Por el lado menos fáctico, el Legado contenía incontables historias de licántropos a lo largo de los siglos. La mayoría eran historias del tipo “mi madre me contó eso de niño", muchas originada santes de que se escribiera la Primera edición del Legado. Había historias de licántropos que vivieron sus vidas en reversa, manteniéndose como lobos la mayor parte del tiempo y cambiando a humanos sólo cuando se lo imponía la necesidad física. Había historias de caballeros y soldados y bandidos y asaltantes que supuestamente fueron licántropos. La mayoría de estos nombres desaparecidos de la historia, pero uno era conocido aún, incluso por quienes nunca hubiesen abierto un libro de historia. La historia humana cuenta la leyenda de que el árbol genealógico de Gengis Khan comenzaba con un lobo y una cierva. Según el Legado, había en eso más de verdad que de alegoría: el lobo era un licántropo y la cierva una analogía de una madre humana. Según esa línea de razonamiento, Gengis Khan mismo habría sido un licántropo, lo que explicaba su sed de sangre y su destreza casi sobrenatural en la guerra. Probablemente ésa no fuese más cierta que las innumerables genealogías humanas que incluyen a Napoleón y a Cleopatra en el árbol genealógico. Pero la historia era entretenida.
Otra historia buena se encuentra también en la mitología humana sobre los licántropos. Cualquier aficionado a los cuentos de licántropos conoce la historia del noble recién casado cuya aldea sufría los ataques de un licántropo. Una noche cuando rastreaba a la bestia, el noble escuchó un ruido en la espesura y entonces ve a un lobo monstruoso. Salta de la montura y lo persigue por el bosque a pie. La bestia escapa. En un punto se acerca lo suficiente como para cortarle al lobo una de las zarpas delanteras. La criatura escapa, pero cuando el noble va a buscar la zarpa, se ha convertido en una mano de mujer. Exhausto, vuelve a casa y va a contar a su esposa lo sucedido. Encuentra a su esposa oculta en los cuartos traseros, vendando el muñón ensangrentado de su brazo sin mano. Al comprender lo que sucede, la mata. La versión humana de la historia culmina allí, pero el Legado va más allá, dándole al final un giro en favor de los licántropos. En la historia del Legado, el noble mata a su esposa abriéndole el estómago. Al hacerlo, salen varios cachorros de lobo, sus propios hijos. A la vista de eso el noble se vuelve loco y se mata con su propia espada. Como soy una mujer loba, no me gusta demasiado la idea de tener la panza llena de cachorros. Prefiero interpretar a los cachorros como un símbolo alegórico de la culpa del noble. Cuando advierte que ha matado a su esposa sin darle oportunidad de dar explicaciones, se vuelve loco y se mata. Un final mucho más digno.
Además de escribir estas historias y divagaciones, cada Alfa tenía que hacer la crónica de la genealogía de la Jauría durante su reinado. Eso incluía no sólo el árbol genealógico, sino también breves descripciones de la historia de cada de persona y de sus vidas. La mayoría de los árboles genealógicos eran largos y complicados. Pero en la actual Jauría había tres excepciones, nombres sin antecesores. Clay y yo éramos dos de ellos. Logan era el tercero. A diferencia de Clay y de mí, Logan era un licántropo por herencia. Nadie sabía quién era el padre de Logan. Lo habían dejado en adopción de bebé. Cuando lo adoptaron de niño, con él vino un sobre que debía ser abierto en su decimosexto cumpleaños. En el interior del sobre había un pedazo de papel con dos apellidos y dos direcciones: los Danvers en Stonehaven y los Sorrentino en su mansión en las afueras de Nueva York. Era improbable que el padre de Logan fuese de la Jauría, ya que ningún miembro de la Jauría daría a su hijo en adopción. Pero su padre sabía que la Jauría no echaría a un licántropo de dieciséis años, al margen de quiénes fueran sus padres, por lo que dirigió a su hijo a ellos, asegurándose de que Logan descubriera lo que era, antes de su primer Cambio y, al hacerlo, tuviera la oportunidad de iniciar su nueva vida con la necesaria educación y protección. Quizá la historia de Logan fuese una prueba de que no todos los callejeros son malos padres o quizá que las anomalías son posibles en cualquier forma de vida.
La mayoría de los demás árboles genealógicos de la familia tenían muchas ramas. Al igual que los Danvers, la familia Sorrentino tenía sus orígenes en el comienzo mismo del Legado. El padre de Antonio, Dominic, fue Alfa hasta su muerte. Tuvo tres hijos, Gregory, que había muerto, Benedict, que dejó la Jauría antes de que yo llegara, y Antonio, el menor. El único hijo de Antonio era Nick. En el Legado, junto a las iniciales de Nick aparecía anotado LKB entre paréntesis. Nick no sabía lo que significaba. Hasta donde yo sabía, nunca preguntó. Si es que llegó a leer el Legado, lo que dudo, habrá llegado a la conclusión de que si nadie le había explicado su significado no debía tener importancia. Así era Nick, aceptaba todo. Las letras eran importantes, pero no tenía sentido decirle a Nick su significado, provocando interrogantes sin respuesta y emociones que no encontrarían satisfacción. LKD eran las iniciales de la madre de Nick. Era el único lugar del Legado en el que figuraba una madre. Jeremy fue quien las puso allí. Ni Jeremy ni Antonio me lo explicaron. Fue Peter quien me contó la historia hace años.
Cuando Antonio tenía dieciséis años y era alumno de una escuela privada muy cara en las afueras de la ciudad de Nueva York, se enamoró de una chica del lugar. Sabía que no tenía que contárselo a sus padres, pero sí se lo contó a su mejor amigo, Jeremy, que por entonces tenía catorce años. Y los dos ocultaron la relación a la Jauría. La cosa funcionó durante un año. Entonces la niña quedó embarazada. Por consejo de Jeremy, Antonio se lo contó a su padre. Aparentemente Jeremy creyó que Dominic entendería que su hijo estaba enamorado y le permitiría quebrar la ley de la Jauría. Supongo que todos fuimos jóvenes alguna vez. Jóvenes, románticos y muy ingenuos. Incluso Jeremy. Las cosas no funcionaron como esperaba Jeremy. Gran sorpresa. Dominic sacó a Antonio de la escuela y lo confinó en la casa mientras la Jauría aguardaba el nacimiento del bebé.
Antonio escapó con ayuda de Jeremy, volvió con la chica y se declaró independiente de la Jauría. A partir de allí la cosa se puso realmente fea. Peter no entró en detalles. Tan sólo narró que Antonio y su chica se ocultaron mientras Jeremy hacía de intermediario entre el padre y su hijo, desesperado por reconciliarse. En medio de todo eso nació Nick.
Tres meses más tarde Antonio tuvo su primer Cambio. En los seis meses siguientes comprendió que su padre tenía razón. Por más que amara a la madre de Nick, la cosa no iba a funcionar. No sólo le arruinaría la vida a ella, sino que arruinaría la de su hijo, condenándolo a vivir como callejero. Una noche tomó a Nick, dejó un sobre con dinero en la mesa y se fue. Le entregó a Nick a Jeremy y le dijo que Ilevara el bebé con Dominic. Entonces desapareció. Antonio estuvo ausente tres meses y ni Jeremy sabía a dónde se había ido. Reapareció abruptamente. Se hizo cargo de la crianza de Nick y nunca volvió a mencionar a la niña. Todos creyeron que ahí terminaba la historia. Pero años más tarde Peter vino a visitar a Antonio y lo siguió hasta un suburbio, donde lo encontró en su auto frente a una plaza, observando a una joven mujer que jugaba con un niño pequeño. Me pregunté cuántas veces habría hecho eso, me pregunté si seguía haciéndolo, eso de ver cómo andaba la madre de Nick, quizá viéndola jugar con sus nietos. Al ver a Antonio -ruidoso, seguro de sí mismo- no puedo imaginarlo manteniendo encendido el fuego de un amor perdido, pero desde que lo conozco nunca lo oí mencionar a ninguna mujer. Hay mujeres en su vida, pero nunca duran lo suficiente como para que haya motivo para hablar de ellas.
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