro interpuesto entre los dos consortes. 'Su mismo padre de usted, Antonia-repetí-, su padre, ¿comprende usted?, me ha dicho que siga con mi plan.'

"Ella volvió la cara a un lado y preguntó con acento apenado:

– "¿De veras lo ha dicho? Entonces temo que no volverá a hablar más.

"Desasió sus muñecas de mis manos y, llevándose el pañuelo a los ojos, empezó a llorar. No me inmuté al contemplar su dolor: prefiero verla, aunque sea afligida, a no verla de ningún modo y por siempre. Ora huya de Sulaco, ora me quede para ser fusilado, no podremos encontrarnos juntos, no habrá futura unión. Por lo mismo no gasté el tiempo en compadecer su tristeza del momento. La envié llorando a buscar a doña Emilia y a don Carlos. Para la existencia misma de mi proyecto es necesario el sentimentalismo de esas dos personas, incapaces de hacer nada en favor de un deseo apasionado, mientras no se les presente revestido con el bello atavío de una idea. ¿Qué es para ellos mismos mi pasión por Antonia? Nada. Pero si se disfraza con el propósito de crear un Estado nuevo, la cuestión varía de aspecto.

"Por la noche, a hora avanzada, formamos una pequeña junta de cuatro -las dos mujeres, don Carlos y yo- en el gabinete íntimo azul y blanco de la señora de Gould.

"El Rey de Sulaco se tiene indudablemente por un hombre honradísimo; y si alguien pudiera ver lo que hay detrás de su taciturnidad, se convencería quizá de que es así. Probablemente cree que sólo esa reserva es la que conserva su honradez limpia de toda mácula. Esos ingleses viven de ilusiones que de una manera u otra les ayudan a hacer presa en la realidad. Don Carlos no habla más que con 'síes' o 'noes' raros, que suenan tan impersonales como las palabras de un oráculo. Pero a mí no me desorienta su muda reserva. Sé muy bien que su obsesión dominante es la mina; así como la de su mujer es la preciosa persona del hombre que se le ha colgado al cuello con la Concesión Gould haciéndola sentir el peso abrumador de una empresa erizada de peligros. Todo esto importa poco. Lo substancial para mí es que comuniquen el proyecto de constituir en Estado independiente la Provincia Occidental a Holroyd (el Rey de la plata y el acero) en términos de obtener su apoyo financiero.

"A esta misma hora, la noche pasada, hace exactamente veinticuatro horas, hemos creído que la plata de la mina estaba segura en los sótanos de la Aduana, hasta que llegue el vapor que ha de llevarla a los Estados Unidos. Y mientras allí se reciban sin interrupción las remesas del precioso metal, el conocido sentimentalista Holroyd no abandonará su idea de introducir en los países atrasados justicia, industria, paz, y además su acariciada manía de una forma de cristianismo más pura.

"Posteriormente hemos recibido nueva información sobre pormenores del levantamiento. El ingeniero en jefe de la vía, la persona más notable de los europeos de Sulaco, ha venido a caballo por la calle desde el puerto, y fue admitido a nuestro consejillo. La Junta de Notables sigue aún deliberando en el salón; y uno de los miembros ha salido a la galería a preguntar a un criado si podrían llevarles algo que comer.

"Su petición ha sido satisfecha sin duda, porque las primeras palabras del ingeniero en jefe al entrar en el gabinete han sido: '¿Cuántas cosas es su casa de usted, señora de Gould? Abajo hospital de guerra; y arriba, al parecer restaurante. He visto llevar a la sala bandejas cargadas de apetitosos manjares.'

"Pues aquí, en este cuartito -dije yo- tiene usted el gabinete secreto de la futura República Occidental.

"El hombre venía tan caviloso, que ni se sonrió al oírlo, ni siquiera se mostró sorprendido.

"Nos contó que, mientras estaba tomando disposiciones generales para la defensa del material de ferrocarril en los depósitos, le llamaron para que fuera al despacho del telegrafista de la vía. El ingeniero encargado de los trabajos avanzados al pie de las montañas necesita comunicar con él desde el extremo del hilo telegráfico. En el despacho estaban solos él y el empleado del telégrafo, que leía en voz alta las señales, según iba cayendo la cinta y enrollándose en el suelo. Y el objeto de esta comunicación, enviada nerviosamente desde un cobertizo de madera sepultado en las profundidades de los bosques, era informar al jefe de que el presidente Rivera había sido o estaba siendo perseguido. Esto era una verdadera novedad para nosotros en Sulaco, porque el mismo Rivera, después de salvado, reanimado y tranquilizado por nosotros, se inclinó a creer que no habían despachado tropa para darle alcance.

"Rivera, cediendo a las apremiantes instancias de sus amigos, había dejado el cuartel general de su derrotado ejército, partiendo solo con el muletero Bonifacio, que se ofreció a servirle de guía bajo su responsabilidad y con el riesgo consiguiente. Emprendieron el viaje al amanecer del tercer día. Las tropas que restaban del ejército gubernamental se habían dispersado durante la noche. Bonifacio y el presidente cabalgaron a todo correr hacia la Cordillera; y luego se proveyeron de mulas, penetraron en los pasos y cruzaron el páramo de Ivie poco antes de que un ventarrón helado barriera la pétrea meseta sepultando en un montón de nieve el pequeño albergue de piedra en que habían pasado la noche.

"Después de esto, el pobre Rivera pasó por mil aventuras: perdió de vista a su guía y no pudo reunirse con él; la montura se le escapó; tuvo que bajar a pie con gran trabajo al Campo; y a no haberse entregado a los compasivos sentimientos de un ranchero, habría perecido mucho antes de llegar a Sulaco. El hombre, que, por supuesto, le reconoció al instante, le facilitó una mula descansada, que el fugitivo reventó a causa de su excesivo peso y torpeza en cabalgar.

"Pero era cierto que había sido perseguido por un destacamento a las órdenes del mismo Pedro Montero, el hermano del general. Por fortuna para el expresidente, el viento glacial del páramo sorprendió a los perseguidores en la cima de los pasos. Unos cuantos hombres y todas las bestias perecieron helados; pero el núcleo principal continuó su camino. Hallaron al pobre Bonifacio medio muerto, tendido al pie de un talud de nieve, y le remataron a bayonetazos sin misericordia, según lo acostumbrado en las guerras civiles. También hubieran dado con Rivera, a no haber dejado el camino real, extraviándose en los bosques al pie de las últimas estribaciones. Y allí, dando vueltas por un lado y por otro, fueron a caer inesperadamente en el vivaque de los constructores de la vía. El ingeniero que dirigía el avance de ésta avisó a su jefe, por telégrafo, de que tenía allí en su misma oficina a Pedro Montero escuchando el repiqueteo del transmisor. Iba a tomar posesión de Sulaco en nombre de la democracia. Se portó con una arrogancia insoportable. Sus hombres sacrificaron algunas reses pertenecientes a la Compañía del Ferrocarril, sin pedir permiso, y emprendieron la tarea de asar la carne sobre las brasas de hogueras preparadas al efecto. Pedrito hizo muchas preguntas intencionadas sobre la plata de la mina y el producto de los seis meses de explotación. Y llegó a decir en términos perentorios: 'Pregunte usted a su jefe por telégrafo; necesito saberlo ahora mismo. Dígale usted que don Pedro Montero, comandante del Ejército y ministro del Interior del nuevo gobierno, desea que se le informe con toda exactitud.'

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