Miré hacia la pequeña multitud reunida en torno a la tumba abierta de Dana. Su madre no estaba allí. Todavía me preguntaba qué habría sido lo que se había dislocado en la vida de esa mujer para que abandonara a su hija, y no pude evitar preguntarme si tener un aquelarre habría ayudado. Estoy segura de que lo habría hecho, por lo menos para Dana. Si ella hubiese tenido otras brujas a quienes acudir, nunca habría terminado en las calles de Atlanta, y ahora aquí.
Sin embargo, por más que me sintiera tan mal respecto de Dana, tenía que aceptar que la responsabilidad de dar comienzo a un segundo aquelarre no descansaba solamente en mis hombros. Yo estaba dispuesta a iniciar uno. Siempre estaría dispuesta a hacerlo, y había hecho conocer esa disposición, pero ya no trataría de convencer activamente a las brujas de que necesitaban un aquelarre. Tendrían que llegar a verlo por sí mismas. Mientras tanto, no me faltaba trabajo, por cierto. Tenía que reformar un Consejo Interracial y tenía que emprender una nueva sociedad con Lucas. Sí, habría sido más cómodo volcar mi energía en un sueño que comenzaba conmigo, pero creo que una parte de hacerse mayor consiste en darse cuenta de que no todo necesita ser mío. Puede ser nuestro, y eso no era una muestra de debilidad ni de dependencia. Me gustaba lo que hacía Lucas. Creía en ello. Quería compartirlo. Y si también él deseaba compartirlo, bueno, eso era casi perfecto.
Cuando terminó la ceremonia, Benicio se inclinó sobre mí y me susurró una invitación para almorzar antes de que nos marcháramos para Portland. Aceptamos, y se alejó para ofrecer sus condolencias finales a Randy MacArthur.
Todos los demás se habían ido, cada uno por su lado. Los lobos habían abandonado Miami la mañana después del enfrentamiento con Edward. Cassandra y Aaron los habían seguido, más tarde ese mismo día, después de haberse reunido con Benicio y los otros CEOs para considerar con ellos las querellas que pudieran existir entre las camarillas y la comunidad de los vampiros. Jaime había hecho su función de Halloween en Memphis la noche antes, y regresado para asistir por la mañana al servicio religioso en memoria de Dana antes de volver a Tennessee para su próxima función.
Mientras los concurrentes se alejaban de la tumba, la contemplé por última vez. Lucas me tomó la mano y la apretó.
– Estará bien -dijo.
Logré esbozar una sonrisa.
– Sé que estará bien.
– ¿Señor Cortez? ¿Señorita Winterbourne? -Nos dimos la vuelta para ver que detrás de nosotros estaba Randy MacArthur, con apariencia de sentirse incómodo, vestido con un traje negro demasiado ajustado. Sus manos se apoyaban en los hombros de una niña que aparentaba sentirse igualmente incómoda y que lucía el mismo cabello rubio largo que había tenido Dana.
– Yo…, nosotros queríamos darles las gracias -dijo-. Por haber impedido que siguiera matando. Esto… nunca tendría que…, no sé cómo pudo ocurrir. Ignoraba que las cosas estuvieran tan mal…
– Está bien, papá -murmuró la niña con sus ojos enrojecidos fijos en el suelo-. Ha sido culpa de mamá. De ella y de ese tipo. Él no quería niños y ella le permitió que ahuyentara a Dana.
– Ésta es Gillian -dijo Randy-. La hermana de Dana. De ahora en adelante la cuidaré yo. El señor Cortez va a darme un trabajo aquí, en la ciudad, para que pueda estar con ella.
– Excelente -dije. Traté de captar la mirada de Gillian y sonreí-. Tú debes de tener, veamos, ¿trece años? ¿Catorce? Debes de estar comenzando tus hechizos de segundo nivel, supongo.
Gillian me miró por un momento, revelando incomprensión con su mirada, y luego se dio cuenta de lo que yo quería decirle.
– No hacemos hechizos. Mi madre, quiero decir. Ella nunca…, bueno, no mucho.
– Ésa era… la razón por la cual quería hablar con ustedes antes de que se fueran -dijo Randy-. Sé que la señorita Nast aquí presente tiene aproximadamente la edad de Gillian…
Hubo de pasar un momento antes de que me diese cuenta de que se refería a Savannah.
Randy continuó.
– Sé que usted le está enseñando, y que supo estar con el Aquelarre y que allí usted enseñaba, de modo que pensé que tal vez podría ayudar a Gillian. A distancia, por supuesto, por teléfono, o por email o como sea, tal vez pueda ella visitarla cuando usted se encuentre en la ciudad, o tal vez podríamos nosotros visitarlos allá. Yo le pagaría, por supuesto. Lamento resultar impertinente, pero no conozco a ninguna otra bruja. Mi ex esposa no mantenía relación con su hermana, y ni siquiera sabría yo dónde encontrarla, pero realmente quiero que Gillian sepa más, que pueda lanzar hechizos, para poder protegerse… -una rápida mirada a la tumba de su hija- contra cualquier cosa.
– Así debería ser -dije-. Me encantaría ayudarla, de todas las maneras como me sea posible.
– ¿Está segura? -preguntó Randy.
Gillian y yo cruzamos la mirada y respondí con una amplia sonrisa.
– Lo digo muy en serio.
GRACIAS:
A mi agente, Helen Heller, por mantenerme siempre en la brecha.
A Anne Groell, de Bantam US, por ayudarme a darle forma a este trabajo.
A Antonia Hodgson, de Time Warner UK, por sugerirme el «golpe» perfecto para un final que hacía agua.
A Anne Collins, de Random House Canadá, por su constante apoyo.
A la gerente de marketing Constance MacKenzie, de Random House Canada, y a mi publicista, Adrienne Phillips, por sus continuados esfuerzos para hacer que esta serie llegue a cuantas manos sea posible.
A Tyler Matthews, mi enlace en Florida, por haber leído las escenas de Miami y los Everglades y haberme proporcionado valiosos consejos.
Y finalmente, mi agradecimiento especial a Ary, que creó el maravilloso RPG, basado en la serie Otherworld (www.kaotherworld. com). Y gracias a Jen, Matt y Raina, que ayudan a mantener esta página web y ¡hacen un trabajo asombroso!
Ha publicado siete libros y una novela en una antología, todas basadas en las mujeres de la serie de Otros mundos. Armstrong ha confirmado contratos con sus editores estadounidenses y británicos y canadienses para siete novelas de diez.
También ha escrito algunas novelas y cuentos que están disponibles en su sitio web.
Kelly Armstrong está casada y es madre de tres niños; la familia vive en las afueras de Ontario. Nació en 1968 y es la mayor de 4 otros hermanos. Kelley ha estado escribiendo desde siempre. Proviene de una "Típica familia de clase media", escribir siempre fue su pasatiempo favorito, luego se convirtió en su profesión. Sin embargo cuando se graduó con un título en psicología, se dio cuenta de que no tendría suficiente tiempo para su amor verdadero, escribir. Así que Kelley se dispuso a estudiar Analista programador en Fanshawe, con el propósito de tener suficiente tiempo disponible para escribir. Kelley se casó y tuvo a su primer hijo mientras cumplía un horario de 9 a 5 en un trabajo normal. Sin embargo nunca dejó de escribir y vendió su primera novela Bitten en 1999, la cual fue publicada en 2001. Luego de su primer éxito ha escrito un total de 6 libros, varias novelas, y ahora recientemente ha publicado su primera novela criminal. Kelley es ahora una escritora de tiempo completo con dos hijos más que cuando escribió su primer libro, es una mujer verdaderamente exitosa y es motivación para escritores aún sin publicar.
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