Gregg Hurwitz - Cuenta Atrás

Здесь есть возможность читать онлайн «Gregg Hurwitz - Cuenta Atrás» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Cuenta Atrás: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Cuenta Atrás»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Latinoamérica es víctima de constantes desastes ecológicos: los rayos solares que atraviesan los agujeros de la capa ozono pueden quemar la piel humana en cuestión de minutos, muentras que los terremotos y los huracanes están a la orden del día. Un grupo de investigadores es enviado a una isla de las Galápagos con el objetivo de instalar unos detectores de actividad sísmica que permitan prevenir futuros seísmos y paliar de algún modo sus devastadores efectos. Como refuerzo y protección, les acompaña un equipo de soldados de la marina estadounidense.

Cuenta Atrás — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Cuenta Atrás», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Cambió de tono rápidamente cuando se mencionó a Benneton.

La boa metió la cabeza en la entrepierna de Rex y él la apartó. Era una de las boas más grandes que había en los alrededores, mayor incluso que el Behemoth que el recepcionista del vivero de Quito tenía en el cajón del escritorio.

– «Preventivo» es una palabra poco presente en la jerga de la Armada. Los militares no prestan ninguna atención a la posibilidad de que podamos aliviar problemas políticos o sociales en potencia en la zona. Siempre corren de un lado a otro y gastan sus energías en los efectos secundarios.

A través de la ventana de la cocina de la casa de enfrente, al otro lado de la calle, una mujer de mediana edad observaba a Rex que tenía un plato en la mano, detenido a medio camino hacia el fregadero. Rex la saludó con la mano y ella se dio media vuelta, horrorizada. Al bajar la mirada, Rex se dio cuenta de que la cabeza de la boa salía por entre sus piernas, como un pene viviente. Abrió el buzón, pero lo encontró vacío. La boa le apretó los anillos alrededor de la pierna, que empezó a hormiguearle.

– ¿Cómo es posible que te gusten estos bichos mitológicos de Sangre de Dios?

Donald rió:

– Supongo que es lógico. En tiempos frenéticos, las personas tendemos a proyectar la incertidumbre que nos causa el mundo en algo tangible.

– Monstruos.

– Por supuesto. Las Galápagos es una tierra de extrañas criaturas. Eso se encuentra en el inconsciente cultural.

– El jardín de Darwin -declamó Rex con tono patético.

– Por supuesto. No subestimes el deseo que tiene mucha gente de creer que unas criaturas oscuras y temibles evolucionaron allí de forma continuada.

Rex bufó, enfadado.

– Lo que no deberíamos subestimar es la ignorancia de la gente.

Donald suspiró.

– Tú raramente lo haces -dijo.

La boa se dirigió al vientre de Rex y deslizó la cola hasta uno de sus hombros. Como una cinta negra con manchas naranjas, se contraía y se relajaba rítmicamente. Le pasó un anillo alrededor del cuello y Rex notó su firme esqueleto debajo de la piel brillante. Un monovolumen pasó por delante de la casa; por las ventanillas asomaban cinco cabezas. Se desvió hacia un lado de la calle y corrigió bruscamente la dirección para evitar un poste de teléfono. Rex no se dio cuenta.

– Estoy deseando acabar con las constantes evaluaciones comparativas y colocar las unidades de GPS en toda Sangre de Dios -dijo Rex-. Ya es hora de que obtengamos datos más exactos acerca de los niveles de deformación y reducir las conjeturas. En realidad, eso es lo que Frank debería haber estado haciendo allí: buscar localizaciones para los equipos. Apuesto cualquier cosa a que malgastó el tiempo cazando mariposas. Como cuando se pasó dos días observando a esas ranas mutantes fuera de Cuyabeno. Estaba tan distraído que tuvo dificultades para colocar las unidades de monitorización geoquímica en su sitio.

– Ecotectónicos versus tectónicos. Como la rabiosa rivalidad entre la geología y la geofísica cuando llegué. ¡Y yo que pensaba que el Nuevo Centro era demasiado reciente para encontrarse dividido en facciones!

– Ya no está dividido -contestó Rex-, ahora que Frank ha tenido el detalle de desaparecer.

Se produjo un largo silencio y Rex comprobó que la llamada no se hubiera cortado.

– Un poco de sentido del humor, Donald, no seas tan aburrido.

– Se trata de una gran pérdida -contestó Donald, ofendido-. Aparte de ti, era el especialista de campo más importante del país.

– Venga, Donald. Frank no era importante. Sólo se hacía oír y consiguió ser publicado.

Donald volvió a suspirar profundamente.

– Hay cosas…

– Y lo de hablar de sí mismo en tercera persona. Joder, era horrible. «Tratando de ser testigo de las incansables masticaciones del Rhicnogryllus lepidus, el autor se encontró en medio de un magnífico claro de selva.» -Rex gruñó-. Y su forma de hablar no llegaba al nivel de esa estúpida gorra de pescador de La isla de Gilligan que llevaba a todas partes como un yarmulke.

– Bueno -dijo Donald, con cierto resentimiento en la voz-, ahora se ha ido.

– El hecho de que esté muerto no aumenta mi aprecio profesional. Pero eso no nos lleva a ninguna parte. ¿A qué hora tenemos que encontrarnos con el soldado Joes Monday?

– A las nueve.

La boa se desprendió en parte de Rex y se estiró en el aire. Luego volvió a acercarse a Rex. Él la besó en la cabeza.

– Allí estaré.

4

Cameron miró la enorme cornucopia de mimbre, rebosante de frutas de plástico, que se encontraba encima de la mesa de vidrio, justo en medio de la sala de espera. Aquella cornucopia había permanecido allí de forma pertinaz a lo largo de sus seis años de chequeos, acumulando polvo, mientras los tonos rojos y naranja de las cáscaras cerosas perdían brillo. Cameron pensó que era una decoración muy indelicada para una consulta de ginecología y obstetricia.

A su izquierda, encima de un estante, se encontraban todas las revistas que la gente leía en las consultas médicas: Redbook, Psychology Today, Prevention. Y en el estante inferior, accesible para los bracitos más cortos, había una ordenada fila de Highlights for Children. Cómo le desagradaba aquella revista. Al igual que los lápices de colores, las tiritas con dibujitos y los monovolúmenes, Highlights for Children se encontraba fuera de su alcance; pertenecía a ese enorme y cerrado grupo de gente al cual Cameron siempre miró con algo más que curiosidad, casi rozando la irritación. Quizá también con algo de envidia.

Se oyó el sonido de unos tacones de mujer que se acercaban y Cameron esperó a ver por cuál de las puertas aparecían. Justin se inclinó hacia delante y tosió, incómodo, cuando se abrió la puerta de la derecha. Una muchacha de no más de dieciséis años apareció por ella seguida por una enfermera.

La enfermera era una mujer italiana rechoncha y de baja estatura que tenía las ojeras más oscuras que Cameron hubiera visto nunca. Siempre estaba allí, detrás de la puerta, escoltándolas hacia dentro, escoltándolas hacia fuera. Tenía la espalda encorvada por la edad, y cuando sonreía los dientes le sobresalían en todas direcciones.

Aunque Cameron nunca la había visto de cerca, estaba segura de que la mujer tenía pelos en la cara. Le recordaba a la florista de esa obra de teatro de Tennessee Williams que no paraba de murmurar «flores para los muertos». Cameron carraspeó discretamente y cambió de postura en la silla. Pronto vería a la mujer bastante de cerca.

La chica agarraba su bolso con las manos crispadas como garras, como si temiera que alguien pudiera arrebatárselo allí mismo en la sala de espera. Parecía muy agitada y tenía las mejillas encendidas, como si hubiera estado llorando unos momentos antes.

La enfermera, con una sonrisa nauseabunda, cerró la puerta detrás de la chica, la cual se quedó callada un momento delante de Justin y Cameron, incómoda, hasta que la enfermera se escabulló de la sala de espera. Cameron se dio cuenta de que tenía la espalda y la nuca agarrotadas por la tensión.

Justin la miró y sonrió. Se acercó a ella y le giró el collar de forma que el cierre quedara en la nuca. Un gesto tranquilizador. El anillo quedó oculto debajo de la camisa, y sólo se adivinaba por un pequeño bulto del tejido.

La gruesa puerta de madera de la derecha conducía a la sala de abortos. Cameron siempre había pensado que era chocante que las intervenciones diurnas de vaciado se realizaran en la misma sala en que las mujeres esperaban sus chequeos posparto. Le parecía inadecuado.

Cameron había pasado tanto tiempo en aquella sala de espera que ya adivinaba a qué puerta llamarían a las demás mujeres. Incluso las puertas eran distintas. La puerta de la sala «decente» de obstetricia y ginecología estaba pintada de un alegre amarillo y tenía una gran ventanilla impoluta que ocupaba casi toda la parte superior. La puerta que conducía a la sala de dilatación y raspado era oscura, gruesa, siniestra. Ni siquiera tenía una mirilla.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Cuenta Atrás»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Cuenta Atrás» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Gregg Hurwitz - The Survivor
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - We Know
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - The Tower
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - The Crime Writer
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - Minutes to Burn
Gregg Hurwitz
Iris Johansen - Cuenta atrás
Iris Johansen
Gregg Hurwitz - Comisión ejecutora
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - Troubleshooter
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - The Program
Gregg Hurwitz
Gregg Hurwitz - Prodigal Son
Gregg Hurwitz
Отзывы о книге «Cuenta Atrás»

Обсуждение, отзывы о книге «Cuenta Atrás» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x