Tasha hizo señas a Spencer y le dijo:
– Sonríe para la cámara o muévete.
Spencer se movió.
– Hay sangre en el interior de sus muslos, -Cass señaló mientras sacaba otra foto.
– Probablemente ha sido violada. Y hay manchas de hierba detrás de sus talones, Burke. -Tasha señaló a la víctima.
– Lo que significa que muy probablemente fue arrastrada por lo menos parte del camino, -dijo Cass, mientras apuntaba el lente otra vez-. Debería ser bastante fácil encontrar un rastro de arrastre en caso de que viniera de la carretera. Ve a echar un vistazo, Spencer, mientras yo termino aquí.
– ¿Quieres que comience por el camino allá arriba? -Spencer se refirió a la zona en la que el arcén era más amplio.
– Quiero que empieces desde el principio de toda esta zona. Ve y dile a Helms y a los demás que se separen y empiecen a buscar depresiones en la maleza. Recuérdales que pisen suavemente, sin embargo. No queremos perder ninguna prueba por pisar fuerte.
– Ellos deben saberlo, -dijo Spencer sobre su hombro.
– Sí, sí. Recuérdales de todos modos. Si hay algo aquí, me gustaría encontrarlo antes de que sea borrado por las huellas de alguien más o por la lluvia que están pronosticando para esta tarde.
Cass siguió fotografiando el cuerpo otros diez minutos antes de concentrar su atención en los brotes de totora a la derecha del cuerpo. Eran tan altos como tallos de maíz y tan densos como briznas de hierba. Cualquier persona viniendo por ahí habría dejado un rastro evidente. Se paró en silencio e inspeccionó el terreno. Allá arriba, frente a la carretera, había una caseta de bambú que podría haber proporcionado alguna cobertura. Comenzaría por ahí.
Había marcas de neumáticos de una docena de coches -incluso de las patrullas- en el arcén de arena suave, pero caminó con cuidado en torno a ellas de todos modos. La totora se extendía unos doce pies a lo largo de la carretera, luego terminaba en las zonas pantanosas donde sólo los juncos crecían. Tenían que alcanzar aún su altura completa, y según Cass, el lugar lógico para caminar si uno llevaba o arrastraba un cuerpo sería justo ahí en el punto en que la totora y el pantano se unían.
Como era de esperar, a unos diez pies desde la carretera en el punto en que terminaba la totora, la hierba estaba imperceptiblemente aplastada en un estrecho sendero, que continuaba durante otros veinticinco pies en el pantano y terminaba en una depresión más grande, más desordenada. Cass miró sobre su hombro, hasta el punto donde el sendero en realidad empezaba, y casi podía imaginar la escena como había ocurrido.
Él la llevó del coche por la totora, Cass pensó, luego debía haber empezado a pesarle, y la bajó, donde las malezas comenzaban a doblarse. La arrastró esa distancia, al arrastrar su cuerpo hizo el sendero, sin duda. En seguida la dejó caer ahí.
¿Por qué la había dejado allí?
Se quedó ahí un largo momento, escuchando a la brisa ligera mover los juncos. El cuerpo estaba fresco, la joven no había estado allí por mucho tiempo. Tarde la noche anterior, conjeturó Cass. Se agachó cerca de la depresión y la estudió, buscando algo que la ayudase a ver lo que había ocurrido. Le llevó casi diez minutos, pero lo encontró: dos tramos de juncos, aplastados y quebrados, espaciados casi a dos pies de distancia, a ambos lados de la parte superior de la depresión.
Cass podía ver ahora a la mujer, boca abajo en el pantano, sus brazos extendidos, las manos agarrando la única cosa que podía alcanzar…
Ella se levantó y caminó por el sendero hacia la carretera, sacando fotos a todo lo que consideró relevante, luego vio la mirada de Spencer.
– ¿Tienes algo, Burke? -Spencer llamó, y respondió gesticulando hacia donde estaba parada.
– Creo que encontré el camino que el asesino tomó hacia el pantano, -dijo a Spencer cuando se unió a ella-. Por aquí entró, y salió, sospecho, -señaló ella-. Y aquí -por favor mira por donde caminas- mira aquí…
Ella lo llevó bajando por el sendero y hacia la depresión en los juncos.
– Creo que ella puede haber estado inconsciente cuando él la sacó del coche y comenzó a bajarla hasta aquí. Luego, cuando llegó aquí, ella o bien llegó a ser demasiado pesada o se despertó y comenzó a luchar, y la lanzó al suelo allí.
– ¿Qué te hace pensar que todavía estaba viva? -Spencer preguntó, y Cass señaló los juncos amontonados y rotos.
– Creo que ella se agarró a los juncos y trató de arrastrarse para alejarse. Creo que es donde fue atacada. Creo que la mató aquí.
Cass se arrodilló para obtener unos primeros planos de los tallos rotos.
Spencer dio un paso fuera del sendero y echó una mirada alrededor.
– Él podría haberla bajado por ese camino, -apuntó hacia la izquierda-, derecho a la corriente. Podría haber caminado por el agua, al igual que lo hicimos nosotros, para evitar dejar huellas.
– Vamos a comprobarlo.
Ellos se abrieron paso a través de los pantanos hacia la orilla del arroyo. Desde allí siguieron la corriente de regreso a donde estaba el cuerpo.
– ¿Encontraron algo? -Tasha preguntó sin alzar la vista de su tarea, raspando bajo las uñas de la víctima en pequeñas bolsas plásticas, una para cada dedo.
– Hemos encontrado pruebas de que ella puede haber estado viva cuando la dejaron aquí. -Cass caminó por el agua hacia una roca cercana y describió la escena que había descubierto en el pantano.
– Estoy de acuerdo, ella murió aquí. -Tasha giró y dejó caer las bolsas en un contenedor-. Fijo la lividez aquí a la derecha a lo largo de la cadera y el muslo y la parte superior del brazo. Exactamente de la forma en la que la encontraron. Rigor establecido, tenemos moscas, pero aún no gusanos, por lo que sabemos de inmediato que estamos dentro de las doce horas. La temperatura del cuerpo ahora es de 27,5 °C, por lo tanto, ya que sabemos que el cuerpo pierde alrededor de uno y medio grados cada hora después de la muerte, eso significa…
– Lleva muerta cerca de nueve horas. -Cass miró su reloj. Eran sólo unos minutos pasados las nueve-. Lo qué nos lleva a alrededor de la medianoche de anoche.
– Esa es mi mejor estimación, aunque podría haber sido un poco menos. Estuvo frío anoche, lo que podría haber bajado la temperatura de su cuerpo un poco más rápido. -Tasha se puso de pie y e hizo señas al forense del condado-. Dra. Storm, es toda tuya.
– Gracias. -La forense, una mujer regordeta a principios de los sesenta, se acercó, su expresión era solemne.
Tasha se despojó de sus guantes y los tiró en su bolsa abierta, diciéndole a Cass:
– Debería tener algo para ti mañana. Al menos para entonces sabré si dejó ADN. Espero que hayan algunas células de piel bajo sus uñas, si nada más. Luego veremos lo que la Dra. Storm tiene para nosotros. En cualquier caso, me pondré en contacto tan pronto como sepa algo.
Cass asintió.
– Lo apreciaría.
– Por cierto, la causa de muerte parece ser la estrangulación manual, -la investigadora dijo a Cass-. Parece que fue asaltada sexualmente, pero tendremos que esperar las conclusiones del médico forense para estar seguros. Nosotros también querremos saber que vino primero, el asalto o la estrangulación.
Tasha cerró la bolsa negra en la que había metido las muestras que había reunido cuidadosamente.
– Voy directo al laboratorio ahora, y trataré de clasificar todo esto.
Sonrió a Cass, y a continuación añadió:
– Luego lo resuelves por todos los medios.
– Con un poco de suerte.
– ¿Alguien sabe quién es? -Tasha se echó la bolsa sobre su hombro.
– No, que yo sepa. Helms encontró su ropa en los pantanos, que han sido envasadas para el laboratorio. Jeans, camiseta, sujetador, bragas, una sandalia de cuero marrón, bolso de tela, -le dijo Cass.
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