Enid Blyton - Los Cinco Y El Tesoro De La Isla

Здесь есть возможность читать онлайн «Enid Blyton - Los Cinco Y El Tesoro De La Isla» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Los Cinco Y El Tesoro De La Isla: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Ana y sus hermanos Julián y Dick, van de vacaciones a casa de sus tíos Fanny y Quintín. La casa se encuentra en la hermosa bahía de Kirrin, con una isla y un viejo castillo propiedad de la familia. Allí también está su prima Jorgina, una niña de fuerte carácter a la que le gustaría ser un chico, por lo que prefiere que la llamen Jorge.
Pronto los cuatro niños se hacen muy amigos y se convierten en un grupo inseparable, acompañados siempre por el perrito de Jorge, Tim.
Un día, en un viejo navío, los chicos descubren el mapa de un tesoro escondido en la isla. Se disponen a encontrarlo, ¡pero no son los únicos que lo buscan! ¿Podrán conseguirlo antes de que sea demasiado tarde?

Los Cinco Y El Tesoro De La Isla — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Julián se agazapó tras las rocas y se puso a vigilar los movimientos de los individuos. Estaba seguro que lo primero que harían sería apartar el montón de piedras que habían puesto a la entrada de los sótanos.

¡Jorge, ven! -dijo Julián con fuerte voz-. Creo que los hombres se han metido ya en los sótanos. Pongamos otra vez las piedras donde estaban para taponar la entrada. ¡Rápido!

Jorge, Julián y Ana echaron a correr en dirección al centro del castillo, procurando hacer el menor ruido posible. Pudieron ver que las piedras que taponaban la entrada de los sótanos las habían quitado. No había ni rastro de los hombres. Estaba claro que se habían metido allá abajo.

Los tres chicos emplearon todas sus energías en arrastrar las pesadas piedras hacia el agujero. Pero no tenían tanta fuerza como aquellos hombres. Las piedras más voluminosas no las podían trasladar. Taponaron la entrada con tres piedras de tamaño más reducido, con la esperanza de que, aun cuando no impidieran en absoluto la salida de aquellos hombres, por lo menos la dificultaran.

– Con tal de que Dick haya conseguido encerrarlos en aquella cueva… -dijo Julián a los otros-. Vamos a acercarnos al pozo ahora. Dick tiene que salir por allí, porque la entrada auténtica está taponada con piedras.

Todos fueron a la boca del pozo. Dick había quitado la tapa de madera y la había dejado en el suelo. Los chicos se asomaron y miraron ansiosamente el interior. ¿Qué estaría haciendo Dick? No se oía su voz ni ningún ruido a través del pozo. Difícilmente podían saber lo que estaría ocurriendo.

¡Muchas cosas estaban sucediendo allá abajo! Los dos hombres, con otro más que había desembarcado con ellos, se habían metido en los sótanos con la seguridad de encontrar, por supuesto, a Julián, Jorge y el perro todavía encerrados en la cueva con los lingotes. Pasaron por donde estaba la parte baja del pozo sin el menor atisbo de que allí había un niño escondido, dispuesto a traspasar la abertura y meterse en las cavernas en cuanto ellos hubiesen pasado.

Dick oyó sus pasos. Se deslizó por la abertura, saliendo, por fin, del pozo y escondiéndose tras el tubo sin hacer ruido. Pudo ver el resplandor de las linternas que llevaban los hombres y, con el corazón latiéndole apresuradamente, se deslizó por los viejos, malolientes y cavernosos pasadizos mientras los tres hombres se encaminaban por el que conducía a la celda de los lingotes.

– Aquí es -oyó Dick que decía uno de ellos. El que había hablado iluminó la puerta con su linterna-. El oro está ahí dentro -añadió.

Una vez dicho esto descorrió completamente el cerrojo. Dick se alegró de haberlo echado anteriormente porque, si no lo hubiera hecho, los individuos habrían adivinado que Julián y Jorge se habían escapado y no hubieran entrado en la cueva.

El hombre se introdujo en ella después de haber abierto la puerta. El otro le siguió. Dick esperó a que el tercer hombre se introdujera también. ¡Entonces no tenía más que cerrar rápidamente la puerta y echar el cerrojo!

El primer hombre iluminó la cueva con su linterna y vociferó:

– ¡Se han escapado! ¡Qué cosa más rara!

Dos de los hombres estaban ahora en la cueva y el tercero se disponía a entrar en aquel momento. En cuanto lo hizo, Dick, con rápida carrera, llegó a la puerta y la cerró. Esto produjo un ruido que los ecos repitieron a lo largo de todas las demás cavernas y pasadizos. Luego Dick empezó a echar el cerrojo con mano temblorosa. El cerrojo estaba oxidado y difícil de manipular. No era tan fácil como parecía encerrar a aquellos individuos, los cuales, por su parte, no habían permanecido ociosos.

En cuanto oyeron cerrarse la puerta dieron media vuelta. El tercer hombre, el que acababa de llegar, le dio un puntapié. Dick no había echado todavía del todo el cerrojo. Los hombres empujaron con todas sus fuerzas y, al fin, lograron abrir la puerta.

Dick quedó petrificado de horror. ¡Habían abierto la puerta! Echó a correr por el oscuro pasadizo. Los hombres encendieron sus linternas y lo iluminaron de lleno. En cuanto lo vieron se pusieron a perseguirle. Dick seguía corriendo en dirección a la caverna por donde pasaba el pozo. Afortunadamente, la abertura de éste estaba al otro lado y no podía ser iluminada por las linternas. El chico tuvo el tiempo justo de meterse por ella, un momento antes de que llegaran los hombres.

Ninguno de ellos pudo adivinar que por el pozo se podía también salir de los sótanos. Por otra parte, ninguno sabía tampoco que aquella especie de tubo era un pozo.

Temblando de la cabeza a los pies, Dick empezó a trepar por la cuerda que había dejado atada a un travesañoo de la escalera de hierro. En cuanto alcanzó la escalerilla la desató, porque temía que los hombres pudieran descubrir por dónde se había escapado y atraparlo, cosa imposible sin la cuerda.

El chico subió rápido por la escalerilla y contrajo fuertemente todo el cuerpo cuando llegó a la gran piedra que obstruía el paso. A la boca del pozo estaban los otros esperándole ansiosamente.

Por la expresión del rostro de Dick comprendieron en seguida que había fallado en su intento de dejar encerrados a aquellos individuos.

– La cosa no ha ido bien del todo -dijo Dick, jadeando-. No pude encerrarlos. Empujaron la puerta mientras yo estaba corriendo el cerrojo y se pusieron a perseguirme. A duras penas conseguí meterme en el pozo.

– ¡Ahora seguramente estarán intentando forzar la salida! -dijo Ana de pronto-. ¿Qué hacemos? ¡Nos van a atrapar a todos!

– ¡Vamos al bote! -gritó Julián-. ¡Corramos! ¡Es nuestra última oportunidad! Esos individuos conseguirán al final apartar las piedras.

Los cuatro echaron a correr en dirección a la playa. Jorge , mientras pasaban cerca de la habitación-refugio, aprovechó para entrar en ella un momento y coger un hacha. Dick estaba perplejo: no sabía para qué necesitaba Jorge el hacha. Timoteo corría con ellos, ladrando como un loco.

Llegaron a la caleta. Allí estaba el bote, pero no los remos. También estaba allí la lancha motora. Jorge se metió en ella y lanzó un grito de alegría.

– ¡Aquí están los remos! -dijo-. Cógelos, Julián. Yo tengo un trabajo que hacer aquí ahora.

Julián y Dick cogieron los remos. Luego arrastraron el bote hasta meterlo en el agua, maravillados de lo que Jorge estaba haciendo. ¡Estaba dando de hachazos al motor de la lancha!

¡Jorge! ¡Jorge! ¡Ven acá! ¡Los individuos esos han salido ya de los sótanos! -gritó de pronto Julián. Había visto a los tres hombres que corrían en dirección a las rocas que bordeaban la caleta. Jorge, de un salto, salió de la lancha motora y fue corriendo a reunirse con los otros. Se metió en el bote, que ya estaba en el agua, empuñó los remos y empezó a alejar la embarcación de la orilla con todas sus fuerzas.

Los tres hombres corrían ahora en dirección a la lancha motora. Al llegar pudieron notar con enorme rabia que el motor estaba destrozado. ¡ Jorge se había cuidado de ello! ¡Era imposible ponerlo en marcha! Y no podían repararlo con las pocas herramientas de que disponían.

– ¡Maldita niña! -farfulló Jake, amenazando a Jorge con el puño, desde lejos-. ¡Ya verás cuando te cojamos!

– ¡Sí, ya veré! -gritó Jorge con los ojos brillantes de furia-. ¡Y ya veréis vosotros también! ¡Ahora sí que nunca podréis, comprar mi isla!

CAPÍTULO XVII. El final de la gran aventura

Los tres hombres quedaron en la orilla, observando como Jorge iba distanciando cada vez más el bote de la isla. No podían hacer nada. Su lancha motora era inservible.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla»

Обсуждение, отзывы о книге «Los Cinco Y El Tesoro De La Isla» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x