John Verdon - No abras los ojos

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David Gurney se sentía casi invencible… hasta que se topó con el asesino más inteligente con el que jamás había tenido que enfrentarse.
Dave Gurney, el protagonista de la primera novela de John Verdon, Se lo que estás pensando, vuelve para afrontar el caso más difícil de su carrera, una batalla con un adversario implacable que no solo es un inteligente y frío asesino, sino que no tiene reparos en atacar directamente al punto débil de Gurney: su esposa.
Ha pasado un año desde que el exdetective de la Policía de Nueva York consiguió atrapar al asesino de los números y, aunque es su intención retirarse definitivamente junto a su esposa Madeleine, un nuevo caso se le presenta de forma imprevista. Una novia es asesinada de manera brutal durante el banquete de bodas, con cientos de invitados en el jardín, y ese es un reto al que es imposible resistirse.
Todas las pistas apuntan a un misterioso y perturbado jardinero pero nada encaja: ni el móvil, ni la situación del arma homicida y sobre todo, el cruel modus operandi. Dejando de lado lo obvio, Gurney empieza a unir los puntos que le descubrirán una compleja red de negocios siniestros y tramas ocultas.

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– ¿Sí? Señoritas… Creo que alguien tiene una pregunta ¿o un comentario?

La chica, que resultó ser la rubia de ojos almendrados a la que Hardwick acababa de referirse, hizo su pregunta.

– He oído un rumor de que hoy han visto a Héctor Flores aquí, en la capilla. ¿Es verdad?

Ashton parecía extrañamente aturdido.

– ¿Qué…? ¿Quién te ha dicho eso?

– No lo sé. Las chicas hablaban en el hueco de la escalera en la casa principal. No estoy seguro de quién lo dijo. Yo no podía verlas desde donde estaba. Pero una dijo que lo había visto, que había visto a Héctor. Si es verdad, da mucho miedo.

– Si fuera cierto, daría miedo-dijo Ashton-. Tal vez la persona que dijo que lo vio nos podrá dar más detalles. Estamos todos aquí. Quien lo dijo también ha de estar aquí. -Miró a las reunidas en un silencio expectante, dejando que pasaran cinco largos segundos antes de añadir con una tolerancia paternal-: Tal vez a algunas personas les gusta difundir rumores espeluznantes. -Pero no sonaba del todo tranquilo-. ¿Hay alguna pregunta más?

Una de las chicas de aspecto más joven levantó la mano y preguntó:

– ¿Cuánto tiempo más hemos de quedarnos aquí?

Ashton sonrió como un padre afectuoso.

– Hasta que el proceso sea útil; ni un minuto más. Espero que en los grupos estéis compartiendo vuestros pensamientos, preocupaciones, sentimientos y, sobre todo, los temores que, como es natural, ha suscitado la muerte de Savannah. Quiero que expreséis todo lo que se os ocurra, que aprovechéis la ayuda que los facilitadores del grupo pueden ofrecer, la ayuda que os podéis prestar unas a otras. El proceso funciona. Sabemos que funciona. Confiad en él.

Ashton bajó del estrado y comenzó a andar por la estancia, al parecer ofreciendo una palabra de aliento aquí y allá, pero sobre todo observando los grupos de discusión alrededor de los bancos. A veces daba la impresión de que escuchaba con atención; otras parecía encerrarse en sus propios pensamientos.

Mientras Gurney observaba, le llamó la atención de nuevo lo raro que era todo aquello. Pese a que estuviera desacralizado, el edificio todavía tenía el aspecto, el olor y daba la impresión de una iglesia. Combinar eso con las energías salvajes y retorcidas de las residentes de Mapleshade ante el despliegue de posibilidades de un caso de asesinato complejo era desconcertante.

En la escena de la capilla, en la pantalla, Ashton continuaba su paseo entre las estudiantes y sus «facilitadores», pero Gurney había dejado de prestar atención.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el cojín de terciopelo de la silla. Se concentró lo mejor que pudo en su simple respiración, en el aire que entraba y salía por su nariz. Estaba tratando de vaciar su mente de lo que parecía una maraña incoherente de escombros. Casi lo logró, pero un pequeño detalle se negaba a ser barrido.

Un pequeño detalle.

Era un comentario de Hardwick que había estado mordisqueando el borde de su conciencia, el que había hecho cuando le había preguntado si había entendido lo que Ashton le había dicho a la chica que se le había acercado cuando este había entrado en la capilla.

Hardwick había respondido que la voz de Ashton se mezclaba con todas las demás voces de la capilla. Era indistinguible y las palabras se volvían indescifrables.

Podría haberle dicho cualquier cosa.

Esa idea había estado molestando a Gurney.

Y en ese momento supo por qué.

Había desencadenado un recuerdo, primero de un modo inconsciente.

Pero ahora lo percibió con claridad.

Otro momento. Otro lugar. Scott Ashton en una conversación seria con una joven rubia en el amplio espacio de un césped bien cuidado. Una conversación que no podía escucharse. Una conversación cuyas palabras se perdieron en el trasfondo de un centenar de otras voces. Una conversación en la que Scott Ashton podría haber dicho cualquier cosa a Jillian Perry.

Podría haberle dicho cualquier cosa. Y ese simple hecho podía cambiarlo todo.

Hardwick lo estaba observando.

– ¿Estás bien?

Gurney asintió con la cabeza ligeramente, como si cualquier movimiento mayor pudiera interrumpir el hilo de sus pensamientos.

«Podría haber dicho cualquier cosa. En realidad no había manera de saber lo que dijo, porque las voces reales no podían escucharse. Entonces, ¿qué podría haber dicho? Supongamos que lo que dijo fue: “No importa lo que pase, no digas ni una palabra”. Supongamos que lo que dijo fue: “No importa lo que pase, no abras la puerta”. Supongamos que lo que dijo fue: “Tengo una sorpresa para ti. Cierra bien los ojos”. ¡Dios mío!, supongamos que eso fue exactamente lo que dijo: “Será la mayor sorpresa de tu vida, no abras los ojos”.»

76

Otra capa

– ¿ Q ué demonios está pasando?-preguntó

Hardwick. Gurney negó con la cabeza, pues todavía no estaba listo para responder. Su mente le daba vueltas a todo aquello casi con una excitación animal que lo hizo levantarse. Empezó a pasear, primero despacio, por la alfombra antigua, delante del escritorio de Ashton. La gran lámpara de porcelana de la esquina arrojaba un círculo suave de luz cálida, iluminando el intrincado patrón en el fino tejido de la alfombra.

Si su teoría era cierta, cosa que era posible, ¿qué consecuencias tendría?

En la pantalla, se veía a Ashton de pie junto a una de las cortinas de color granate que cubrían porciones de las paredes de la capilla, paseando con aire benevolente su mirada entre las chicas.

– ¿Qué pasa?-preguntó Hardwick-. ¿En qué demonios estás pensando?

Gurney dejó de pasear un momento para bajar ligeramente el sonido del monitor y concentrarse mejor en su propia línea de pensamiento.

– ¿Ese comentario que has hecho hace un momento? ¿Que Ashton podría haber dicho cualquier cosa?

– Sí, ¿qué pasa?

– Podrías haber derrumbado una de las suposiciones clave que hemos estado haciendo sobre el asesinato de Jillian.

– ¿Qué suposición?

– La mayor de todas. La suposición de que sabíamos por qué fue a la cabaña.

– Bueno, sabemos por qué dijo que entró. En el vídeo le estaba diciendo a Ashton que quería convencer a Flores para que saliera a participar en el brindis de la boda. Y Ashton discutió con ella. Le dijo que no se preocupara por Flores. Pero ella entró en la cabaña de todos modos.

Los ojos de Gurney brillaron.

– Supongamos que esa conversación nunca se dio.

– Estaba en el vídeo. -Hardwick parecía tan molesto con la excitación de su amigo como confundido por lo que este estaba diciendo.

Gurney habló muy despacio, como si cada palabra fuera preciosa.

– Esa conversación no está, en realidad, en el vídeo de la recepción.

– Claro que sí.

– No. Lo que está grabado en el vídeo es una charla entre Scott Ashton y Jillian Perry en el césped, en la recepción, en el fondo de la escena, demasiado en el fondo para que la cámara grabara sus voces. La «conversación» que estás recordando (y que todos los que han visto el vídeo han estado recordando) es la descripción de la conversación que Scott Ashton les hizo a Burt Luntz y a su mujer después de que ocurriera. El hecho es que no tenemos forma de saber qué le dijo Jillian a él ni qué le contó él a Jillian. Y hasta ahora no hemos tenido ninguna razón para cuestionarlo. En realidad, lo único que tenemos es lo que Ashton afirma que se dijo. Y como has comentado hace un momento sobre su conversación inaudible con esa rubia en la capilla, podría haberle dicho cualquier cosa.

– Vale-dijo Hardwick, con incertidumbre-. Ashton podría haberle dicho cualquier cosa. Eso lo entiendo. Pero ¿qué crees que le dijo de verdad? ¿Cuál es el sentido de esto? ¿Por qué iba a mentir sobre la razón de Jillian para ir a la cabaña?

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